Pide UE repetir comicios bielorrusos; rechaza Rusia injerencias externas

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Moscú. La importancia geopolítica de Bielorrusia, como una suerte de amortiguador entre Rusia y los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), quedó de manifiesto este martes que el presidente ruso Vladimir Putin y los gobernantes de Alemania y Francia, Angela Merkel y Emmanuel Macron, hablaron por teléfono, mientras todos esperan de qué lado se inclina la balanza en la disputa por el poder que libran por décimo día consecutivo el repudiado presidente Aleksandr Lukashenko y la oposición que rechaza su sexta relección.

De acuerdo con lo que trascendió, Putin subrayó que es inadmisible cualquier injerencia foránea en los asuntos internos de Bielorrusia y recordó que, con base en los tratados bilaterales vigentes, Rusia puede enviar tropas, ya listas en la frontera, en caso de que se lo pida el gobierno legítimo bielorruso ante una agresión externa.

El Kremlin, en realidad, no necesita que Lukashenko permanezca en el poder, sólo se opone a que Bielorrusia le dé la espalda a Rusia y se convierta en un territorio plagado de bases militares de la OTAN, lo que la oposición bielorrusa no reivindica como objetivo.

De hecho, el candidato extraoficial de Rusia en las elecciones del 9 de agosto anterior era el banquero Viktor Babariko, ahora encarcelado por Lukashenko por un supuesto delito fiscal.

La Unión Europea –sinónimo de la OTAN, el lado militarista de la misma moneda–, a través de Merkel y Macron se pronunció en favor de repetir los comicios, cesar la represión y liberar a todos los presos políticos y detenidos por las acciones de protesta.

Se comenta que las llamadas de la alemana y el francés se debieron a la intención de los 27 países miembros, encabezados por Estados Unidos, de advertir que tendría para Rusia consecuencias nefastas reeditar el operativo de 2014 que terminó con la anexión de Crimea.

El contexto por supuesto es muy diferente y Putin duda, mientras influyentes voceros de un sector de la élite rusa consideran que ya es hora de que “los hombres amables”, eufemismo de las unidades especiales del ejército ruso, metan orden en Bielorrusia.

Entretanto, con multitudinarias manifestaciones de repudio a Lukashenko en Minsk y otras ciudades y actos de apoyo a Lukashenko con acarreados en el interior del país para compensar el bochorno de los abucheos y los gritos de “vete ya” del lunes anterior en uno de los consorcios públicos más importantes del país, continuó este martes el forcejeo entre un presidente que se resiste a dimitir y una oposición cada vez más decidida a que debe irse sin demora.

Lukashenko calificó de “un intento de arrebatar el poder” la creación de un Consejo de Coordinación de la sociedad civil –según él formado por “antiguos privilegiados, amargados y hasta por personajes francamente nazis”– para negociar la transferencia pacífica del gobierno, anunciado desde Lituania por Svetlana Tijanovskaya, la candidata unificada de la oposición, quien se declaró dispuesta a regresar a Bielorrusia y asumir la función de “líder nacional” hasta la convocatoria de nuevos comicios.

El Consejo, integrado por representantes de los más diversos ámbitos, entre ellos Svetlana Aleksievich, premio Nobel de Literatura, se plantea sólo una meta: que Lukashenko, conforme a insistentes rumores además convaleciente de un reciente ictus, dimita y así poder garantizar la etapa pacífica de transición política hasta que la actual crisis concluya con una nueva cita en las urnas.

La escritora Aleksievich respondió a Lukashenko con este mensaje: “Vete, antes de que sea tarde, antes de que tú lances a tu pueblo por un terrible precipicio, el precipicio de la guerra civil. ¡Vete! Nadie quiere un Maidán (en alusión a la revuelta popular de Ucrania), nadie quiere un baño de sangre. Sólo tú aferras al poder y eso puede acabar muy mal…”.

 

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