Ojarasca / La revolución de las mujeres

Viene de lejos. Antes y después de la llegada española podían ser esclavas o botín de guerra, diosas o demonias, pero también fueron base milenaria de pueblos y civilizaciones. Más allá de lo meramente biológico, eran clave para la duración de culturas y agriculturas en toda Mesoamérica, y al norte de los bosques, en el desierto. Malintzin, mujer ilustrada nahua-popoluca, sería la primera bisagra entre dos civilizaciones ajenas. Un papel grande que cumplió con talento y el realismo práctico del sobreviviente.

Cuando, cinco siglos después, los mayas zapatistas de Chiapas se levantaron en armas contra el mal gobierno, aportaron varias novedades revolucionarias. Sin duda una de las más pioneras y originales fue su Ley Revolucionaria de Mujeres, que en 1994 resultaba ante todo un proyecto de futuro, un programa político en evolución, que en 2020 continúa. Ahora que las mujeres de América Latina ocupan las calles que les pertenecen, las luchadoras sociales de los pueblos resaltan como precursoras-madres, encarnadas en la comandanta Ramona, Berta Cáceres, Patricia Gualinga, Moira Millán, Miriam Miranda y tantas más.

Encendieron y mantienen vivas las luces de la resistencia con demandas y sabiduría propias: escritoras, académicas, maestras, insurgentes, policías comunitarias, sanadoras, delegadas de sus pueblos, defensoras de la tierra, el agua y el aire. Su huella en México resplandece en Cherán, el Istmo oaxaqueño, Chiapas, Morelos. No es casual que las personalidades indígenas más relevantes del siglo XX sean María Sabina y la comandanta Ramona. Como en el siglo XV lo fue Malintzin.

Falta mucho, incluso a nivel comunitario. Apenas conquistan plenos derechos ejidales, políticos, legales y educativos. Su revolución es mucho más que una mera “transformación” autoritaria y cosmética. Ocurre en nuestras tierras a cargo de campesinas, bordadoras, poetas, cineastas, concejalas, comandantas, trabajadoras en ciudades que las desprecian.

Ya no sólo bisagra de un futuro inefable, ellas son la puerta inmensa que se abre exigiendo un hasta aquí a los abusos, la discriminación y la violencia. Falta que el gobierno, la sociedad mayoritaria y las comunidades mismas den el paso en la dirección que ellas demandan. Ese futuro nadie lo detiene. Ya comenzó.

Viene de lejos. Antes y después de la llegada española podían ser esclavas o botín de guerra, diosas o demonias, pero también fueron base milenaria de pueblos y civilizaciones. Más allá de lo meramente biológico, eran clave para la duración de culturas y agriculturas en toda Mesoamérica, y al norte de los bosques, en el desierto. Malintzin, mujer ilustrada nahua-popoluca, sería la primera bisagra entre dos civilizaciones ajenas. Un papel grande que cumplió con talento y el realismo práctico del sobreviviente.

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