Optimismo moderado en el PSOE de cara a los comicios en España

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Madrid. Todas las encuestas, las cibernéticas de las redes sociales o las de viva voz de los grandes medios de comunicación electrónica, coincidieron en dos cosas: el debate electoral de cara a los comicios del próximo domingo que se celebró el pasado lunes tuvo dos claros vencedores: el presidente del gobierno y aspirante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, que aguantó las embestidas del resto de adversarios y mantuvo el tipo; y el líder emergente de la extrema derecha de Vox, Santiago Abascal, que se convirtió en el gran beneficiado de la jornada. Mientras que en las filas socialistas impera el optimismo moderado y hasta la complacencia, en los cuarteles generales de Ciudadanos (C´s) y de Unidas Podemos (UP) crece la preocupación ante lo que podría ser una noche electoral aciaga.

España vivirá sus segundas elecciones generales en menos de un año. Las últimas, las del pasado 28 de abril, arrojaron una fragmentación parlamentaria que los dirigentes políticos de los principales partidos políticos -sobre todo los de la izquierda- fueron incapaces de encausar. El bloqueo o la falta de acuerdos derivaron en la convocatoria de unas nuevas elecciones -las cuartas en sólo cinco años- y con las que se confirmó además una nueva realidad política en el país, muy lejos ya del tradicional bipartidismo que imperó durante décadas.

Con las espadas desenvainadas y las cautelas a flor de piel, los cincos aspirantes a presidir el gobierno acudieron al único debate que se llevará a cabo; en parte porque el periodo electoral se acortó debido a la repetición de los comicios y también porque no hubo acuerdo entre los dirigentes a celebrar más debates. Durante casi tres horas se escucharon los argumentos de unos y otros, se repitieron hasta la extenuación las mismas consignas que han repetido cada uno en los últimos meses, para que finalmente la audiencia -más del 52 por ciento de cuota de pantalla- sentenciara que el claro vencedor del debate fue el socialista Sánchez. Y que muy cerca le seguía la figura emergente y que preocupa cada vez más a la opinión pública de Santiago Abascal, que enarbola un discurso tradicional de la extrema derecha, con sus ataques reiterados a los ciudadanos extranjeros, a las políticas igualitarias de vocación feminista, que pretende ilegalizar a todos los partidos nacionalistas y que hasta impulsa un debate para abolir definitivamente el actual modelo autonómico.

El debate también confirmó lo que vienen advirtiendo en las últimas semanas las encuestas, que el PSOE ganará pero que no tendrá los apoyos necesarios para gobernar; que el Partido Popular (PP) se consolidará como la segunda fuerza electoral y recuperará el terreno perdido en las últimas elecciones; que las dos fuerzas emergentes de los últimos años, C´s y UP, sufrirán una dura caída; y, por último, que el partido de la extrema derecha populista, xenófoba y misógina gana cada vez más adeptos, hasta el punto de que podría llegar a convertirse en la tercera fuerza electoral en votos, al menos según los sondeos.

De hecho, algunos sondeos advierten de que se prevé un escenario de empate técnico entre el llamado bloque de la derecha con el de las fuerzas progresistas, con lo que, una vez más, la llave de la gobernabilidad estaría en manos de las fuerzas nacionalistas catalanas y vascas. Un escenario aún más complejo si se toma en cuenta el actual conflicto catalán y la ausencia de diálogo entre Barcelona y Madrid. La resultante de esa nueva correlación sería un mapa todavía más fragmentado que el actual y en el que ambos bloques quedarían muy lejos de la mayoría absoluta (a entre 20 y 21 escaños de distancia. A lo que hay que añadir el hundimiento de Ciudadanos, de una envergadura inédita: perdería el 74 por ciento de escaños en apenas seis meses, lo que altera definitivamente el mapa electoral y aupa a Vox hasta la tercera posición.

Con este escenario, a lo que hay que sumar el escepticismo y el desencanto creciente de la sociedad -de hecho todavía hay un 30 por ciento de electores indecisos si ir a votar o no el próximo domingo-, los partidos políticos afrontan una semana decisiva que definirá el reparto del poder en los próximos cuatro años.

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