Mercado 'huachicol' y corrupción en Pemex

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Fue el proyecto privatizador y corruptor de la refinación y de Pemex lo que abrió las puertas para la pérdida de seguridad, soberanía y vulnerabilidad energética que hoy enfrenta México. La defensa de ese proyecto es lo que motiva la violencia y reto de los delincuentes que roban el combustible y de los grupos de poder al interior y exterior de la empresa estatal, ante las medidas de racionalidad y ética emprendidas por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Desde 1979 en que fueron inauguradas las refinerías "Héctor R. Lara Sosa", en Cadereyta, Nuevo León y "Antonio Dovalí Jaime", en Salina Cruz, Oaxaca, no se construyó ninguna otra para atender la creciente demanda del mercado interno. Por lo tanto, el volumen de las importaciones de gasolina fue creciendo permanentemente como se reflejó desde finales de 1994 hasta 2018. En efecto, la proporción de las importaciones de gasolina al término de los gobiernos de Carlos Salinas fue de 14%, de Ernesto Zedillo 26%, de Vicente Fox 37%, de Felipe Calderón 48% y de Enrique Peña 73%.

Al privilegiar los directores de Pemex las importaciones de gasolinas y diésel para cubrir la demanda del transporte en el mercado nacional, la capacidad de proceso de crudo en las refinerías cayó de un millón 357 mil barriles por día en 1994 a 767 mil en 2017; desplomándose dicha capacidad por encima del 50% en 2018. Asimismo, de una producción promedio máxima de gasolinas que se alcanzó en 2004 de 467 mil barriles por día, el promedio de enero a noviembre de 2018 se redujo a 210 mil y, específicamente en noviembre la producción de gasolinas se situó en 178 mil barriles por día, es decir, 38% de lo producido por Pemex 14 años antes.

Fuente: Pemex: Evolución Histórica 1975- 1985; Anuarios estadísticos de Pemex

 

 

El robo de combustible, en particular en los últimos gobiernos del PAN y el PRI, erigió un negocio millonario con patente de impunidad propiciado por un mercado dispuesto a consumir a un precio inferior todo el producto sustraído ilícitamente de las instalaciones petroleras. En 2018, según estimaciones de Pemex, el monto del robo de combustible ascendió a 65,000 millones de pesos, equivalente a 3,250 millones de dólares y, a finales de ése año, el número de tomas “clandestinas” llegó a 15,000, aproximadamente. Dicho monto, representó alrededor del 7% del valor anual de las ventas internas de petrolíferos.

Para el robo del combustible, conforme lo reveló Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, los delincuentes implementaron múltiples procedimientos: instalación de equipos especiales para sustraer directamente de los ductos en operación (práctica conocida como “huachicol”), alteración directa y remota de lectura de llenado de combustible a autotanques, facturación distinta a las cantidades entregadas en las terminales de almacenamiento, tendido de mangueras hasta por tres kilómetros desde los centros de almacenamiento, sustracción de buquetanques en los puertos y en altamar, etc. Conforme a sus estimaciones, soportadas en la investigación de la periodista Ana Lilia Pérez, ante la carencia de información confiable en las áreas de investigación de los cuerpos policíacos, del ejército y de la marina, el “huachicol” sólo representa el 20% del mercado ilícito.

La magnitud y brevedad en que se consolidó este mercado ilícito derivó de la colusión de intereses en el ámbito externo e interno de Pemex. En el caso del número de las tomas “clandestinas”, al final de cada gobierno se mostraban cifras escandalosas. En efecto, con Vicente Fox se anunciaron 220, con Felipe Calderón 1,749 y con Enrique Peña 12,581 al mes de octubre de 2018.

Fuente: ‘Mirada Legislativa’, publicación de la Cámara de Diputados y Reporte de Pemex a la SEC 2015-2017; para 2018 se consideran los datos de Pemex al mes

 

No obstante que Pemex llevaba un registro del combustible robado y de los daños físicos a la red de ductos, cada gobierno fue omiso y no tuvo interés en terminar con el mercado ilícito. Se aceptó, con cinismo, a nivel gubernamental, que a la orilla de las carreteras formaran parte del paisaje y de los negocios establecimientos montados en camionetas donde se expendía combustible robado de las instalaciones de Pemex, realizadas mediante operaciones que fueron involucrando a miles de familias de comunidades marginadas, con altos niveles de pobreza y desempleo. En realidad, las operaciones del “huachicol” se aprovecharon por la delincuencia para distraer y desviar la atención de los lugares y de los principales volúmenes que diariamente, durante las 24 horas, se extraían ilícitamente.

No fue negligencia lo que motivó la tolerancia para no actuar contra el reclutamiento masivo entre las comunidades que realizaron los “huachicoleros” para obtener apoyo popular en el traslado del combustible robado directamente de los ductos. Fue complicidad para distraer la atención y ubicación de las principales fuentes y puntos de abastecimiento de este mercado ilícito con los siguientes propósitos: disponer de suficientes brazos para cargar y mover el combustible robado; contar con una base social creciente empeñada en ése ilícito ante la derrama económica que les compartía la delincuencia, incluso dispuesta a defenderla con las armas ante el ejército y, ocultar la identificación de los principales compradores.

Es evidente que la corrupción vertiginosa de las últimas administraciones gubernamentales y de Pemex coadyuvó a la consolidación de un mercado gigantesco que, incluso, se ramificó al territorio de Estados Unidos. En México se extendió prácticamente por todo el país, concentrándose el 80% del extraordinario número de tomas “clandestinas” de 2018 en sólo 6 entidades federativas.

La osadía delincuencial de realizar hasta cinco sabotajes, con pocos días de diferencia, a uno de los principales ductos por el que se abastece a la Ciudad de México, al estado de México y a otras entidades federativas del altiplano central del país, fue proporcional a la dimensión que tuvo la decisión de cortar una importante fuente de ingresos del imperio de la corrupción. Su temeridad fue producto del conocimiento de la mediocridad y vulnerabilidad de los sistemas de seguridad establecidos por Pemex y el gobierno federal en el pasado, ante la falta de inversiones en equipos y tecnología que ya operan en otros países en guerra o por el abandono en almacenes de equipo comprado para esos fines, como lo reveló la Auditoría Superior de la Federación en diversos dictámenes que quedaron en letra muerta, sin consecuencia alguna.

La magnitud y tiempo transcurrido del desabasto exhibió, al mismo tiempo que las fortalezas, las debilidades, vulnerabilidad y precario control del sistema y logística de transporte de los combustibles, así como la dependencia de las importaciones para abastecer día con día el consumo nacional. 

Fuente: Anuarios estadísticos de Pemex, 1971-2017, Indicadores petroleros, noviembre

 

El balbuceo del director de Pemex, ante la solicitud de información veraz y actualizada de lo que acontece en la paraestatal, acudiendo a cifras atrasadas y a un conocimiento insuficiente, reconociendo que los inventarios estaban en cero, es una mala señal para una operación eficiente. Disponer, a nivel directivo, de información en tiempo real es una necesidad que requiere de solución inmediata. Para ello es necesario disolver los múltiples cotos de poder que operan al interior del conglomerado de Pemex pues sabotean una oportuna y adecuada toma de decisiones.

Hoy, después de muchos días críticos por el desabasto de combustibles estamos regresando a la “normalidad”, caracterizada por estaciones de servicio sin largas filas de autos y prolongados congestionamientos en vías principales generando altos niveles de contaminación por el ineficiente aprovechamiento en la combustión de las gasolinas o del diésel. Esta crisis de desabasto, sin precedente en la historia de este país, y el retorno a la “normalidad” son una oportunidad para que el gobierno federal, Pemex, el gobierno de la Ciudad de México y todos los centros de investigación del país inicien un debate que aterrice en propuestas y acciones para replantear el actual modelo energético impuesto por una sociedad que, ante la carencia de un transporte público eficiente, de la irracional concentración de actividades en algunas megalópolis, del dominio del mercado de autotransporte por empresas con vehículos ineficientes y obsoletos, está atada a un patrón irracional de consumo, depredador y dañino para su salud.

Por ello, siendo muy importante el frente del combate al robo de combustibles, colocándose ya como emblemático y prueba de fuerza de la lucha contra la corrupción por el gobierno actual, es sólo uno de otros también neurálgicos y que demandan acciones urgentes. Algunos, de los más importantes, son: a) Tomar el control y capacidad de gestión de la empresa, b) Elaborar un programa de emergencia para establecer inventarios de combustible que aseguren con suficiencia la demanda interna, c) Redefinir la orientación y eficiencia del gasto de inversión, c) Redefinir las prioridades y eficiencia del gasto corriente, d) Redefinir la relación con el sindicato, e) Elaborar, en coordinación con la SHCP, un plan de recuperación y fortalecimiento financiero de Pemex, f) Establecer un programa emergente de reclutamiento y capacitación de jóvenes profesionistas para responsabilidades operativas, técnicas especializadas y de administración y, g) Presentar el diagnóstico del estado en que se recibió la administración y operación de Pemex y su plan y metas de corto, mediano y largo plazos.

Finalmente, es importante advertir de la necesidad de participación de los trabajadores petroleros, libres de las cadenas impuestas por la actual estructura sindical que fue partícipe y correa de transmisión de la corrupción que partía desde los niveles superiores de Pemex, además de la vigilancia militar y la recuperación del control de las operaciones por personal confiable.

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1 Jubilado de Pemex, economista. Autor de los libros: Petróleo y lucha de clases en México, 1864-1982; Pemex: crisis y restructuración; Corrupción y desafíos en las compras gubernamentales: el caso de Pemex; México: experiencias de un país petrolero, 1938-2018 y coordinador del libro Pemex: presente y futuro.

2 Datos publicados por Pemex a noviembre de 2018.

3 Ana Lilia Pérez, Pemex RIP, Ed. Grijalbo, México 2017.

4 De 12, 581 tomas “clandestinas” al mes de octubre de 2018 que Pemex reporta en su portal de internet (www.pemex.com), todavía en enero de 2019, el 80% correspondió a Puebla, Hidalgo, Guanajuato, Veracruz, Tamaulipas y Jalisco; gobernadas por el PRI y el PAN.

5 Suscribo y recomiendo a Pemex considerar el análisis y propuestas de Ramsés Pech, “México, débil ante una crisis energética”, publicado en La Jornada del 14 de enero de 2019

 

 

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