En su ascenso, Lozoya armó amplias conexiones en gobierno e IP

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Ciudad de México. Una amplia agenda de conexiones políticas y sociales armada a su paso por los sectores público –Banco de México, Banco Interamericano de Desarrollo y el Foro Económico Mundial– y privado, como el Fondo de Inversiones Protego Asesores, de Pedro Aspe, y la constructora OHL, así como su amistad con Luis Videgaray –que terminó en ruptura irreconciliable–, fortalecieron una natural cercanía de Emilio Lozoya Austin con Enrique Peña Nieto.

Economista por el ITAM y abogado por la UNAM, quien fue poderoso director de Pemex entre 2012 y 2016 fue designado coordinador de Vinculación Internacional durante la campaña presidencial del PRI y vicecoordinador de Asuntos Internacionales en la llamada etapa de transición.

Su encomienda en esos cargos fue tender lazos con el exterior de quien el primero de diciembre de 2012 se convirtió en presidente de la República; para ello, Lozoya presumía en su currículo una maestría en administración pública y desarrollo internacional por la Universidad Harvard, así como su designación como Joven Líder Global por el Foro Económico Mundial ese año; además, en 2011 la revista Poder lo ubicó entre los 40 hispanos menores de 40 años de mayor impacto en Estados Unidos.

Y desde ahí se instaló en el primer círculo de Peña Nieto.

Lozoya Austin (Chihuahua, 1974) tiene un linaje familiar vinculado a la política y la función pública. Su padre, Emilio Lozoya Thalmann, fue director del Issste y secretario de Energía en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, y su abuelo, Jesús Lozoya Solís, médico militar, llegó a ser gobernador interino de Chihuahua.

Este político, hoy tras las rejas, domina el inglés y el alemán. En enero de 2013, apenas iniciada su gestión como director de Pemex, se llevó sus primeras palmas y elogios presidenciales por su gestión en el estallido en las oficinas centrales de la empresa.

Todo parecía abonar a su favor, pues enseguida vendría el proceso de diseño y negociación de la reforma energética, proyecto central del gobierno de Peña Nieto.

Sin embargo, y en paralelo con tales éxitos, Emilio Lozoya incurría desde Pemex –de acuerdo con todas las acusaciones en su contra– en el desenfreno de la corrupción y los derroches, que se hicieron tan escandalosos e inocultables que llevaron a su despido hace exactamente cuatro años, pero no a una investigación y enjuciamiento verdaderos, sino hasta después de la entrada del nuevo gobierno, en diciembre de 2018.

Se atribuyó al entonces poderoso secretario de Hacienda, Luis Videgaray, haber documentado ante el presidente Peña Nieto las irregularidades de la gestión de Emilio Lozoya en Pemex.

Desde 2016, al menos públicamente, no está consignado ningún nuevo encuentro entre ambos.

 

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