Ojarasca / Nuestro río, nuestros montes, nuestra vida

El 24 de enero fue detenido Miguel López Vega, uno de los representantes más visibles en la defensa del río Metlapanapa, mediante el engañoso procedimiento de citarlo a que realizara el trámite de entregar el acta donde la asamblea de Santa María Zacatepec, su comunidad, desconocía al presidente municipal y se declaraba “en autogobierno y libre de partidos políticos”. Su detención duró apenas cinco días porque la presión social se dejó sentir muy fuerte mediante cartas y presencia en las redes sociales, pero sobre todo por la movilización social concreta de amenazar con el cierre de la autopista de Puebla, por parte de comunidades del municipio Juan C. Bonilla, junto con otros pueblos, organizaciones y colectivos.

Inquieta incluso que las autoridades se apresuraran a suspender las obras del colector que amenaza con verter las aguas de desechos tóxicos generados por el parque industrial de Huejotzingo, pero por ahora, pese a lo que afirman diferentes funcionarios del gobierno de Puebla, la amenaza sigue viva mientras no se cancele definitivamente ese colector de drenajes que incluso, se dice, tiene ramales subterráneos, como los que provienen de las granjas industriales de la región. Se dice que son 28 empresas las que conforman el llamado “Proyecto integral para la construcción del sistema de alcantarillado sanitario de la zona industrial de Huejotzingo”, como documentó Daliri Oropeza.

Esta amenaza es una clara muestra del embate que viven los pueblos originarios por la imposición del extractivismo y de un desarrollismo que rompe con su manera de vivir y concebir el mundo.

Y la resistencia que han emprendido mujeres y hombres de Zacatepec, Cuanalá, Ometoxtla y Nextetelco, todas ellas comunidades que cruza el río Metlapanapa, muestra los alcances de la organización y su articulación con otras luchas no sólo para frenar este modelo, sino también para demostrar que hay otras maneras de vivir, y una de ellas es la de “ser pueblo”, seguir cuidando el río porque no se trata tan sólo de un torrente y litros o metros cúbicos de agua, sino del equilibrio de toda la región que ha sufrido los embates de los parques industriales de la zona de Huejotzingo, con la Ciudad Textil, el aeropuerto de Puebla, las granjas industriales, maquiladoras de PET y plásticos, calzado, polímeros y metales, autopartes para la industria automotriz que de igual modo se encuentra ahí, más las farmacéuticas, las refresqueras, las fabricantes de popotes y empaques y otros tantos rubros que descargan sus desechos sin miramientos. Desde principios de 2019 hubo la intención de avanzar las obras de un colector que reuniera los desechos industriales en el río Metlapanapa, y por supuesto, la gente se negó y comenzó a bloquear el avance de las máquinas, pero también interpuso un amparo legal y un plantón ante la presidencia municipal, haciendo evidente que el presidente municipal no estaba del lado de la gente.

Miguel López Vega se preguntaba en el 2° Encuentro Nacional por la Defensa de los Territorios: “¿Qué podemos hacer para seguir adelante, para seguir caminando como pueblos? Porque en verdad, no hay megaproyectos amigables con el medio ambiente, definitivamente, no los hay. Es más, ni gestionados por nosotros, o que seamos parte de esta inversión. El despojo, la contaminación y los megaproyectos arrasan con todo”.

La respuesta a esta pregunta planteada por quien también es fundador de la Radio Comunitaria de Zacatepec, integrante del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua de Morelos-Puebla-Tlaxcala, de Pueblos Unidos contra la Privatización del Agua y Concejal del Concejo Indígena de Gobierno-CNI, se encuentra en la lucha que han emprendido él y las comunidades nahua no sólo en defensa de su río sino también ante el Proyecto Integral Morelos y, más aún, frente a la política privatizadora del agua y del proceso de industrialización y su impacto socioambiental en la región del Valle y de los Volcanes en el estado de Puebla.3 La lucha del pueblo nahua organizado se remonta por lo menos a la década de los setenta con la industrialización de la región. Fue significativa la llegada de Volkswagen que, junto con otras empresas que proliferan con el desarrollo del Parque Industrial bajo el impulso del gobierno de Moreno Valle, como Audi, ThyssenKrupp Presta, Unidad Tecno Textiles o Quirort Mextrauma, exigen gran cantidad de agua. No sólo el gobierno otorgó numerosos pozos de agua facilitando su acaparamiento, sino que echó a andar la privatización del líquido vital, que su gobierno promovió en 2013 al reformar la Constitución poblana en su artículo 12. Esta reforma abrió la posibilidad de que la administración y distribución del agua del estado pasara a manos de particulares, dificultando la lucha de los pueblos, colectivos y defensores que, pese a mantener en algunas partes la gestión comunitaria del agua, no han logrado revertir todavía esta disposición legal.

Este proceso, recuerda Pascual Bermúdez de la comunidad de Toxtla, quien forma parte de Pueblos Unidos contra la Privatización del Agua, conllevó la sustracción del agua y la afectación de sus ameyales [los pozos naturales que filtran los manantiales y los hacen accesibles], el crecimiento de las flores y la cosecha del maíz trastocando sus modos de vida en el campo. Con ello, vino también el despojo de tierras y la contaminación por los desechos industriales. Declara al respecto: “Hay rumores que se abrirán más pozos. Nos van a contaminar, a asesinar, los volátiles [partículas y vapores] nos van a afectar. La van a privatizar [la región] y por eso es indignante. Yo conozco la zona de los volcanes y el río Metlapanapa es del deshielo, los ameyales sufrirán; no es justo que haga ese crimen, de matar ese río. Mucha gente no ve los volátiles, las aguas negras. Lo que queremos es que no se mate ese río”.4

Aunque en el terreno la lucha es por el agua y la tierra, es también una profunda reflexión comunitaria y una lucha por otra concepción y manera de vivir, como ellos mismos lo han declarado frente a la defensa del río o contra el gasoducto que forma parte del Proyecto Integral Morelos. Las comunidades ven la tierra como fuente de vida y los empresarios la ven como una fuente de negocio. Si para ellos el río representa la vida, para los empresarios es un drenaje a cielo abierto. El mismo Miguel ha declarado “somos agua, desde la composición del pueblo somos agua, nos refererimos al agua y el cerro; sin agua y sin tierra no somos nada”. En el plantón permanente en defensa del río Metlapanapa afirmaría: “Nosotros tenemos el pensamiento que el agua tiene vida, el árbol tiene vida, don Goyo que es el Popocatépetl tiene vida, es un ser vivo, y platican con él, igual con el agua, también con los árboles. Cuando la comunidad se da cuenta que vienen las máquinas, tirando los árboles, es un sentimiento muy grande, inexplicable. Ésa es la fuerza que les impulsa a que se organicen y decir aquí no van a pasar”.5

Para Agustín Romero, otro de los comuneros de Zacatepec que al igual que Miguel y otras mujeres y hombres que con orgullo siembran milpa y maíces nativos de varios colores, hay una convicción fundamental que une a la comunidad: “Es la parte que busca la justicia, esa ley del espíritu, una ley de la fe que da fuerza. Y eso nos dice que tenemos que proteger toda la zona agrícola de las descargas biotóxicas. Viene destruyendo desde 30 kilómetros y cuando llegue al río va a afectar las cosechas. Nosotros buscamos que se detenga todo esto”. Y Miguel completaba: “Hemos estado haciendo el análisis de todo lo que van a descargar: mercurio, plomo, cianuro. Todo dañino para la naturaleza. Hay partes que ya están dañadas. Por eso toda la gente, los pueblos originarios, los habitantes, hasta los niños y niñas ya hacen una guardia humana y espiritual”.6

Otra compañera, Norma Xocolatl, muy emocionada declara: “La vida no se negocea. Es por los hijos. Como sea nosotros ya vivimos, pero ellos todavía tienen un camino por delante y queremos que eso no se contamine. Nosotras desde el vientre estamos dando vida, y necesitamos agua para eso. Hacemos la lucha de día y de noche. Y ahora no vamos a dejar pasar los tóxicos. Hay ya niños en comunidades cercanas que ni tomar pecho pueden por el labio leporino; todo es producto de los químicos tan nocivos con que nos envenenan. Tenemos que evitar esas aguas sucias. Mucho viene de las granjas industriales de cerdos. Sus lagunas de desechos realmente están contaminadas. Pero seguiremos aunque sepamos que estamos solos sin ninguna duda. Nadie nos va a comprar. El dinero se acaba. Lo que queremos es que estén libres nuestros campos, que nuestra tierra esté limpia”.7

Miguel López nos insiste en que el problema no es sólo el colector con su sistema de drenaje, sino toda una política de acaparamiento del agua, privatizada para su uso personal, pero también la posibilidad, legalizada, de mal usarla y desperdiciarla al contaminarla. Y la quieren toda, para muchos usos; podrían utilizar y captar agua de lluvia, pero van por los pozos y los ameyales: Audi tiene cinco, pero la Volkswagen tiene veinte, Hylsa (hojalata y lámina) cinco, Ternium (de láminas galvanizadas a productos de acero industrial) cuatro, y Presforza (que construye estructuras de concreto presforzadas) tiene tres. E insiste: “La industria te enferma el agua, te la quita y luego te la vende embotellada”. Pero la contaminación es lo de menos. La mayor catástrofe es que se provoca un desequilibrio generalizado. “Hay un sentimiento profundo de mirar la destrucción de todo. El sol, la luna, el color de la tierra, todo se altera. Todos estos proyectos son signos de muerte. Muerte que se avecina, si no hacemos nada para reforzar nuestras tradiciones, nuestra comunidad y nuestros alimentos. En la radio hemos dicho que en realidad tenemos todo, si nos dieran chance, si no se metieran con nosotros: tenemos maíz, cebolla, muchas verduras y quelites, calabacitas, frijol, y todo ha crecido con agua limpia. Además tenemos animalitos de la milpa. Nosotros somos recolectores de chapulín. Los juntamos con redes para venderlos y completar el gasto. Nos levantamos en la madrugada como a las tres y hasta las nueve, diez de la mañana ahí seguimos recolectando”.

Esta concepción de la vida, del agua, de la tierra y de los cerros viene de larga duración. El interior de los cerros, como bien advierten los nahuas, son lugares de abundante “agua y riquezas” y son “semillero de todo cuanto hay”. También los promotores de los megaproyectos y de la privatización de los bienes comunes encuentran vasta riqueza, pero desde luego a partir de otra racionalidad y una valorización. Justamente, la relación con el altepetl, el binomio agua-cerro, nos muestra de un modo notable el vínculo ancestral con la tierra, que pese a la imposición de transformaciones y dependencias económicas, de instituciones políticas, es vigente y actual entre los nahuas contemporáneos. Es posible afirmar que el agua y el cerro no sólo son la residencia del “dueño, señor o guardián”, son la entidad misma. En ese sentido, cuando los nahuas hablan de las orejas, el ombligo o el corazón del agua-cerro no es sólo una metáfora, una semejanza afirmada o una analogía, pues las conciben como partes constituyentes de su cuerpo. Por esa razón, el tiempero Antonio Analco, en las faldas del Popocatepetl o, para ser más precisos, en el ombligo de Don Goyo como le dicen localmente al Popo, llegó a afirmar que el gasoducto que es parte del Proyecto Integral Morelos está trozando sus venas. “Don Goyo está enojado, las máquinas han lastimado sus venas de agua”, mismas que abastecen del líquido vital a los pueblos.

La defensa del agua como don ancestral y derecho colectivo que han emprendido los nahuas desde luego se opone a los intereses de los diferentes gobiernos y empresarios que ven en el Valle de Puebla, con sus volcanes, un corredor industrial y un polo de desarrollo de donde obtener mano de obra barata, agua y energía. Y por más que en el discurso se prepondere el interés público, en los hechos (como lo han develado las comunidades) estas obras sirven a los intereses particulares de las corporaciones. Las comunidades, como ya lo dijo Miguel, están empeñadas en defender el río, y la vida integral, plena, que pueden tener las comunidades. Como le dijo Gloria Tepale a Daliri Oropeza: “La enfermedad del río es el capitalismo”.8 El despojo del territorio, la contaminación de los cuerpos de agua y el trastocamiento de su modo de vida les hace sentir la determinación de seguir siendo pueblos, de seguir siendo comunidad, siendo gente.

Textos recomendados

Ecuador “nuestro principio, obedecer al pueblo”: Marlon Santi

Populismo y pueblos indígenas

Últimas noticias