Innovación científica ayuda a crear método de inmunización

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Martes 10 de noviembre de 2020. Washington. Entre las cuatro categorías principales de vacunas desarrolladas contra el Covid-19, la fabricada por la farmacéutica estadunidense Pfizer, que anunció ayer que su vacuna tenía una efectividad de 90 por ciento, aún no ha sido probada.

Sin embargo, se basa en una tecnología inédita hasta hoy.

Todas las vacunas tienen el mismo objetivo: entrenar el sistema inmunológico para que reconozca el nuevo coronavirus y así elevar sus defensas de forma preventiva, con el fin de neutralizar el virus real en caso de producirse el contagio.

Las vacunas convencionales se pueden elaborar a partir de virus inactivos (como polio o la gripe), atenuados (sarampión o fiebre amarilla) o simplemente proteínas llamadas antígenos (hepatitis B).

La de Pfizer, elaborada en conjunto con la alemana BioNTech –o la de la estadunidense Moderna, que utiliza la misma técnica pero aún no ha anunciado ningún resultado–, se basa en una nueva tecnología llamada ARN mensajero.

Por medio de esta técnica se inyectan en el cuerpo hebras de instrucciones genéticas bautizadas ARN mensajero, es decir, la molécula que dice a nuestras células lo que deben hacer. Cada célula es una minifábrica de proteínas, según las instrucciones genéticas contenidas en su núcleo.

Así, el ARN mensajero de la vacuna se inserta en el cuerpo y toma el control de esta maquinaria para fabricar un antígeno específico del coronavirus: la espícula de éste, su punta tan reconocible que está en su superficie y le permite adherirse a células humanas para penetrarlas.

Este pico, inofensivo en sí mismo, será detectado por el sistema inmunológico que producirá anticuerpos, y estos anticuerpos permanecerán en guardia durante, con suerte, mucho tiempo, según se indicó.

Una vez inyectado el material genético, las células que se encuentran en el lugar de la inyección empezarán a producir, de forma transitoria, una de las proteínas del virus, explicó a la Afp Christophe D’Enfert, director científico del Instituto Pasteur.

La ventaja es que, al utilizar este método, no hay necesidad de cultivar un patógeno en el laboratorio porque es el organismo el que hace la tarea. Es por esta razón que estas vacunas se desarrollan más rápidamente. No se necesitan células ni huevos de gallina (como con las vacunas contra la gripe) para fabricar este biológico.

Las vacunas de ARN tienen la interesante característica de poder producirse con mucha facilidad en cantidades muy grandes, resume Daniel Floret, vicepresidente del Comité Técnico de Vacunas de la Alta Autoridad Sanitaria.

Debe considerarse que no es posible que el ARN se integre en un genoma humano, formado por ADN. “El ARN, para poder integrarse en el genoma, tiene que ser lo que se llama transcrito inverso (en el ADN) –se dice retrotranscrito– y eso no ocurre espontáneamente en las células”, precisó Christophe D’Enfert.

En cuanto a la proteína del coronavirus, no se va a producir todo el tiempo, se detendrá porque, como con cualquier vacuna, el sistema inmunológico destruirá las células que producen la proteína viral. El proceso, por tanto, terminará por sí solo, explicó Bruno Pitard (Inserm/Universidad de Nantes), que dirige una empresa emergente que trabaja en este tipo de vacuna.

La desventaja de estas últimas es que deben almacenarse a muy baja temperatura. Ante esto, el gobierno de Estados Unidos ha estado desarrollando la logística necesaria durante varios meses.

VIDEO: Asegura Pfizer que su vacuna contra Covid-19 es eficaz “en más del 90%”

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