España: los sobrevivientes del Covid-19

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Madrid. Desde que estalló la pandemia del Covid-19 en España se han curado hasta la fecha alrededor de dos de cada diez infectados. Es decir, de un total de casi 80 mil personas que forman parte de las estadísticas oficiales como “contagiados”, ya han sido dadas de alta 14 mil 709, entre los que hay jóvenes y mayores, mujeres y hombres, ricos y pobres, deportistas y sedentarios, del sur y del norte del país.

En plena crisis sanitaria, con casi siete mil muertos y los peores días todavía por llegar, el rostro y la voz de los sobrevivientes del Covid-19 son un aliento de esperanza para los que siguen luchando, en hospitales y casas, por derrotar a la enfermedad.

“Después de un viaje por Malta empecé a sentirme mal. No demasiado, simplemente me costaba respirar, perdí de golpe el sentido del olfato y por tanto el del gusto, y me daban mareos leves. No le di demasiada importancia, hasta que me sospeché que a lo mejor tenía yo mismo la enfermedad y era un riesgo para mi propia familia”, relató a La Jornada Javier Aguinaga, un ingeniero originario de Burgos que vive en Madrid y que venció, casi un mes después de haber sentido los primeros síntomas, a la pandemia.

Javier, como tantos miles de enfermos, no se sometió a un test y ni siquiera fue atendido por los médicos. Simplemente rellenó un formulario en una aplicación de teléfono celular, hizo una llamada al número de atención de los potenciales pacientes y se quedó en casa haciendo reposo y tomando paracetamol para aliviar las molestias.

A diferencia de Javier, a Alfonso Reyes, ex jugador de basquetbol profesional y actual presidente de la Asociación de Baloncestistas Profesionales (ABP), lo tuvieron que internar en la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital madrileño. Estuvo grave. Muy grave, pero finalmente logró salir adelante y fue dado de alta el pasado jueves. “Los primeros días fueron durísimos. Aún tengo tos, molestias y según me explicaron los médicos el hiputa bicho que se me metió todavía lo tendré dentro al menos 15 días más. Así que salgo del hospital y me voy a casa, pero tendré que vivir aislado de la familia otras dos semanas”, relata.

En su convalecencia, Reyes, de 48 años y con casi dos metros de estatura, perdió hasta ocho kilos de peso y vivió momentos de penumbra en los que vio de cerca a la muerte. Su contagio lo atribuyó a un viaje a Milán que hizo su hermano, Felipe Reyes, jugador del equipo profesional del Real Madrid de baloncesto, pero nadie lo sabe con certeza.

“Sigo aislado. En una habitación con baño. Me dejan la comida en la puerta, y tengo un balcón al que puedo salir y desde donde puedo comunicarme, con una distancia prudencial, con mi familia. Estuve muy preocupado hasta que me internaron en el hospital, una vez allí, sabes que estás bien atendido y medicado y solo piensas en derrotar al bicho. Se me hizo muy duro. Creo que es la mayor prueba que se me ha presentado en la vida. Pues, como le digo yo, el hideputa es un enemigo muy poderoso, cruel, traicionero y tremendamente persistente”, menciona Reyes.

Oscar López es un médico andaluz que tuvo que enfrentarse a la pandemia desde el primer frente de batalla, es decir desde las urgencias y la atención directa con los enfermos que no dejan de llegar a los hospitales españoles. La carencia de medios básicos para evitar el contagio, como mascarillas y guantes, podría ser el motivo de su contagio, que además de someterlo a una cuarentena difícil y tortuosa también provocó la supresión de un elemento en la sanidad española. “Los médicos hemos estado en la primera línea de batalla en esta guerra. En especial, los médicos de urgencias hospitalarias y ambulatorias, como es mi caso. Que yo tenga que atender a 40 o 50 pacientes distintos al día en mi consulta médica hace que la probabilidad se incremente exponencialmente. En mi caso, yo creo que el contagio, aunque es todavía para mí un misterio, se produjo en los comienzos de la pandemia, quizás, con algún positivo asintomático”.

Aunque la mayoría de las personas que salen adelante de la enfermedad en promedio tienen menos de 65 años, Carlos Bueno, un jubilado de 86 años, se convirtió en motivo de orgullo del Hospital Universitario de La Paz, en Madrid, cuando salió de su propio pie el pasado jueves después de haber estado diez días en estado crítico en la UCE. Su hijo relató que su “padre ha estado luchando contra el coronavirus más de dos semanas y finalmente ha sido capaz de vencerlo, a sus casi 90. Es muy fuerte, pero sin duda salió adelante gracias a la atención profesional y entregada del equipo médico, al que toda la familia le estaremos eternamente agradecidos”.

Otro sobreviviente del Covid-19 es Pedro Alfaro, que le dieron el alta médica hace sólo cuatro días y ya está en casa, aislado del resto de su familia, pero fuera de peligro. “Noté malestar de cuerpo, parecido a una gripe normal, salvo con el pequeño detalle de que perdí la capacidad de olfato. Eso no se sabía, pero ahora se sabe que sí, que es uno de los posibles síntomas. A mi me ingresaron tras una placa y un análisis de sangre. Estuve en observación. Me dejaron allí porque sabían que iba a haber una recaída por los resultados. Gracias a eso no fue peor y me dieron tratamiento de retrovirales y por eso lo puedo hoy contar”.

Un caso parecido al de Nil Monró, estudiante de publicidad en Barcelona y uno de los primeros pacientes registrados con la enfermedad, quien se habría contagiado en Milán durante un viaje. “Los síntomas han sido diversos y se han manifestado en intensidades diferentes a lo largo de toda la enfermedad. Fiebre, malestar general, mocos, garganta seca, mareos, náuseas, molestias musculares y en articulaciones. He intentado mantenerme lo más positivo posible aunque también me he permitido llorar, pues el confinamiento es raro, aún estoy asimilando todo.”

Todos ellos forman parte del motivo porque cada luchan en las urgencias y en las plantas más dramáticas de los hospitales españoles miles de sanitarios que se han convertido en los héroes del país. Por eso cada día, a las ocho de la noche, en todas las ciudades del país y prácticamente desde todos los balcones y terrazas se les regala un emotivo aplauso de más de cinco minutos. Es uno de los momentos más esperados de un país en duelo.

 

 

 

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