Detienen a asesor de la Agencia Espacial Rusa por presunto espionaje

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Moscú. Un día después de que fracasó en su intento de encarcelar a la reportera Svetlana Prokopieva, el FSB (siglas en ruso del Servicio Federal de Seguridad) detuvo este martes al periodista Ivan Safronov –desde hace dos meses asesor de comunicación de Dimitri Rogozin, director general de la Agencia Espacial de Rusia– bajo la seria acusación de cometer “traición a la patria”, que se castiga con hasta 20 años de cárcel.

Según un escueto comunicado del FSB, “Safronov, al cumplir tareas del servicio de espionaje de unos de los países de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), recabó y entregó a uno de sus agentes datos que contenían secretos de Estado sobre la cooperación militar y técnica (eufemismo por venta de armamento), la defensa y la seguridad de Rusia”.

Planteada en esos términos, la noticia conmocionó a cuantos conocen a Safronov –trabajó veinte años en el diario Kommersant, primero, y después en el periódico Vedomosti– y ponen las manos en el fuego por él.

No se explican de qué lo acusan, más aún que Rogozin, su actual jefe, declaró de inmediato que el periodista no tenía acceso a secretos de Estado relacionados con la Agencia Espacial y se preguntan, si acaso cometió algún delito antes, por qué no lo detuvieron entonces.

Entretanto, el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, afirmó que el FSB tendría sólidas razones para detener a Safronov y, a la vez, elogió el trabajo del detenido cuando lo veía a diario en los años que cubrió para Kommersant la fuente de la presidencia.

Durante todo el día, los medios donde laboró Safronov y otros que se solidarizaron difundieron declaraciones pidiendo su libertad, mientras numerosos colegas suyos –al defender su inocencia con plantones individuales junto a la sede del FSB en Moscú y antes de ser arrestados por la policía– exigieron con pancartas que haya transparencia en el juicio en su contra y que no se lleve a cabo a puerta cerrada bajo el pretexto de que se ventilarán secretos de Estado.

En su brillante carrera como reportero, Safronov publicó sonadas investigaciones que le causaron no pocos problemas, incluso el despido, pero nunca reveló sus fuentes pese a las presiones que recibió, entre otros, por parte del FSB.

Toda proporción guardada, y por la solidaria e inmediata reacción de sus colegas que están convencidos de que Safronov es víctima de una acusación fabricada como venganza por su trabajo de periodista, Rusia podría tener un segundo “caso Ivan Golunov”, el reportero al que, en junio del año pasado, se quiso encarcelar por “traficar con drogas” y cuya detención provocó tal ola de indignación que quedó exonerado de toda culpa.

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