Gritos afuera de la casa de AMLO para verlo ir hacia el Congreso

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Entusiasmoalegría y esperanzason palabras que parecían desterradas y casi incompatibles con los días en que tomaba posesión un presidente en México... hasta ayer.

La llegada de Andrés Manuel López Obrador como nuevo titular del Poder Ejecutivo generó en las calles de Ciudad de México manifestaciones de gozo y optimismo –prácticamente inéditas–, difíciles de apreciar en el inicio de otros sexenios.

La jornada empezó muy temprano afuera del domicilio particular de López Obrador, ubicado en el sur de la capital, donde empezaron a reunirse desde antes de la siete de la mañana pequeños grupos de simpatizantes, reporteros, fotógrafos y camarógrafos que se aprestaban a captar su salida hacia el Congreso.

Conforme avanzaba la mañana, fueron llegando cada vez más personas –incluidas familias completas, con niños y adultos mayores– para hacer guardia frente a la calle Cuitláhuac número 90, en la colonia Toriello Guerra, entre porras y consignas como mucha suerte, Presidentees un honor estar con Obrador y ahora sí tenemos Presidente.

Luego de una espera de varias horas, en las cuales fue creciendo cada vez más la expectación, poco después de las 10:20 de la mañana se abrió la puerta del condominio más observado del momento y apareció fugazmente el nuevo mandatario.

Fue apenas un instante, en el cual levantó la mano derecha en señal de saludo; esos segundos fueron suficientes para que la gente se arremolinara en desorden para verlo y tocarlo, lo que lo obligó a regresar a toda prisa al inmueble. López Obrador en plan rockstar.

Cuando finalmente salió a bordo del Jetta blanco donde viaja, fue imposible evitar los gritos y empujones a su alrededor. Un enjambre de personas queriendo saludar al nuevo Presidente, ciclistas y camarógrafos a la caza de la imagen, rodearon durante algunos minutos el auto e impidieron su avance, hasta que finalmente logró abrirse paso con rumbo a la Cámara de Diputados. Una señora rodó por el suelo en medio de la barahúnda, pero se levantó sin inmutarse. Casi se diría que contenta.

 Flores a su paso

Empezó entonces un recorrido en el que cientos de personas se apostaron en las calles para verlo pasar, saludarlo, enviarle mensajes de ánimo y hasta arrojar flores a su paso.

Un ciclista que pasará a la historia por su arrojo logró acercarse al vehículo del tabasqueño, lo siguió por algunos segundos y le dijo: en ti confiamos. El propio López Obrador mencionó la anécdota en su rendición de protesta en el Congreso y recordó que el hombre le soltó una frase lapidaria, que seguramente ronda en la mente de muchos: no tienes derecho a fallarnos.

Luego de concluir la ceremonia en San Lázaro, el recorrido de López Obrador hacia Palacio Nacional siguió pleno de muestras de afecto. Pese a la valla de seguridad que formaban policías en moto y guardias a pie, más de una persona logró colarse hasta la ventanilla del auto para estrechar la mano del Presidente.

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