Militarización de la frontera sur afecta el comercio

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Paso Limón, Suchiate, Chis. ¿Nos amenaza algún extraño enemigo? Nunca antes estuvo tan militarizada la frontera sur del país, salvo tal vez cuando México y Guatemala estuvieron al borde de la guerra en 1958-59. Esta mañana el Paso Limón, y los demás pasos del río Suchiate en los bordes de Ciudad Hidalgo presentaban el aspecto de un territorio fuertemente militarizado. Aún con las ambigüedades de identidad entre la Marina y el Ejército mexicanos, el más de un centenar de efectivos desplegados en la ribera izquierda resultan tan disuasorios como cualquier fuerza armada en posición. En consecuencia, pocos y ocasionales son los intentos de cruzar de migrantes. El rigor de las revisiones de los agentes del Instituto Nacional de Migración (INM), escoltados en todo momento por la Guardia Nacional ya afectan a un buen número de ciudadanos (sobre todo ciudadanas) que cruzaban para realizar compras en los atiborrados (por guatemaltecos) mercados y supermercados de este lado. 

Son constantes los “vas pa’tras” de parte de nuestra migra. A por lo menos dos familias guatemaltecas esta mañana les fue impedido el paso apenas pisando tierra porque algún miembro del grupo (en ambas ocasiones se trataba de adolescentes) carecía de identificación oficial. En otra escena, una chica retornaba a Tecún Umán sobre la misma balsa que la trajo, hecha un mar de lágrimas; la consolaba una mujer mayor que la acompañaba. Dadas las historias recurrentes, aunque no parece ser el caso, de esa manera se ha practicado el tráfico de jovencitas con fines de explotación sexual. 

Aunque sigue el movimiento de mercancías, éste se encuentra seriamente deprimido en la presente situación. Ramiro, tabla de registro en mano, apunta el ir y venir de una de las cuadrillas de balsas y cargadores; hay varias, algunas con camisetas uniformes. Cuando ve al fotógrafo de La Jornada, Ramiro exclama: “Tómenos fotos para salir en Facebook. Aquí ya somos mundialmente famosos”. Claro que esa fama no le gusta. 

La nueva disposición nos afecta a todos. Pregunte a los tricicleros. Esto era un buen negocio, pero habrá que ir a otra parte”, como Cancún y Tijuana. A Estados Unidos ya no. “He pasado cinco veces de ilegal, pero la última me deportaron y ya no puedo volver. Quedé fichado”. Añade que además no le gusta allá. “Trabajas como máquina en el campo, y las ciudades no te tratan bien, son muy exigentes. Estuve en Dallas y en Kansas. Tengo cinco hermanos allá, todos ilegales. Uno lleva 30 años, pero apenas, y eso gracias a su hija que nació allá y le está ayudando, le van a dar la residencia. Si paga 15 mil dólares”, agrega con una sonrisa sarcástica. 

La historia de Álvaro, agente del INM, es sorprendentemente parecida. Es decir, antes de ser de la migra fue mojado e ilegal. Trabajó en Utah, donde están sus paisanos. Procede de La Cañada oaxaqueña. Su lengua originaria es el cuicateco. Y aunque muestra orgullo por su origen, ha desarrollado su vida fuera de la comunidad. Cuando se cansó de ser ilegal se enroló en el INM. Como agente migratorio trabajó antes en Reynosa, Tamaulipas, “rescatando” migrantes. Explica, y no es irónico: “Por procedimiento, así se llama cuando agarramos gente”. Sin jactancia, admite que reconoce a los migrantes de un golpe de ojo. “No necesitan ni llegar a la orilla y ya les vi la pinta”. 

Él mismo prefiere no volver a Estados Unidos. No se lo recomienda a nadie. Recomienda en cambio, por obligación, a los que cruzan sin papeles, que vayan por el puente internacional. A quien se resiste a volver lo arrestan, pero aquí llevan días sin detener a nadie. 

Las aguas del Suchiate bajaron a pesar de las lluvias. ¿O han sido insuficientes? La cosa es que el río resulta caminable, y algunas balsas cargadas de pasajeros son empujadas por personas en el agua, y no mediante las largas pértigas que usan los camaristas para impulsarse. 

Los demás comerciantes coinciden con la apreciación de Ramiro. Si esto sigue así, se acabó el trabajo y habrá que buscarle por otro lado. Al menos mil 500 personas laboran directa y organizadamente en el cruce, más los comercios y servicios que surtían a los compradores de la ribera derecha del Suchiate. Marinos, soldados, agentes del INM e incluso los algo desorientados policías federales que deambulan como huérfanos, son argumento de peso para no insistir. Algo así habrá concluido Álvaro hace unos años al ponerse literalmente del otro lado, como migra y no como mojado.

 

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