La ultraderecha llega a la vicepresidencia del Congreso español

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Madrid. En un clima de fragmentación e incertidumbre ante la formación del nuevo gobierno, el Congreso de los Diputados de España inició su andadura para la XIV legislatura, que podría convertirse en la primera en albergar un gobierno de coalición de izquierdas desde la II República de 1934. El primer acto del nuevo Parlamento fue la elección de los miembros de la Mesa -el órgano regulador-, que estará controlado por las fuerzas de izquierda al sumar seis de los nuevo cargos. Por primera vez en la historia una formación de extrema derecha, Vox, logró una vicepresidencia gracias a su resultado electoral en los comicios del pasado 10 de noviembre, en las que se convirtió en la tercera fuerza del país con 52 diputados y más de tres millones 500 mil votantes.

España vive sumida en la parálisis institucional y en el bloqueo político desde hace por lo menos tres años, cuando el gobierno del derechista Mariano Rajoy tenía una mayoría exigua en el Congreso y era incapaz de lograr acuerdos para el funcionamiento de la administración, como la aprobación de los presupuestos o el impulso de nuevos programas públicos. En mayo del 2018, el actual mandatario, el socialista Pedro Sánchez, logró sacar adelante una moción de censura contra Rajoy que también sirvió para auparle al poder. Pero el gobierno resultante de esa maniobra fue aún más débil que el anterior, sin apoyos parlamentarios necesarios para sacar adelante los presupuestos.

El fracaso en la aprobación de los nuevos presupuestos precipitó el final de la legislatura de entonces y la convocatoria de elecciones anticipadas, que se llevaron a cabo el pasado 28 de abril. De esos comicios tampoco se pudo sacar adelante una nueva investidura y por lo tanto la formación de un nuevo gobierno, ante el fracaso de las fuerzas de izquierda para alcanzar un pacto, por lo que se tuvieron que convocar nuevas elecciones generales -las cuartas en cuatro años- para el pasado 10 de noviembre.

Esos comicios no sólo confirmaron la fragmentación en cinco bloques del Congreso de los Diputados, sino que además arrojaron una distribución de los escaños que hace que hoy siga siendo una incógnita si finalmente se podrá sacar adelante la investidura y por lo tanto que inicie formalmente la legislatura de cuatro años.

El primer gran acto del Congreso fue la elección de la Mesa, integrada por una presidencia, cuatro vicepresidencias y cuatro secretarías. Es decir, nueve miembros que son a su vez los responsables de la elección de asuntos a tratar, procedimientos de los debates y demás cuestiones internas del trabajo rutinario del Parlamento. La presidencia recayó de nuevo en la socialista Meritxell Batet; las cuatro vicepresidencias recayeron en el PSOE, el Partido Popular (PP), Vox y Unidas Podemos; y de las cuatro secretarías una fue para el PP y el resto para las dos fuerzas de izquierda.

Con este resultado, la Mesa del Congreso estará controlada por el PSOE y UP, como preámbulo de acuerdo de gobierno en ciernes, una vez que la formación morada liderada por Pablo Iglesias logró tres puestos de representación gracias a los votos prestados del PSOE. En su discurso de apertura, Batet pidió a los diputados “prudencia, respeto y diálogo”. Y añadió que “puede parecernos que nuestra fragmentación y la disparidad de nuestras posiciones harán estéril cualquier diálogo. Pero quien eso crea hará bien en pensar que el diálogo es en la política lo que el trabajo de investigación básica es en la ciencia”.

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