El golpe de Estado en Bolivia / Víctor Flores Olea

 

El golpe de Estado en Bolivia de 2019 tuvo lugar el 10 de noviembre de este año, en el contexto de una crisis política producida por protestas iniciadas en octubre contra el gobierno del presidente Evo Morales y hechos de violencia contra sus funcionarios y partidarios, por un presunto fraude electoral en las elecciones generales; y por haberse presentado a las elecciones tras un fallo favorable del Tribunal Supremo, luego de un referéndum constitucional sobre la reelección del presidente, cuyo resultado había sido negativo.

Evo Morales había anunciado por la mañana un llamado a nuevas elecciones, en virtud de las observaciones de la OEA. Horas más tarde, las fuerzas armadas le pidieron la renuncia, que fue presentada casi de inmediato por parte del presidente, el vicepresidente Álvaro García Linera, además de los dirigentes de la Cámara de Diputados y del Senado. Al día siguiente asumió la Presidencia la senadora Jeanine Áñez, generando severas críticas sobre la legitimidad de su nombramiento y por su comportamientoo déspota.Otra parte de los análisis políticos rechazaron la calificación de golpe, ​argumentando que más bien las denuncias de fraude electoral fueron las que precipitaron la dimisión de Morales, y que la insurrección fue de carácter popular en respuesta a tal escenario, avivadas por la represión que suscitó el propio Morales. Realizan este rechazo la oposición boliviana,​ el gobierno de Estados Unidos, el gobierno de Brasil ​y el secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien indicó, variando las opiniones que "en Bolivia hubo un golpe de Estado cuando Evo Morales cometió fraude electoral". Por su lado la Organización de los Estados Americanos, a través de 15 de sus miembros, evitaron calificar de golpe lo sucedido en Bolivia, y la Unión Europea, a través de una votación en la Eurocámara, rechazaron llamarle golpe de estado, con resultado de 234 votos en contra, 41 a favor y 88 abstenciones.

El canciller de Argentina, Jorge Faurie, declaró públicamente el 11 de noviembre que «hay un vacío de poder» y que seguramente «no están los elementos para describir esto como un Golpe de Estado», mientras que el presidente electo de ese país inmediatamente se manifestó en sentido contrario, ​al igual que su Poder Legislativo, que emitió formalmente un «enérgico repudio al golpe de Estado en Bolivia».14​

El 11 de noviembre el canciller de México Marcelo Ebrard, en nombre del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, confirmó que Evo Morales había aceptado el asilo político que López Obrador le había ofrecido horas posteriores su renuncia a la presidencia de Bolivia, permitiendo la salida del país del presidente. Se registraron daños importantes en la vivienda de Evo Morales, así como ataques a la de sus familiares y políticos aliados.

​En ausencia del presidente y del vicepresidente, la entonces presidenta de la cámara de senadores Jeanine Áñez se autoproclamó presidenta del Estado, según previsto en el orden constitucional (aunque sin aprobación legislativa, que no sólo solo requiere el aval del Tribunal Supremo), el día 12 de noviembre. El día 20 de noviembre de 2019, diputados del partido MAS presentaron un proyecto de ley excepcional para las elecciones nacionales y locales ante la cámara de Senadores, hecho que, según algunos medios, representó un reconocimiento de la gestión transitoria de Jeanine Áñez. 

Un presidente “invitado” a dimitir por su jefe del Estado Mayor. Las fuerzas policiales disparando munición real contra los manifestantes. Una caza de brujas que lleva a la detención de ex dirigentes políticos y fuerza a otros a la clandestinidad. Medios de comunicación clausurados, periodistas encarcelados por “sedición”, parlamentarios a los que se les impide el acceso a la Asamblea Nacional, una senadora que se autoproclama presidenta y a la que una fotografía inmortaliza, toda sonriente, recibiendo la ayuda de un soldado para colocarse la banda presidencial. Los generales, por último, que posan con la mirada oculta tras las gafas de sol.... Si hay una cuestión que, a priori, la situación boliviana no plantea, es si cumple estrictamente con la definición de “golpe de Estado”.

En el caso boliviano tenemos incluso que el gobierno del Presidente “invitado” por un alto mando del ejército a abandonar sus funciones, aceptando simultáneamente otorgarle el ejército golpista un salida “diplomática” para gozar precisamente del asilo que lo otorgaba México, y muchas otras peculiaridades que configuran el “clásico” Golpe de Estado que, por cierto, cada vez se procurará disfrazar más por la extrema derecha de nuestros países y de muchos otros, como un acto “jurídico” “internacional” sin mayor relevancia, que al final de cuentas es normal y que no tendría por qué escandalizar a nadie.

Naturalmente, nos encontramos con otra trampa que viene urdiendo desde hace tiempo la extrema derecha de muchos países y desde luego al nivel internacional, encabezados por los Estados Unidos y, por supuesto, para ocultar o disimular si fuera posible sus intentos golpistas o sus puestas en acción de “Golpes de Estado” para una vez más procurar disfrazar o disimular sus decisiones para romper descaradamente el orden jurídico nacional e internacional.

Debemos estar altamente vigilantes de esta nueva operación urdida en los circuitos de la extrema derecha que, al mismo tiempo se declaran plenamente partidarios del sistema neoliberal en lo económico que equivale asumir en lo político una dictadura o un mando plenamente autoritario, con la expulsión no declarada pero evidente de violentar todas os principios democráticos que hoy son aceptados y practicados por los países que se suman y practican la democracia.

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