Ojarasca / Los chimalapas, donde viven los hijos del jaguar

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Siguiendo los pasos pioneros del naturalista Thomas MacDougall (“Don Tomás”), decidí explorar Oaxaca, la entidad mexicana con el nivel más alto de biodiversidad (García-Mendoza et al., 2004). Me interesó particularmente el Istmo de Tehuantepec, donde MacDougall describiría para el mundo occidental la mítica región de Los Chimalapas.

Entre otras especies botánicas nuevas para la ciencia occidental, descubrió por primera vez para la entidad al mítico quetzal resplandeciente (Pharomachrus mocinno), que es el ave más hermosa en el mundo, y también a la víbora de palma de Rowley (Bothrops nigroviridis macdougalli, ahora conocida como Bothriechis rowleyi), que es sin duda la serpiente más bella y enigmática de Oaxaca. Otro dato relevante que considero clave es el que el extinto Iván Lira-Torres dejaría de manera anecdótica acerca de que muy posiblemente la región de Los Chimalapas sea la que alberga a la población más importante de jaguar (Panthera onca) en todo México (título que actualmente ostenta Calakmul). Después de seis largos años de espera, creamos la primera oportunidad formal de introducción con las autoridades locales (Presidente del Comisariado de Bienes Comunales) de esta comunidad originaria-mestiza, propietaria legítima y ancestral de este extraordinario territorio comunal y sus invaluables bienes naturales comunes.

Los “chimas” (zoques o ang pon) son pueblos originarios cuyos antepasados son los olmecas prehistóricos (cultura madre de Mesoamérica, también conocida como “el Pueblo del Jaguar”). Otras fuentes los vinculan también con la cultura mokaya (“Hombres del Maíz”), que es considerada como la transición entre olmecas y mayas. Los comuneros chima (como ellos mismos se autoadscriben) afirman ser los propietarios legales de más de 600 mil hectáreas de una variedad de ecosistemas de bosques tropicales, incluidos el bosque tropical perennifolio y el bosque mesófilo de montaña, que son los de mayor biodiversidad, el segundo con la mayor tasa de endemismo. Fue, de hecho, hace poco más de cuatro siglos que los ang pon reafirmaron su derecho legítimo y ancestral sobre su vasto territorio comunal al pagar a la corona española el precio de veinticinco mil pesos oro, entregados en jícaras y sirviendo como intermediario Juan Domingo Pintado, para obtener así los títulos virreinales primordiales que los acreditan como dueños legítimos de este territorio megadiverso. Esta región es de hecho la de mayor riqueza biológica a nivel del país (ver Tabla 1), todo bajo la tenencia social (comunal) de la tierra y gracias a las iniciativas de conservación comunitaria. Su nombre en lengua ang pon tsame “Chimalapa” traducido al español castellano significa “Jícara de oro” (ver García-Aguirre, 2013). Sin lugar a dudas la región es rica similarmente en recursos (bienes) minerales, hídricos, forestales y genéticos.

Para describir la razón principal por la cual la región de Los Chimalapas es realmente interesante y prioritaria para su conocimiento y conservación, es preciso mencionar que en un estudio muy reciente (Figel et al., 2018) se documentó de manera formal que el rango de distribución del jaguar (Panthera onca) se superpone al de muchas otras especies endémicas regionales de otros grupos de vertebrados terrestres (anfibios y reptiles). De las 304 especies endémicas regionales en Centroamérica Nuclear (CAN) (~370 mil kilómetros cuadrados compuestos por el área continental entre el Istmo de Tehuantepec en el sur de México y la Depresión de Nicaragua en el norte de Nicaragua, excluyendo Belice y la Península de Yucatán), las distribuciones de 187 especies de anfibios y reptiles (61.5 por ciento) se encontraron superpuestos al rango del jaguar. Las distribuciones de 14 reptiles, incluida una víbora de palma (Bothriechis spp.) en peligro crítico de extinción y dos especies de lagartijas conocidas como abaniquillos (Norops spp.), en peligro de extinción, ocurren exclusivamente dentro de la distribución del jaguar. De manera similar, las distribuciones de 19 anfibios, incluidas cuatro ranitas de hojarasca (Craugastor spp.) en peligro crítico de extinción y dos ranas arborícolas de montaña (Plectrohyla spp.) en peligro crítico de extinción, ocurren completamente dentro de la distribución del también conocido como “tigre de la montaña grande” (Kotze Kang; Kahan). Los resultados indicaron que Los Chimalapas, con un total de 59 especies miembros de la herpetofauna que se superponen con las Unidades de Conservación del Jaguar, representa el área más destacada en la materia de todo CAN, que es un punto crítico global de disminución de las poblaciones de anfibios, que son a su vez la clase de vertebrados más amenazada globalmente. Haciendo hincapié en el terrible estado de conservación de los anfibios, Lips y Mendelson (2008) mencionaron: “Nos enfrentamos a la extinción sincrónica de una proporción significativa de todo un grupo de vertebrados, y proponemos que ya no es correcto hablar de declive global de anfibios sino, más apropiadamente, de las extinciones globales de los anfibios”. Para los reptiles, CAN contiene la mayor densidad de especies amenazadas o altamente vulnerables, más que cualquier otra región del hemisferio occidental (Johnson et al., 2017; Mata-Silva et al. 2019).

El estado de conservación del jaguar (Panthera onca) es considerado como especie “casi amenazada” por la UICN, sin embargo, es considerado como en “peligro de extinción” por la normatividad mexicana (NOM-059-SEMARNAT, 2010). Actualmente no hay estimaciones confiables del tamaño de población a nivel nacional (ver Faller-Menéndez, 2015). La especie, sin embargo, sigue teniendo una importancia y trascendencia ecológica y sociocultural tan alta (a diferencia de otros grupos o especies) que recibe mayor atención mediática, científica, así como recursos financieros para su estudio, protección y conservación. Adicionalmente se estima que los datos disponibles sobre la presencia del jaguar dentro de las Áreas Naturales Protegidas (ANPs) por decreto en México representan sólo el 38 por ciento de la distribución del jaguar cubierto en un total de 43 (de un total de 182) ANPs federales (CONANP, 2018). Pertinentemente, un estudio en Oaxaca (Briones-Salas et al., 2012) documentó que no existen registros de jaguar dentro de las ANPs por decreto en dicho estado, pero cerca del 50 por ciento se encontraron dentro o cerca de las Áreas de Conservación Comunitarias (sin decreto). En Oaxaca, donde cerca del 80 por ciento del territorio está bajo la tenencia social de la tierra, podemos encontrar las iniciativas pioneras en México en materia de conservación comunitaria (como la Reserva Ecológica Campesina de los Chimalapas; 1992), con más de 192 (dos mil 512 kilómetros cuadrados) de estas iniciativas operando dentro del territorio del estado (Galindo-Leal, 2010).

Sospecho que la herpetofauna de Oaxaca, que alcanza el nivel más alto de diversidad y endemicidad a nivel de país (ver Mata-Silva et al., 2015), también está obteniendo protección a largo plazo gracias a las iniciativas comunitarias de conservación y también gracias a la protección y preservación de la especie más icónica, emblemática, carismática y paraguas de todo Mesoamérica: el jaguar (“Señor de los animales”, “Corazón de la montaña” y “Guardián del monte”). Es importante señalar que en tiempos de verdadera crisis socioambiental en que el modelo de conservación formal de la biodiversidad en México basado en ANPs ha demostrado ser un gran fraude (o al menos estar bajo una presión significativa, como con el establecimiento de aproximadamente 1,609 concesiones mineras [Arméndariz-Villegas y Ortega-Rubio, 2015]), necesitamos reconocer y fortalecer las acciones comunitarias de conservación. Estos esfuerzos podrían ser la verdadera esperanza para la preservación a perpetuidad de la biodiversidad, incluidas las sociedades humanas nativas (“Hijos del jaguar”) y la fauna asociada, cubiertos todos bajo el paraguas del jaguar.

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