Embajador de Canadá apuesta por mejorar el diálogo con México

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Ciudad de México. Para el embajador de Canadá en México, Graeme C. Clark, dos palabras definen el estado actual de los inversionistas de su país en los sectores energético y de minería mexicanos: preocupación y dificultades.

Y del mismo modo, con una sola frase ubica las posibilidades de solución: diálogo con el gobierno.

“No es un diálogo suspendido, pero no hay muchas oportunidades para seguir adelante con el mismo, y parte de mi trabajo como embajador es decir al gobierno y a las empresas: aquí hay un espacio, para solucionar los problemas que podríamos tener”.

Señala asimismo que no se han retirado inversiones en esos sectores, “pero se ve complicado. En el tema de la minería, no es una opinión sino una constatación: ya no hay nuevas concesiones; entonces, es asunto de manejar las inversiones que tenemos ahí”.

Convencido de que la relación diplomática entre los dos países a lo largo de 75 años ha logrado la complementariedad a partir de sus respectivas fortalezas, rompe lanzas por las empresas canadienses con capital invertido en México, y en entrevista con La Jornada sobre una amplia gama de temas, habla también de la condición de los trabajadores agrícolas mexicanos en los campos de Canadá.

“En el tema de los energéticos renovables se sabe de la decisión (del gobierno) y del contexto complicado no solamente para los inversionistas canadienses sino de varios países, y queremos tratar de aclarar esta situación” a través del diálogo.

Además, sobre la frecuentemente cuestionada actuación de las compañías mineras canadienses asentadas en territorio nacional, Graeme C. Clarke asume una enfática defensa:

“Entiendo la preocupación. La minería canadiense opera en zonas aisladas, vulnerables, de México y de muchos otros países. Dan empleo en comunidades donde no lo hay y programas sociales también. Dialogan con la población, pagan sus impuestos...”

Y suma argumentos: “La minería es un tema complicado, incluso en Canadá, en ciertas comunidades, seamos francos. No son bien vistos, pero creo que hay maneras de conciliar, de equilibrar por una parte las preocupaciones de comunidades afectadas y por otra tener compañías mineras socialmente responsables que es el caso de la minería canadiense que, puedo asegurar, obedecen la ley, el marco jurídico que tienen aquí en México”.

Sin embargo, el diplomático señala a la seguridad como una de las preocupaciones principales para las empresas mineras de su país, aunque también pondera la existencia de una buena colaboración con el gobierno en ese sentido. “Hemos conversado con gente de muy alto nivel que nos ha ayudado en ciertas situaciones”, puntualiza.

Esta semana tendrá lugar la edición 2020 de la Alianza México-Canadá, espacio por excelencia para el diálogo bilateral.

El diplomático dice tener la confirmada la participación de la secretaría de Energía, Rocío Nahle, “y para mí es una excelente noticia dado que tenemos ciertas preocupaciones, dificultades en este momento con las inversiones en ese campo”.

En la sede de la representación de su país, Clarke no rehuye tema alguno de una relación que define como de verdadera reciprocidad, si bien no perfecta.

Entra ahí entonces a evaluar hechos recientes -junio de este año- ante la muerte de tres mexicanos adscritos al Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT) a causa de COVID-19 y ante lo cual el gobierno mexicano suspendió el envío de jornaleros a Canadá.

“El programa de jornaleros tiene 45 años. En general ha sido exitoso y una forma transparente, ordenada y disciplinada de tener un flujo migratorio para atender nuestras necesidades en Canadá y también dar empleo a mexicanos”.

Frente a ese “cuadro general”, el diplomático expresa un mea culpa: “la pandemia es un terrible espejo en el cual se pueden ver todas las debilidades de nuestras sociedades. Y así, hemos visto el trato a los pueblos indígenas en mi país, a los ancianos, los problemas de violencia doméstica... no estoy escondiendo el hecho de que esta crisis sanitaria nos ha golpeado de manera muy dura en Canadá”.

Y dentro de esas afectaciones, Graeme C. Clarke ubica la situación de los trabajadores temporales porque hubo “ciertos” agricultores que “abusaron o no organizaron adecuadamente el lugar donde viven los jornaleros para mantener la sana distancia”.

Apunta sin embargo el “bonito” ejemplo de colaboración de los gobiernos de los dos países y donde el de su país, asegura, ha puesto recursos en la mesa para corregir, garantizar ciertos beneficios médicos y sociales para esos trabajadores, pero también para hacer las inspecciones correspondientes y cerrar aquellos donde no se respeta la ley.

Existe -asegura enseguida- una gran voluntad del gobierno de su país por corregir esta situación, pues “francamente, nosotros necesitamos la presencia de esos trabajadores tan disciplinados, laboriosos como son los mexicanos”.

Cierra entonces el tema con la expresión de gratitud profunda para quienes anualmente viajan a su país “porque realmente permiten vivir a la agricultura canadiense, especialmente en el momento que vivimos”, pero al mismo tiempo se confiesa triste por el fallecimiento de esos jornaleros. “No puedo imaginar lo que fue para ellos morir lejos de su familia, de su comunidad, de su esposa...”

Graeme C. Clarke lleva poco más de un año en México. Había estado antes aquí como turista y conocía mucho del país desde su labor en lo que denominó Expedienté México hace 15 años.

Considera así “un lujo increíble, un privilegio” ser embajador aquí. Refiere que cuando llegó el problema de la solicitud de visas a mexicanos por parte de Canadá se había ya resuelto, aunque precisa: “los temas de visas siempre son complicadísimos. Creo que en este momento la situación es manejable y seguiremos trabajando con las autoridades mexicanas para ver en qué medida podemos manejar el flujo migratorio de manera legal, transparente y no de manera irregular o informal”.

Se refiere entonces a las visiones parciales y hasta desinformadas de los ciudadanos sobre ambas naciones.

“Es verdad que los mexicanos tienen una idea sobre las Cataratas del Niágara, el otoño canadiense, y a su vez, mis paisanos no saben mucho de México más que la playa o el tequila, por poner sólo algunos ejemplos. Sí hay mucho qué hacer en ese sentido y la respuesta en parte creo que está en la educación, el intercambio de estudiantes”.

Habla con inocultable orgullo sobre la vocación de su país en materia educativa y de cómo los mexicanos buscan las oportunidades que se ofrecen tanto para el aprendizaje de lenguas como de cursos de posgrado e insiste en radicar en esa, una de las mejores vías para el conocimiento mutuo y trascender estereotipos de uno y otro lado.

“La educación es una vocación canadiense. Es una de las cosas que hacemos muy bien. La post secundaria. Somos acogedores, tenemos una sensibilidad internacional. La diversidad para nosotros no es sólo una etiqueta, es algo que vivimos en nuestras ciudades, empresas, gobiernos; y esto se traduce en un ambiente acogedor” para el mexicano que busca estudiar allá.

Para Clark, el T-Mec representa también un buen instrumento para dar condiciones de intercambio y garantías de inversión. “Siempre será mejor tener un instrumento de ese tipo”, plantea con optimismo.

“Prefiero una América del Norte con T-Mec que sin él. Por lo menos tenemos reglas, un cuadro institucional, ciertas garantías, una manera de resolver diferencias, y esto es positivo para ustedes y nosotros. Estamos en una relación a tres, que a veces es complicada, asimétrica y prefiero vivir como país relativamente pequeño (somos el menor el términos de peso demográfico) y prefiero una situación donde hay reglas del juego”.

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