Chocan policías y manifestantes en masiva protesta en París

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París. Cientos de manifestantes vestidos de negro se enfrentaron ayer con la policía en París, tras concluir una masiva movilización programada en varias ciudades de Francia contra la violencia policial y el nuevo proyecto de ley de seguridad global, que criminaliza la publicación de material audiovisual sobre la actuación de los elementos de seguridad.

La mayoría los 46 mil manifestantes marcharon pacíficamente en la capital durante el día, pero al caer la noche pequeños grupos violentos, en su mayoría enmascarados e identificados como antifascistas, lanzaron fuegos artificiales y piedras contra los uniformados, levantaron barricadas, rompieron escaparates de comercios y prendieron fuego a una sucursal del Banco de Francia, a un restaurante y a varios vehículos.

Pese a que se les instruyó que actuaran con responsabilidad, la policía disparó gas lacrimógeno para dispersar a la multitud, mientras carros lanzagua rociaron a los grupos restantes de manifestantes en la Plaza de la Bastilla. El cuerpo de bomberos controló rápidamente los incendios.

El ministro del Interior, Gerald Darmanin, condenó en Twitter la violencia inaceptable contra las fuerzas del orden. Apuntó que 37 policías resultaron heridos y 46 personas fueron detenidas durante los enfrentamientos.

Pese a los actos de violencia, la gran protesta llenó pacíficamente la Plaza de la República y las calles colindantes con banderas rojas sindicales y francesas, así como pancartas en las que condenaban la violencia policial, demandaban la libertad de prensa y llamaban a la renuncia del presidente Emmanuel Macron y de Darmanin.

Es el pueblo de la libertad que marchó por toda Francia para decirle al gobierno que no quiere su ley de seguridad global, que se niega a la vigilancia generalizada y a los aviones teledirigidos, que quiere poder filmar y retransmitir las intervenciones de las fuerzas de policía, señalaron los organizadores de las protestas en un comunicado.

La tensión también se dejó sentir en Lyon, donde la policía utilizó cañones de agua para dispersar a los manifestantes.

Alrededor de 130 mil personas, según el Ministerio del Interior, y 500 mil, de acuerdo con los organizadores, marcharon en la capital y en las calles de varias ciudades del país, como Lille, Rennes, Estraburgo, Burdeos y Montpellier, en una protesta que ha tomado más fuerza con el paso de los días, pero que se ha tornado cada vez más violenta.

En esta semana hubo casos de violencia policial que agravaron las manifestaciones. El lunes, las fuerzas del orden desalojaron y desmantelaron un campamento de migrantes instalado en el centro de París, al grado de tirar, golpear y lanzar gas lacrimógeno, a indocumentados, activistas y periodistas.

El jueves, cuatro efectivos golpearon, insultaron y arrestaron al productor Michel Zecler, de raza negra, al parecer por no usar cubrebocas, como exigen las autoridades ante la pandemia de Covid-19. La agresión a Zecler reavivó el debate sobre las prácticas de las fuerzas de seguridad. Macron reconoció estar impactado por las violentas imágenes, captadas por una cámara de seguridad a la entrada de un estudio de grabación en París.

El proyecto de ley de seguridad global (adoptado el martes por la Asamblea Nacional y que debe ser examinada por el Senado) ha sido denunciado por los periodistas, quienes consideran que viola la libertad de prensa.

El artículo 24, el más polémico del texto, castiga con un año de cárcel o 53 mil 600 dólares de multa la difusión de la imagen de la cara o cualquier otro elemento identificativo de los miembros de las fuerzas del orden en acción, cuando atenta contra su integridad física o sicológica.

El gobierno defiende que esta disposición pretende proteger a la policía de llamados al odio y a muerte en las redes sociales, con revelaciones de detalles sobre su vida privada. Los detractores sostienen quemuchos casos de violencia policial quedarían impunes si no hubieran sido grabados por las cámaras de periodistas o por los teléfonos de los ciudadanos.

Ante la indignación provocada por el artículo 24, el primer ministro, Jean Castex, trató de buscar una salida con la creación de una comisión independiente encargada de proponer una nueva redacción, pero la iniciativa enfadó a los parlamentarios de todo el espectro que han visto en ella una forma de menosprecio.

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