Cataluña, manzana de la discordia en debate electoral en España

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Madrid. Un tema domina las elecciones generales españolas del 10 de noviembre. Se llama Cataluña y los cinco partidos con presencia parlamentaria, de izquierda a ultraderecha, no pueden evitarlo. Fue el punto que enconó a todos durante el debate nocturno del lunes pasado. Es la manzana de la discordia, el centro de la polarización extrema. En un clima de apatía electoral evidente, los sondeos postdebate ubican al PSOE como el ganador y en segundo lugar, la sorpresa preocupante, al derechista Vox, herederos genuinos y desvergonzados del fascismo español encarnado en la dictadura de Francisco Franco.

Por el centroizquierda el presidente socialista en funciones, Pedro Sánchez, nadó de muertito mientras sus cuatro contrincantes se lanzaban sobre su yugular. Las encuestas lo dan como el ganón. Santiago Abascal, líder del ultraderechista Vox, fue de menos a más. Era su primer gran debate y lo administró a conciencia. Discurso el suyo cargado de alusiones xenofóbicas que parecen calar cada vez más en la España profunda. Tanto, que esos mismos sondeos lo ubican en el segundo lugar del debate.

Otra cosa será el veredicto popular del 10 de noviembre. PSOE en primer lugar, PP detrás y Vox como tercera fuerza política. Las huestes de Pablo Iglesias, Unidas Podemos, quedaría en cuarto lugar, y en lo que sería el campanazo dominguero, Albert Rivera y ese híbrido político-electoral llamado Ciudadanos, quedaría en el vagón de cola.

También parece claro que el panorama del día después, 11 de noviembre, quedará como está desde las elecciones del pasado abril: perfectamente bloqueado en términos de gobernabilidad. No se ven luces al final del túnel, y tampoco se ven muchas luces en los políticos de la España de hoy. Prima el encono barriobajero, el amarre de navajas permanente. Da la impresión de que este país les importa un carajo.

En el debate del pasado lunes, y lo reflejaron hoy prácticamente todas las televisoras, los cinco suspirantes mintieron tanto como hablaron. La balconeada que este martes les encajaron los medios fue tan espectacular como inapelable. Excelente ejercicio periodístico.

No hay que echar en saco roto el tremendo avance electoral que las encuestas otorgan a Vox. Para quienes sufrieron la dictadura en carne propia, para sus hijos, nietos y bisnietos, es el retorno de la pesadilla, y buena parte de este país parece hoy inclinarse por esa opción. Mano dura, guerra a los migrantes, guerra a Cataluña y al País Vasco, guerra a las leyes sobre la igualdad de género, en suma, guerra a todo lo que huela a rojo. Hay que recordar que en la guerra civil encabezada por el golpista Franco, había dos bandos: los nacionales y los rojos. Ese oprobioso pasado asoma con descaro su afilado perfil.

Pero hoy y ahora la campaña electoral está dominada por lo que sucede en Cataluña: ahí parece estar el meollo de lo que suceda el domingo próximo. País caracterizado históricamente como pragmático, habitado por gente tranquila, Cataluña siempre fue, sin querer ni buscarlo, lo contrario al largo y violento conflicto entre el Estado español y el País Vasco.

Pero como nada es para siempre, las tornas se invirtieron y la jaqueca para Madrid ya no son los vascos irredentos, sino los catalanes sublevados un día sí y al otro también. Nadie se atreve a apostar sobre el final del drama. Y no pocos temen que los resultados electorales del domingo sirvan para que algunas cosas cambien con el fin de que todo siga igual.

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