En plena crisis por Covid-19, Trump retoma campaña electoral y ataca opositores

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Nueva York. El torbellino de ataques, despidos y acusaciones que diariamente provienen de la Casa Blanca -en particular contra cualquier crítica al manejo político de la pandemia que ha desatado la crisis de salud pública y económica- se ha intensificado como parte de la ofensiva electoral, repitiendo las tácticas “sucias” que ayudaron a llevar a Donald Trump a la presidencia en la pugna electoral de 2016.

En medio de una pandemia histórica y una crisis económica que en muchos sentidos es comparable a la Gran Depresión, el presidente se ha dedicado a polarizar todo y continuar desafiando las llamadas “normas” políticas dejando a muchos analistas asombrados ante el asalto diario contra opositores, disidentes, los medios y hasta integrantes de su gobierno -incluyendo sus propios expertos en salud pública.

A fines de la semana pasada, el presidente despidió al inspector general del Departamento de Estado quien aparentemente estaba investigando la venta de armas sofisticadas a Arabia Saudita promovida por el secretario de Estado, Mike Pompeo, como su uso inapropiado de subordinados para hacerle tareas personales. En abril, Trump despidió al inspector general del Departamento de Defensa y después a su contraparte en la comunidad de inteligencia

Hoy atacó a Nancy Pelosi, presidenta de la cámara baja y la demócrata electa más poderosa del país (si Trump y su vicepresidente Mike Pence se enferman y quedan incapacitados por el virus, ella asumiría la presidencia bajo la Constitución), comentando que ella “es una mujer enferma…tiene muchos problemas, muchos problemas mentales”

La semana pasada dijo que su propio experto de salud, el doctor Anthony Fauci, estaba equivocado al aconsejar en contra de la reapertura de las escuelas y denunció a un alto funcionario de salud pública de su gobierno quien testificó ante el Congreso sobre el mal manejo de la pandemia.

Y en los últimos días Trump regresó a su obsesión con su antecesor, denunciando un escándalo inexistente que bautizó como “Obamagate” al cual calificó como “el crimen y escándalo político más grande de la historia de EU” y “peor que Watergate”, donde sugiere, entre otras cosas y sin pruebas ni detalle, que el gobierno de Barack Obama conspiró para fabricar la acusación de que la campaña de Trump se coludió con los rusos entre otras cosas. El mandatario ha recurrido a culpar a Barack Obama -a quien llamó “un presidente incompetente”-  de casi todo, incluyendo de ser responsable de que el gobierno de Trump no estuviera preparado para la pandemia. 

Todo es parte de los que algunos observadores ya pronostican será la campaña “más sucia” de tiempos recientes.

Parte de lo que explica este nueva torrente de descalificaciones y ataques es que de pronto la estrategia para la reelección del presidente, basada en que él solito había llevado al país de regreso a su gloria al generar “la economía más grandiosa en la historia del mundo”, se anuló con la pandemia. Con ahora con más de 36 millones de desempleados y una economía en ruinas, hay cierta desesperación en la retórica del presidente, quien insiste en que todo esto es solo es una interrupción, y culpa de todo a los demás, incluyendo Obama, la Organización Mundial de Salud, los chinos, y todos los inmigrantes, entre otros.

Trump ha atacado a Joseph Biden, quien se supone será el candidato demócrata para la presidencia en las elecciones que culminarán en noviembre, no por sus posiciones, sino con insultos, burlándose una y otra vez de su forma de hablar, de su edad, repitiendo su apodo de  “el somnoliento Joe” y hasta declarando que “ni él sabe que está vivo”. Pero por ahora, Biden mantiene una ventaja sobre Trump en las encuestas.

La reelección de un mandatario que ha presidido sobre la muerte de más de 90 mil estadunidenses y la peor crisis económica en 90 años no debería de ser nada fácil, y algunos temen que para lograrlo, Trump y su equipo tendrán que estar dispuestos a usar tácticas aún más extremas que las de 2016, incluyendo la intimidación, una polarización social hasta más aguda y la supresión del voto -algunos están alertando de que incluso podría usar la pandemia para aplazar la eleccion misma si no está confiado en ganar.

Otros señalan que Trump sabe que las consecuencias de una derrota en noviembre podrían no solo ser políticas sino personales. Vale recordar que Trump ha sido acusado y está bajo investigación por toda una serie de asuntos, desde violación sexual a pagos por silencio a una estrella de pornografia, a enriquecimiento ilícito durante su presidencia, a posibles violaciones relacionadas con sus impuestos, entre varios otros asuntos sospechosos.  

Biden se comprometió públicamente, al ser preguntado hace unos días, a no contemplar un “indulto presidencial” si Trump es acusado y condenado de delitos una vez que no goce de su inmunidad presidencial.

 

 

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