Es un milagro que yo todavía esté vivo, afirma el cineasta Abel Ferrara

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Ciudad de México. Hace 10 años Abel Ferrara se limpiaba en una granja, ésas que en México llaman anexos. Estaba en medio de la nada.

Ahí tuvo su primera buena noche de sueño en décadas. El momento en que supe que pateé las drogas fue 40 días después de que dejé de usarlas, señala el cineasta neoyorquino al diario The Independent.

Es como Jesús en el desierto: necesitas 40 días de desintoxicación para estar sobrio. Y la forma en que sabes que estás sobrio es que te vas a dormir por la noche. Eran las ocho o las nueve y oscureció, como si todo lo demás en el universo fuera a dormir. Finalmente, después de que Dios sabe cuánto tiempo, me fui a dormir, cuenta el estadunidense, considerado un outsider del cine de su país. En sus cintas, de producción independiente, protagonizadas por actores como Willem Dafoe, Harvey Keitel, Christopher Walken y Tom Berenger, refleja parte del bajo mundo de la sociedad neoyorquina: corrupción policial, violación, tráfico de drogas.

Ahora promueve Siberia, que presentó en el pasado festival de Berlín y que está protagonizada por Willem Dafoe.

Visionario, provocador y poeta

Ferrara tiene 69 años, y sigue siendo visionario, provocador y poeta.

Sus películas más conocidas, si se podría decir así, abordan deconstrucciones de poder, locura y masculinidad. Está la sátira de Harvey Keitel The Driller Killer (1977), el Bad Lieutenant (1992), de Keitel, y la épica del crimen King of New York (1990), con Christopher Walken.

Creativamente, Ferrara sigue en pie, más respetado que nunca por la élite artística con su cautivadora nueva cinta Siberia, que estos días engalanó el Festival de Cine de Londres.

Es emocional, más dulce, más objetivo, más sincero, explica Willem Dafoe sobre Ferrara. Han trabajado juntos en seis películas a lo largo de 22 años. Siberia es su más reciente colaboración. Vengo del teatro experimental, no soy un actor tradicional, agrega Dafoe. Así que cuando se me da la oportunidad de ser una extensión de mi director, de ser su criatura, entonces estoy muy feliz.

En Siberia, Dafoe encarna a un exiliado estadunidense que trabaja detrás de un bar en las montañas siberianas, que también huye de algo. Se sumerge en instantáneas no lineales de su sique: hay ataques de osos, remordimientos matrimoniales, raros momentos de alegría. Abel siempre ha contado historias que otras personas no lo hacen, dice Dafoe. No espera permiso, es un hacedor.

Esa actitud a veces lo ha metido en problemas. Durante gran parte de su carrera, Ferrara ha hecho películas para las que el mundo no está preparado. Tienen que ver con el desorden social, la autodestrucción y la búsqueda desesperada de la redención espiritual.

Muchos de sus trabajos han sido revaluados en los años recientes, pero es un poco más cínico al respecto. Cuando envejeces, creo que recibes mucho respeto sólo porque has vivido mucho tiempo, bromea Ferrara.

Habla desde Roma, donde vive desde 2002. Él y Dafoe son vecinos, dos leyendas intimidantes que huyeron de Estados Unidos y se casaron con actrices italianas. Para Ferrara, dejar su terruño lo inspiró en parte por la rápida gentrificación bajo el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani. ‘R Xmas (2002), última película que rodó en su país, criticaba las políticas de limpieza cívica del funcionario, quien está estrechamente aliado con Donald Trump, otro poco popular de la ciudad de los rascacielos.

Los vampiros viven para siempre, ¿entiendes lo que quiero decir?, Ferrara suspira. “Veo a estos tipos y me veo a mí mismo. Los escucho hablar el mismo acento y usar las mismas palabras y fraseo que uso y mis amigos usan. Es extraño, pero representaban la voluntad del pueblo. En ese entonces, Nueva York iba a entrar en la anarquía total o iba a ir por el otro lado, y ese estado nunca es un medio feliz, ¿entiendes?

La desigualdad sigue arraigada. Tengo la política de ventanas rotas, sostiene Ferrara de la teoría respaldada por Giuliani de que los signos visibles del crimen fomentan más el crimen, y tengo la necesidad de una buena calidad de vida, pero si rompes una ventana vas a la cárcel durante 10 años. Sin embargo, si le robas a alguien 50 millones de dólares en Wall Street, sólo recibes una maldita palmada en la espalda.

La frustración que Ferrara sintió hace eco en muchos de los temas de The Driller Killer, sobre un artista que lucha por la locura al dispararse rentas, malos vecinos y gentrificación. En retrospectiva, ¿tenía un punto el personaje? Bueno, no cuando empiezas a matar gente, se ríe. En ese momento? ¡Necesitas un médico! ¡Ese tipo necesita ayuda! Pero también era más una parábola, supongo. Ya estábamos enojados en ese entonces, y no teníamos otra manera de expresarlo.

Sin embargo, mira hacia atrás en esa ira como algo equivocada, o al menos ignorante de lo mal que las cosas eventualmente se pondrían. Ferrara filmó la película en su propio departamento de Union Square, un loft de mil 600 pies cuadrados con un tragaluz, e interpretó al propio Driller Killer. Los artistas jóvenes no tienen oportunidad en esa ciudad hoy día, destaca.

Advertencias

Muchas de las películas de Ferrara parecen premonitorias. Tanto The Driller Killer como ‘R Xmas se sienten como advertencias de una tormenta que se avecina. Del mismo modo Go Go Tales, de 2007, sobre un club de striptease con un propietario sin escrúpulos, y la polémica Bienvenida a Nueva York, de 2014, sobre un político grotesco titular del FMI (Gerard Depardieu) acusado de violar a la mucama de un hotel de Nueva York. Después de #MeToo es imposible verlo y no pensar en Harvey Weinstein. Ferrara y él se cruzaron, ambos titanes del cine independiente en Los años noventa de Nueva York, pero nunca trabajaron directamente juntos.

Me crió la gente que me enseñó a, ya sabes, mantener mi pene en mis pantalones hasta que ella lo saque, bromea Ferrara. No tuvimos mucha interacción. Sí, hizo algunas películas, pero probablemente jodió más cintas de las que armó. Pero no quiero juzgarlo demasiado. Todavía tengo mi propia mierda que resolver, en términos de los filmes que arruiné, o las situaciones que destruí, las relaciones que tuve.

Los dolores de la sobriedad se entrelazan dentro y fuera de la conversación con Ferrara, apuntalando su filosofía espiritual (es budista) y guiando su visión del mundo. Habla a menudo de su nueva gratitud, que todavía está aquí mientras muchos de sus contemporáneos no lo están, como Zoë Tamerlis Lund, tan poderosa y llamativa como protagonista de Ms. 45 (Ángel de venganza), que fue una prolífica consumidora de drogas, sucumbiendo a la insuficiencia cardiaca en 1999, a la edad de 37 años.

Debería haberla ayudado, pero estaba en el mismo lugar en el que estaba, recuerda. Es un milagro que yo todavía esté vivo y una maldita tragedia que ella no lo está. Ella era una de las personas más inteligentes que he conocido, pero se metió en eso.

En la charla regresa al tema Weinstein, o tal vez a sí mismo. El proceso de hacer películas es tan positivo, explica Ferrara. Para empezar a usarlo para su propio autoengrandecimiento, o para seguir su propio sendero oscuro... no eres una especie de rey, porque el cine es un esfuerzo grupal. No importa cuán autor se sienta un director, sin sus actores no es nada; no es nada sin sus editores o productores... o sin dinero. ¿Mi viaje? Es un puto acto comunal. Es un camino justo haciendo películas, hermano. Es un regalo.

Siberia sigue recorriendo festivales en espera de su exhibición.

 

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