Se desata batalla política en EU tras la muerte de la jueza Ginsburg

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Nueva York. Las últimas palabras que quería difundir al público la juez suprema Ruth Bader Ginsburg antes de fallecer el viernes eran: “Mi deseo más ferviente es no ser reemplazada hasta que sea instalado un nuevo presidente”. Sabía de las enormes consecuencias políticas para el país que podrían resultar de su muerte.

Pero el presidente y el liderazgo republicano esperaron sólo unas horas antes de ignorar este último deseo al anunciar que procederán lo antes posible para nombrar a su sustituto. Si logran ratificarlo, eso consolidará el control derechista de la Suprema Corte y con ello sellar el legado más duradero (el puesto es vitalicio) del gobierno de Donald Trump.

En esta pugna sobre la Suprema Corte están en juego los derechos y libertades civiles, y los magnos asuntos del derecho de las mujeres a controlar sus propios cuerpos, el derecho al voto y hasta la última palabra en quién ganó una elección (como fue el caso en 2000 y podría repetirse este año),  la inmigración (una de las decisiones recientes de Bader Ginsburg fue salvar la orden para prevenir la deportación de los llamados dreamers), el sistema de justicia criminal, los derechos gay, la relación entre la sociedad y las empresas entre otras más.

Si los republicanos logran instalar a un juez conservador, el equilibrio de la Suprema Corte estará controlado por una mayoría derechista de cinco jueces, más el jefe ese máximo tribunal, el conservador moderado John Roberts, contra solo tres liberales. Así, la derecha podrá cumplir sus sueños de revertir una serie de fallos -como el derecho al aborto entre otros- e impulsar una reforma ultraconservadora legal que podría durar años si no  es que décadas.

Por ello, la muerte de Ginsburg detonó de inmediato una batalla política titánica en Estados Unidos y se convirtió en un asunto central en la elección ya que sus implicaciones potencialmente podrían transformar el panorama legal y político de Estados Unidos.

El liderazgo republicano no dudó en tomar la ofensiva de inmediato. El líder de la mayoría  republicana del Senado Mitch McConnell, cuya misión central era instalar el mayor número de jueces federales conservadores durante esta presidencia, declaró muy pocas horas después del anuncio de la muerte de la juez que el nominado por Trump para el puesto “recibirá un voto ante el pleno del Senado” y aunque no fue explícito, indicó que deseaba ratificar a un nuevo juez antes de la elección.

Trump afirmó este sábado que presentará un nombramiento “sin demora’,  tal vez tan pronto como la próxima semana.

Aun si no logran ratificar a un nuevo juez en los 44 días que quedan antes de la elección del 3 de noviembre (en promedio, los procesos de ratificación de jueces han sido de unos 70 días), podrán hacerlo en una sesión posterior a la elección federal pero antes de que se instale un nuevo Senado o el ganador de la elección presidencial en enero.

O sea, es posible que tanto Trump pierda o que los republicanos pierdan su mayoría en el Senado o ambas cosas y aún pueden instalar a un nuevo juez supremo.

Los republicanos por ahora gozan de una mayoría de 53 contra 47 en el Senado, donde sólo se requiere una simple mayoría para ratificar a un nuevo juez. Pero aunque McConnell parece no tener dudas sobre proceder de inmediato, aún no se sabe si puede contar con todos los votos de su bancada. Si solo tres republicanos rehúsan participar, pueden obstaculizar, junto con los demócratas, la ratificación.

Por ahora, el senador republicano Mitt Romney, enemigo político del presidente, ha dicho que no votará para ratificar a un juez antes de la toma de posesión del próximo presidente en enero. La senadora republicana por Alaska Lisa Murkowski ya había dicho eso aun antes de anunciarse la muerte de Bader Ginsburg. Otro par de republicanos han indicado que podrían hacer lo mismo. Toda la atención estará en si McConnell logra mantener la disciplina de sus filas.

Complicando los cálculos un poco más, el candidato demócrata al Senado, Mark Kelly, si es que gana contra su contrincante republicana en una elección especial para la curul vacante del senador republicano John McCain, podría sumarse al Senado tan pronto como el 30 de noviembre.

Por ello, los demócratas y otros ya están acusando a los republicanos de “hipócritas” ya que McConnell y sus filas rehusaron contemplar la ratificación de un candidato promovido por Barack Obama en 2016, argumentando que sólo faltaban ocho meses antes de la elección federal y por lo tanto lo correcto era esperar hasta después. Varios republicanos en ese tiempo reiteraron si oposición a proceder a una ratificación de un candidato al tribunal máximo del país en un año electoral.

Pero si el liderazgo republicano logra su sueño al subordinar a todas sus filas y ratifican la propuesta de Trump -es probable que sea una mujer- los demócratas no podrán descarrilar el proceso por ahora. Pero si logran ganar la presidencia y el control del Senado -algo dentro de lo posible- en la próxima elección, algunos legisladores y expertos ya están señalando que una opción es ampliar el número de jueces en la Suprema Corte, ya que el número no está determinado por la Constitución, sino por estatuto aprobado por el Congreso, y proceder a nombrar y ratificarlos.

Por ahora pugna política en torno a la Suprema Corte también será usada por candidatos de ambos partidos para tratar de motivar a sus bases por las implicaciones extremas.

Bader Ginsburg -quien murió a los 87 años y que fue nombrada por Bill Clinton a ese puesto hace 20 años- ha sido el ancla liberal del tribunal y tal vez su estrella más prominente en los últimos tiempos. Los próximos días estarán repletos de actos de conmemoración y honra a una de las integrantes más destacadas de la Suprema Corte, quien antes fue una extraordinaria litigante, incluso ante el máximo tribunal, transformando el panorama legal nacional sobre todo en torno a la igualdad de género, entre otros temas.

En la noche del viernes, poco después del anuncio de su fallecimiento, cientos de sus admiradores llegaron a las escalinatas frente a la Suprema Corte para rendirle homenaje con flores, canción, lágrimas y promesas de defender sus principios y hacer cumplir sus palabras, incluyendo las últimas.

 

El presidente Donald Trump enfadó a los demócratas al buscar reemplazar a la difunta jueza Ruth Bader Ginsburg antes de la elección –una medida que podría cimentar la mayoría conservadora de la Corte en años venideros. Vía Graphic News

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