Vengo por inspiración y un poco de optimismo: Jean-Luc Mélenchon

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Sábado 20 de julio de 2019, Ciudad de México. El líder del movimiento Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, considerado un referente del ascenso de las fuerzas progresistas europeas hace dos años –cuando conquistó un histórico 20 por ciento del voto, 17 millones de electores– hoy declara que no puede ser optimista ante el panorama político de su país, ni el del continente entero.

Así que –declara con un gran suspiro, apoyando ambas manos en la mesa de la sala de juntas de La Jornada, primera escala de su gira a esta ciudad– vengo a México a respirar, a conocer a este señor AMLO (así llama al presidente Andrés Manuel López Obrador) que tanto me llama la atención, a aprender de este proceso mexicano, que seguramente va a dar un nuevo impulso a América Latina y a Europa. Vengo a buscar inspiración y un poco de optimismo”.

Insiste en darle la vuelta al argumento que se repite en muchos círculos intelectuales, en el sentido de que el ciclo progresista de América Latina de los últimos 15 años se está agotando: “Ahora está México, un hecho nuevo, un proceso que tiene características destituyentes muy fuertes. Con la Cuarta Transformación propone un proceso típicamente de revolución ciudadana, es decir, de recuperación del poder por la gente.

Es importante para nosotros, los europeos, entender lo que está pasando aquí. Ya pasó el tiempo de que llegábamos con el catequismo bajo el brazo para decirles qué hacer; ahora nos toca aprender”.

Lo que quizá más le sorprende es “la novedad de que nadie pensaba que México, tan cerca de Estados Unidos, pudiera empezar algo tan distinto, que pudiera echar abajo lo que han hecho el PRI y el PAN. Me parece que AMLO tiene una visión muy clara de lo que se puede hacer estando tan cerca de Estados Unidos y por eso es tan cuidadoso”.

Cuando habla del viejo continente parece dejar sobre la mesa un pesado fardo: “En Europa no queda ya ninguna fuerza política capaz de proponer una salida a la crisis que tome en cuenta la vida digna de sus ciudadanos y sin guerra. De los partidos progresistas que construimos en mi generación no queda ya nada. Y en Francia, en el campo político hay que reconstruir todo, todo. Con la polarización que atravesamos esto puede terminar muy mal. ¿Dónde se ha visto una insurrección popular como la que vemos cada sábado, desde hace ya 35 semanas, con los chalecos amarillos? ¿Dónde? Reconstruir una alianza de clases medias, clase obrera y clases empobrecidas es hoy en día un desafío enorme”.

Un francés latinoamericano

Admite: “Vengo derrotado. Nuestro movimiento perdió mucho en las elecciones parlamentarias. Pagamos cash, y muy caro, el apoyo que le dimos al movimiento popular de los chalecos amarillos, que fue abandonado a su suerte por la clase política, las clases medias, los intelectuales e incluso el movimiento sindical. Los vieron como bárbaros y violentos”.

En efecto, el golpe que sufrió Francia Insumisa en las recientes elecciones parlamentarias de mayo fue demoledor para la figura de Mélenchon. Del 19.5 por ciento que conquistó en las presidenciales de 2017, apenas alcanzó el 6.5 por ciento.

Mélenchon, a sus 67 años, militó por más de 30 años en el Partido Socialista y después formó un partido que llamo Izquierda. Pero hoy renuncia a esa etiqueta. “Eso se los aprendí a Hugo Chávez (ex presidente, ya difunto, de Venezuela) y a Rafael Correa (ex presidente de Ecuador, exiliado). ¡Y a AMLO! Ellos hicieron sus campañas apelando a los ciudadanos, no a la razón de ser de izquierda”.

Desde los años 90, este político que se define como “francés latinoamericano” y como “un intelectual que por accidente encabeza un movimiento de masas” busca aprendizajes e inspiración en los procesos que generaron en Sudamérica el llamado “ciclo progresista”. Insiste en que el eje de su programa político debe ser una revolución ciudadana y una planificación ecológica.

Clasificado por la prensa comercial europea como parte de la “izquierda dura” junto con el español Pablo Iglesias de Podemos y el griego Alexis Tsipras de la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), Mélenchon es un convencido de que hay que abrir “una nueva vía” con una agenda antineoliberal y anticapitalista.

Europa y sus reacomodos

No hay atenuantes en el diagnóstico de Mélenchon sobre el estado actual del viejo continente: “Tal y como está ahora Europa, no es capaz de proponer algo para la vida digna de sus ciudadanos, para salir de la crisis sin pasar por una guerra. Se ha convertido en un espacio donde domina la dictadura intelectual del neoliberalismo, abocado a reducir los presupuestos de los servicios sociales.

Ahora mismo, ¿cuál es la principal preocupación de los gobiernos europeos? La defensa, es decir, la guerra. Se imaginan una confrontación con los rusos, apoyándose en lo que dicen países que guardan profundos rencores contra Rusia (sin que les falte razón) como Estonia, Lituania y Letonia, Polonia o Ucrania. Ahí se cristaliza hoy toda la locura del viejo continente. Es un país donde dicen se levanta la primera bandera del capitalismo, donde los gobernantes de Europa son capaces de apoyar a políticos profundamente corruptos e incluso a funcionarios nazis. ¡Nazis en la Europa del siglo XXI! Es una realidad”.

¿Qué plantea Francia Insumisa para la reconquista del poder?

Es muy difícil lograrlo con la etiqueta de izquierda. Hoy en día es un término muy depreciado. También en América Latina. En Francia si a la gente le hablas de izquierda de inmediato te van a relacionar con François Hollande (socialista, ex presidente entre 2012 y 2017), un gobernante rechazado por crear todas esas leyes contra los derechos de los pueblos. ¿Hacer alianzas con la izquierda? ¿Pero con quién, por favor? ¿Con el Partido Comunista? Obtuvo 2.4 por ciento de los votos. ¿Los trotskistas? 0.5 por ciento. No, hay que reconstruirlo todo.

En LFI estamos intentando otras vías. Hablamos de federar al pueblo. Hemos cambiado el método y nuestra acción, nuestro discurso, a formas más respetuosas a la inteligencia de la gente. Nuestra idea de que sólo hay un ecosistema y nos es común. Las formas actuales de producción, es decir, el capitalismo, amenazan a ese futuro que es de todos”.

La derrota de los nuevos partidos progresistas europeos fue generalizado en las legislativas de mayo. Perdieron terreno Die Linke en Alemania, que bajó hasta el 5 por ciento, Podemos en España, La Liga en Italia. “Fuera de Podemos, del PTB en Bélgica, del Bloque en Portugal no queda nada”.

Chalecos amarillos

Desde octubre del año pasado, cada sábado, sin falta, se han movilizado grupos diversos en todo el país, en sus momentos de auge con hasta 600 mil manifestantes en un solo sitio. Conocidos como los chalecos amarillos, ni los partidos políticos, ni las clases medias ni la intelectualidad los apoyaron, salvo Francia Insumisa.

Mélenchon sostiene que por la respuesta de los manifestantes a la provocación policiaca les generó un reflejo muy negativo en los medios de comunicación y la descalificación del presidente Macron repercutió en la clase política. No fue sino hasta el sábado 25, cuando ya sumaban más de seis mil heridos por la virulencia de los gendarmes y miles de detenidos y procesados que algunos intelectuales se pronunciaron en contra del maltrato.

Fue la provocación policiaca la que radicalizó al movimiento. Y la aceptación inicial se convirtió en rechazo. Ellos mismos rechazaron toda cohesión, toda interlocución con otras fuerzas. Se autobloquearon. Y yo anticipo que esa va a ser la característica de todos los movimientos revolucionarios de ahora en adelante. ¿Cómo lo vamos a resolver? Va a ser muy complicado”.

¿Fin del ciclo progresista en América Latina?

A Mélenchon lo caracteriza su pasión por los procesos del llamado ciclo progresista latinoamericano desde sus inicios, con el triunfo de Hugo Chávez en 1999 en Venezuela.

Este periodo, entendido como un momento político civilizatorio, tuvo una característica común: la derrota de las derechas. La ola democrática latinoamericana se constituyó en contra de esas políticas neoliberales.

Al principio no sabíamos ni cómo llamar a esos procesos en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil… Pero Europa sí que tenía que aprender de ellas. Lo primero, es que eran procesos ciudadanos, muy diferentes a lo que la generación anterior llamamos las revoluciones socialistas. En la primera fase es un momento destituyente, que resume la frase de la experiencia argentina: “Que se vayan todos”. Y años después, con la expresión de AMLO: “Al diablo las instituciones”. Suena fuerte, pero no quiere decir un rechazo a la forma organizada de la sociedad, sino de rechazo a unas instituciones que están para imponer un modelo económico.

Luego viene lo más significativo y delicado, pasar a la fase constituyente. Es el momento en el que el compromiso ciudadano se convierte en una forma constructiva.

Hasta hace poco yo no sabía si estamos ya en la fase final de este momento progresista porque evidentemente no tiene ya el mismo dinamismo, si después de 15 o más años de movilizaciones se ha entrado en una etapa de agotamiento.

Pero lo cierto es que en Brasil, para neutralizar Lula tuvieron que inventar una nueva forma de persecución judicial o golpe suave, que ya se había experimentado en Honduras. Derrocaron a Dilma Rousseff y la única forma de impedir que Lula ganara las elecciones era metiéndolo a la cárcel.

Es importante que los europeos comprendamos bien esto. Si me preguntan si estamos viviendo el fin del ciclo progresista, puedo decir que no, que el ciclo no paró, que sigue. En ningún otro lugar del mundo hay un ciclo progresista. Es por eso que México me interesa tanto.

Ya pasó el tiempo en el que la antigua izquierda europea llegaba con su catequismo bajo el brazo para enseñar y decir qué hacer. Yo fui capaz de hacer una campaña electoral tan novedosa en Francia porque aprendí a Hugo, a Rafael, a Cristina”.

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