A los 13 años, después de ver a los Beatles, Charly García creó música

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Ciudad de México. Por diversas razones me gusta en extremo Esta noche toca Charly. Un viaje por los recitales de Charly García (Gourmet Musical, 2020), redición del libro publicado por el periodista argentino Roque Di Pietro. En principio, porque me parece un trabajo estupendo, dado lo que ofrece periodísticamente y aporta a la ya extensa bibliografía sobre Carlos Alberto García; también, porque ofrece una extensa cartografía de la vida del argentino, quien además de ser músico, cantautor, compositor y productor, ha sido integrante de las bandas de rock Sui Generis, Serú Giran, La máquina de hacer pájaros y PorSuiGieco, todas ellas, muy reconocidas en el rock latinoamericano, hecho que lo convierte en uno de los artistas vivos más influyentes de los últimos tiempos.

Di Pietro construyó una de las más completas biografías del artista como resultado de un meticuloso ejercicio que incluyó el análisis de un enorme registro documental no oficial, en el que se encuentran recortes de diarios, revistas y audios; éstos últimos incluyen recitales, ensayos y grabaciones informales. Publicada originalmente en 2017 y reditada para 2020, la segunda versión cuenta con más de 600 páginas repartidas en 10 capítulos, en los que se recorre cada etapa de la vida de Charly García hasta 1993.

De fácil lectura, este compendio ofrece anécdotas sobre su vida personal y profesional sin dejar fuera del repertorio escenarios, fechas, charlas y encuentros con otros artistas, así como los entretelones de los conciertos y las giras que Charly García ofreció durante esos 30 años.

García es uno de los artistas más pirateados del mundo, título que comparte con figuras de resonancia planetaria de la talla de Los Beatles, Fleetwood Mac, Bob Marley o Led Zeppelin. Para la música de la segunda mitad del siglo XX las grabaciones pirata fueron un invento revolucionario; prueba de esto son los silbidos a John Coltrane en el quinteto de Miles Davis en París 1960; el grito de ¡Judas! a Bob Dylan en Manchester en 1966 o a Serú Girán en el Teatro Coliseo en la Navidad de 1981, registros sonoros que años más tarde, en los casos de Davis, Dylan y Serú, fueron incorporados a sus discografías oficiales.

La investigación periodística que encontramos en Esta noche toca Charly... fue realizada a través del análisis de un extenso cúmulo de archivos periodísticos impresos; 29 discos oficiales, la misma cantidad de producciones y participaciones en álbumes de otros artistas; centenares de grabaciones y filmaciones no oficiales, y 50 reportajes sobre músicos, periodistas, diseñadores, fotógrafos, fans, personas del equipo de producción y su legendario mánager Daniel Grinbank. Es un inmenso corpus que se encuentra atesorado en Internet, entre colecciones privadas y hemerotecas públicas. Roque Di Pietro justifica: Ya era tiempo de considerarlo también parte de la obra del artista que nos ocupa.

Sin el mínimo temor a precisar fechas exactas o hasta destruir mitos que han contribuido a convertir al autor de Inconsciente colectivo en la estrella máxima del rock argentino, Di Pietro logra determinar con exactitud momentos clave en el desarrollo del artista. Por ejemplo, uno singular que contribuyó a transformar al alumno de conservatorio en un creador de música popular ocurrió el 22 de octubre de 1964 cuando, un día después de haber celebrado su cumpleaños 13, Charly asistió a la presentación de la película Yeah, Yeah, Paul, John, George y Ringo!, título con el que se conoció el disco A Hard Day’s Night de Los Beatles. Dos días después, el músico ofreció su último recital de música de conservatorio.

Hamburgo fue a Los Beatles lo que Mar del Plata a Sui Generis

Si la estancia de Los Beatles en Hamburgo fue una etapa decisiva en la historia del grupo inglés, el periodista argentino no vacila al señalar que cuando Charly García y Nito Mestre se presentaron por primera vez en los escenarios de Mar del Plata, en 1972, no 1971 como quedó tallado en el bronce en la estatua que en 2013 se inauguró en Mar del Plata en honor a los músicos, las actuaciones se convirtieron en pieza fundamental de la historia del rock de Argentina.

En una entrevista, Nito Mestre señala que Mar del Plata era y es la pantalla principal para que los músicos puedan mostrarse, pese a que en ese momento sólo eran vistos por 15 o 20 personas. Al final de ese verano a Charly lo convocaron para hacer el servicio militar, hecho que se convirtió en episodio clave en su biografía. Su paso por los cuarteles de Campo de Mayo y luego en el Hospital Militar le rindieron una de las anécdotas más conocidas sobre su juventud referida a cómo terminó abruptamente con su conscripción y Canción para mi muerte.

Otros cabos sueltos que se resolvieron gracias a este documento son los aportes de Alfredo Saint- Jean, quien fue mánager de Charly García entre agosto y diciembre de 1987 y un personaje casi desconocido en la biografía del músico, pero de vital importancia en un periodo de reconstrucción en su carrera.

Uno más es la polémica nota de la revista Hurra que desembocó en el concierto de Serú Girán y Spinetta Jade en 1980. Algo parecido ocurrió con Francisco Traversa, cuyo testimonio es fabuloso porque describe a detalle la dinámica de enseñanza en el conservatorio.

Como los anteriores, Di Pietro detalla en su libro millones de datos más acerca el ícono del rock argentino.

No es exagerado afirmar, en ese sentido, que Esta noche toca Charly... resulta vital para cualquier fanático del músico capaz de radiografiar en sus canciones la vida de varias generaciones y también para todo aquel que esté interesado en la cultura masiva en Argentina y el rock latinoamericano.

Quizá no haya ningún secreto en revisar documentos que han pertenecido a cientos de seguidores de Charly García y que se han conservado vigentes hasta nuestros días, es sólo que cuando Roque Di Pietro reúne estos papeles muestran de manera fehaciente un portentoso ejercicio que demanda trabajo riguroso, investigación exhaustiva y precisión matemática y como resultado demuestra que el periodismo puede ser productor de obras de gran valía, sin renunciar a su obligación primordial, la cual es informar.

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