Llama Piñera a enfrentar a un “enemigo poderoso” en Chile

Compartir en Facebook Compartir en Whatsapp

Santiago. Se necesitaron 41 días de sistemático levantamiento social, para que el gobierno de Chile dialogara con la Mesa de Unidad Social, un conjunto de unas 200 organizaciones civiles, cuyos dirigentes fueron recibidos ayer en el Palacio de La Moneda, sede del gobierno, por el ministro del Interior, Gonzalo Blumel. Por dos horas y media se prolongó la reunión y, aparte de decirle las cosas en su cara al jefe político del gabinete, nada en limpio se obtuvo.

Simultáneamente, en una academia policiaca, el presidente Sebastián Piñera se despachaba a su antojo con su oratoria intimidante y belicosa en la ceremonia de graduación de 250 novatos de la Policía de Investigaciones (PDI), a quienes les planteó su teoría del enemigo interno que usa para explicar la crisis política y social que ha destruido su presidencia, llegando a decir que es una guerra.

“Estamos enfrentando un enemigo poderoso, implacable. Que no respeta a nada ni a nadie, que no respeta la vida de los seres humanos, que no respeta a nuestros héroes (…). . Que no respeta nuestras infraestructuras más básicas como el Metro o nuestros hospitales. Un enemigo que actúa con una planificación profesional y una maldad sin límite", escucharon los detectives.

“Estamos viviendo tiempos muy difíciles. (…). Por esa razón quiero que tengamos conciencia. Aquí no hay que dar espacio ni a la tibieza ni a la ambigüedad. Ni mucho menos a la debilidad”, afirmó.

“La legislación que tenemos hoy para combatir a los encapuchados, a los vándalos, a los que hacen barricadas y obstaculizan el libre tránsito, no es suficiente”, sino que se necesitan "leyes más severas para enfrentar con mayor eficacia a este implacable enemigo”, aseguró.

Ustedes salen, les dijo a los detectives, "a combatir esa violencia criminal que hemos conocido los últimos días. Esa delincuencia sin límite en que también está involucrado el narcotráfico, movimientos anárquicos y muchos otros. Y siempre, y en todo momento, tienen que hacerlo en el marco de la ley, dentro del marco del respeto a los derechos humanos de todas las personas”.

Después de esto, ¿con qué espíritu saldrán estos policías a las calles?

Pero es el lenguaje empleado por Piñera desde el día uno para referirse al estallido social y por cuyo desastroso manejo pasará a la historia, con decenas de muertos y centenares de heridos, con flagrantes violaciones y abusos a los derechos humanos, constatados por Amnistía Internacional y HRW.

Ni una sola palabra destinó el presidente a lamentar la suerte de Gustavo Gatica y de Fabiola Campillay, las dos personas que quedaron ciegas a manos de la policía. Gustavo, de 21 años y estudiante de sicología, participaba pacíficamente en una manifestación el 8 de noviembre cuando un escopetazo con perdigones impactó en sus ojos. Y Fabiola, de 36, recibió en su rostro una bomba lacrimógena disparada directamente por un carabinero, la noche del miércoles 27, mientras esperaba locomoción para ir a su trabajo nocturno en una fábrica.

Con los dirigentes sociales

Uno de los dirigentes que asistió a La Moneda, el presidente del Colegio de Profesores, Mario Aguilar, afirmó que expusieron “con claridad y transparencia cuáles son nuestras demandas" y que se trató de "una reunión dura, áspera, en el sentido de cómo planteamos las cosas”.

El dirigente calificó como "absolutamente insuficiente” el acuerdo para generar una nueva constitución al que llegaron hace dos semanas dirigentes del oficialismo y de la oposición, demandando que las organizaciones sociales puedan ser parte de ese acuerdo pero si se consideran sus peticiones.

"Queremos una nueva Constitución pero sin letra chica y trampas. Hemos sido muy claros en que no estamos disponibles para una negociación a espaldas de la gente. Valoramos que haya habido este primer diálogo pero no hay disponibilidad nuestra para cosas escondidas, tienen que responderle a la ciudadanía”.

La presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Bárbara Figueroa, reconoció que el ministro Blumel les solicitó el inicio de un proceso de diálogo, a lo cual le contestaron que "sólo podríamos iniciar un diálogo cuando aquí haya señales claras y contundentes, como por ejemplo detener la tramitación de los proyectos que es claro que la gente no quiere como el del ingreso mínimo".

Ella demandó que “el gobierno se empiece a hacer cargo de una agenda social más ambiciosa y ojalá en un tiempo más acotado, y que no tenga que esperar 40 días más de movilización para dar respuestas”. 

Últimas noticias