En la UNAM ¿feminismo? / José Blanco

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Mientras el Presidente refiriéndose a la UNAM expresa que en México no hay ambiente para conflictos, un conflicto agrio se ha instalado en la institución. En su origen hubo demandas más que justas sobre la violencia de género; esa violencia no es extraña: la UNAM forma parte del mismo entramado social de México, donde la impunidad ha dado paso a la implantación de una tendencia inefable, de horror, de violencia sobre las mujeres. Sí hay, Presidente, un gigantesco conflicto de violencia de género en el país, en la UNAM morigerado por los niveles educativos de la comunidad universitaria.

Pero en el país de la impunidad, la institución es usada nuevamente por grupos del ámbito de los albañales de la política implicados en la desestabilización de las instituciones. La UNAM es especialmente vulnerable a esos métodos bárbaros, por ser una casa totalmente abierta; entra en ella quien desee. La casa de estudios no puede levantar muros a nadie. Justamente por eso su vida académica sólo puede tener lugar por la decisión y el cuidado cotidianos provenientes de la comunidad universitaria; pero son claras sus limitaciones frente a las acciones desmedidas de las y los encapuchados.

Mientras la UNAM avanzaba estableciendo protocolos internacionales, abriendo espacios institucionales para la atención de las demandas de género (no sólo sobre la violencia), llegando a acuerdos con las y los estudiantes que tienen genuinas demandas, los movimientos que se iniciaron en noviembre empezaron a seguir la práctica de retrasar una y otra vez sus respuestas a las autoridades escolares, al tiempo que agregaban nuevas demandas. El pasado 15 de enero, por ejemplo, las autoridades de la Facultad de Filosofía y Letras se reunieron con las paristas –la información está en los medios–, hubo avances entre las partes y, a efecto de abreviar un paro que daña infructuosamente la vida académica de la facultad, las autoridades propusieron continuar al día siguente la conversación. Las paristas desdeñaron la propuesta sin argumento alguno. Lo que estaba a la vista no era una postura de avanzar y solucionar, un abrirse a todas y todos, en el típico talante de un movimiento estudiantil genuino. Esa actitud de las paristas es la misma que la practicada en la huelga que más ha dañado a la UNAM, movida desde la oscuridad en 1999.

Ahora, sin mediar asambleas estudiantiles, o incluso contra la voluntad de las comunidades de diversas entidades académicas, encapuchados y encapuchadas –personas anónimas– han clausurado el trabajo académico hasta en nueve de ellas y, a través de las redes sociales, han convocado a un paro indefinido de toda la UNAM a partir de hoy.

Como en todo movimiento social, en el feminista hay una pluralidad vasta de posiciones. Los movimientos avanzados del feminismo han mostrado cómo, sin deconstruir hasta su más mínimo resorte, el patriarcado no será erradicado. Los roles actuales de mujer y hombre son construcciones sociales, vale decir, construcción de las mujeres y los hombres actuales, empezando por los roles sociales de madre y padre patriarcales. Es imperiosa una construcción histórica distinta y acordada entre todos.

Dentro de las estudiantes unamitas movilizadas milita la intransigencia de la corriente –nacida en Estados Unidos– llamada radical feminism. Evidencia de ello son las pintas: Violenta, antes que muertaEl único hombre útil es el que no estorbaDentro de todo guerrillero hay un macho opresorMata a tu violador; expuestas en ventanas y muros universitarios, que todos deberíamos leer seriamente. Esta corriente cree que el dominio de los hombres sobre las mujeres es un hecho sicológico. Las estudiantes tienen el derecho a seguir la corriente ideológica de su preferencia, pero si su lucha es la indicada por esas sus expresiones públicas, es tan inútil como inaceptable que su vía sea clausurar la vida académica de la institución.

Ahora esa corriente parece haber quedado a merced de la ola de paros manejados por intereses inconfesables. Circula en Facebook un video de la toma de la prepa 8 por unos 10 encapuchados –una encapuchada– evidentemente ajenos al plantel, entre ellos Leonardo, ex alumno de ese plantel, y Roberto, ex alumno de la prepa 5. Cualquiera puede verlo.

Un hecho patente, muy reprobable, es el cúmulo de destrozos cometidos por los supuestos estudiantes en los planteles en paro. Se trata de arrebatos irracionales originados en el rencor social. Sería inexplicable que estudiantes reales lo hicieran contra el patrimonio de su universidad.

Presidente: la UNAM es una valiosa institución del Estado. La desestabilización de la casa de estudios apunta sin remedio al Estado y al gobierno que usted preside. Las instituciones del gobierno no pueden ni deben escudarse en la autonomía universitaria para no utilizar los instrumentos de inteligencia necesarios para poner a la luz los intereses nefandos de quienes manipulan a las y los encapuchados.

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