Se quejan campesinos por construcción de presa Libertad en Monterrey

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Monterrey, NL. La construcción de la presa Libertad, en el cauce del río El Potosí, en los límites de los municipios de Linares y Montemorelos, es la promesa que el gobierno de Nuevo León ha hecho a los campesinos de esta región, para mejorar sus vidas, con una oferta: transformar una región agrícola y ganadera, en una zona eco-turística.

Pero el cambio de sector productivo, como lo planea la administración de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, es algo que no comparten miles de labriegos de la región, quienes se verán afectados por el embalse, cuyo objetivo real es abastecer de agua a la zona metropolitana de la capital neolonesa, según el proyecto respectivo de la paraestatal Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey (SADM).

Los campesinos se resisten a ser lancheros, por encima de todo. Por un asunto de idiosincrasia, de cultura y arraigo a la tierra. Así lo plantea el agricultor José Ramiro Barrera Hernández, comisariado ejidal de San Jacinto, y representante legal de los campesinos de otros ejidos, como San Pedro de los Escobedos, Santa Rosa y La Ramona.

Todos ellos, asegura, verán perjudicada su principal actividad económica si se construye la presa Libertad, pues, subraya, “todos vivimos río abajo, y es la única fuente de agua que tenemos para vivir”.
También, asegura que se verán afectados los más de 4 mil agricultores de los municipios de Terán y China, donde ya en 1991 fracasó el proyecto salinista agrícola, conocido como Plan de Vaquerías, que pretendía “asociar” a labriegos y empresarios nacionales y extranjeros, para producir diversos granos y hortalizas en una superficie de 6 mil hectáreas.

El grupo de campesinos que se opone a la edificación de la presa Libertad guiaron a los reporteros de La Jornada hasta el sitio donde se pretende erigir la cortina de concreto y acero armado, del embalse.

Barrera Hernández, acompañado por otros ejidatarios, apoyándose en dos bastones ortopédicos para mantenerse de pie y con la voz entrecortada (resultado de un infarto cerebro vascular reciente), recuerda como, ya en 1983, otro proyecto hidráulico similar, la presa Cerro Prieto, fue en la región una mala experiencia para los lugareños.

Para abastecer de agua a la presa Cerro Prieto, recuerdan, se desvió el agua de tres afluentes del río San Fernando: Pablillo, Camacho y Hualahuises; sin embargo, los cálculos de ingeniería hidráulica fueron tan malos que la presa nunca se llenó a toda su capacidad, salvo las dos ocasiones en que el agua desbordó esos afluentes, por los huracanes que entraron desde el Golfo y azotaron la región.

A partir de la construcción de dicho embalse, en los límites con Tamaulipas, los campesinos y ganaderos que vivían aguas debajo de Cerro Prieto se vieron severamente afectados.

“Fue muy drástico el cambio, porque antes hacíamos dos temporadas de cosechas por año, de sandía, maíz y frijol, y nos tumbaron ésa agua para la presa Cerro Prieto. Ahora es nada más una cosecha por año… y la pérdida de animales, porque en tiempo de secas, como ahorita, ya no hay agua, ni para tomar nosotros, ni para los animales”, reprocha, Barrera Hernández.

La presa Cerro Prieto fue iniciada por José López Portillo en 1979, e inaugurada en 1984 en el gobierno federal de Miguel de la Madrid Hurtado. Se le denominó entonces “La obra del siglo” por su magnitud. Aquel embalse, tenía como propósito agregar dos metros cúbicos por segundo de abastecimiento de agua, la zona metropolitana de Monterrey, con un acueducto que cruza, justo a un costado de donde se pretende erigir la presa Libertad.

La presa Libertad es un proyecto impulsado por El Bronco, como parte de Plan Hídrico 2030, realizado a partir de un estudio elaborado por el Consejo de Desarrollo del Agua, de Texas.  Una vez concluido, el embalse inundaría las tierras y caserío de tres ejidos: Pito Real, Cañas y El Alto, cuya población subsiste únicamente de la ganadería y agricultura.

Mario Hernández Villarreal, otro de los afectados –aguas abajo-, del ejido Santa Rosa, reprocha el ofrecimiento que les hiciera el gobernador Rodríguez Calderón, de que, una vez construida la presa Libertad, los campesinos podrían subsistir económicamente, integrándose a los servicios de “ecoturismo”, como la renta de lanchas y a actividades de pesca.

Pero esa es exactamente la misma propuesta que en 1984 les hizo en entonces mandatario estatal Alfonso Martínez Domínguez, cuando se edificó la presa Cerro Prieto: “Lo mismo dijeron, que nos iban a dejar los escurrimientos de la presa y que iba a venir mucho turismo y que iba a haber muchas cosas, (pero) ¿qué nos quedó para los de aguas abajo? Nos quedó el río seco, no nos dejaron nada”.

Y añadió Barrera Hernández: “Ya pasó con Cerro Prieto, se hizo una cooperativa de lanchas para la pesca y todo, duró unos seis años, ahora no puedes ni pescar, porque no hay nada”.

El gobierno de El Bronco -se quejan los futuros afectados “aguas abajo”-, no considera la devastación que ocasionará al cerrar el paso con la presa Libertad, al flujo natural de agua que corre por el río El Potosí, con la que históricamente se irrigan miles de hectáreas de cultivos, del sur de Nuevo León y poniente de Tamaulipas.

“Las autoridades no nos han tomado en cuenta, están tomando en cuenta a los del ejido (las comunidades que serán inundadas por el embalse), pero los que vivimos río abajo no nos toman en cuenta y no nos toca ni agua”, se quejó.

Si El Bronco se empeña en construir la presa Libertad, advierten los inconformes, se va a afectar a decenas de miles de campesinos, no solo de los municipios del sureste de Nuevo León, sino también a agricultores y ganaderos del poniente de Tamaulipas.

Y es que desde antaño, por generaciones, campesinos y ganaderos han cultivado sus tierras y criado su ganado, con el agua que fluye por todo el río El Potosí, que en su recorrido al sur, toma el nombre de río Conchos, que finalmente desemboca en el río San Fernando, ya en tierras tamaulipecas.

 

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