Murió Morricone, leyenda en musicalización de filmes

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Retratista acústico del paisaje cinematográfico. Así se podría calificar a Ennio Morricone, quien en realidad no componía scores, sino música para películas, las cuales, decía, no serían lo mismo sin ésta.

Fue uno de los mejores creadores sonoros en la historia del cine, quien, en una ocasión, dijo a La Jornada: Llámenme genio cuando haya muerto, o al menos cuando hayan pasado muchos años más...

Ennio Morricone representaba al sonido de las imágenes debido a que –sin contar sus alrededor de 100 composiciones originales para orquesta de cámara y sinfónica, que denominaba música absoluta– escribió unas 540 bandas sonoras.

El italiano falleció en Roma este lunes a los 91 años. Estaba hospitalizado en una clínica tras haber sufrido una caída en la que se fracturó el fémur.

La música es una experiencia, no una ciencia, comentaba el autor, que obtuvo todos los reconocimientos importantes en el orbe: Óscar, Grammy, Bafta, Globos de Oro, Polar… Apenas el 5 de junio pasado fue galardonado, junto con John Williams, con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2020.

El bueno, el malo y el feo, Cinema paradiso, Érase una vez en América, La batalla de Argel, Malena, Bugsy, Los intocables y La misión... Son incontables los filmes que musicalizó quien se forjó en el Conservatorio Santa Cecilia, de Roma, y a los nueve años comenzó a estudiar trompeta y composición.

Fue discípulo de Gofredo Petrassi, de quien aprendió la música absoluta. Ingresó después al Conservatorio de Italia en plena Segunda Guerra Mundial. Tocó la trompeta con algunos grupos de jazz hasta su incursión en la realización de bandas sonoras. Alla scoperta dell’America, de Sergio Giordani, e Il federale, de Luciano Salce (con quien trabajó en varias ocasiones), fueron sus primeras piezas.

Las raíces musicales de Morricone están en las composiciones clásicas del siglo XX de Karlheinz Stockhausen, Luciano Berio y Pierre Boulez. Se podía escuchar su influencia en la forma en que sus partituras se mezclaban con sonidos reales. Su narración acústica, de extraordinario manejo del silencio, le abrió las puertas de la naciente industria italiana, sobre todo en el peyorativamente llamado spaghetti western. Muchos de estos proyectos eran de su ex compañero de escuela Sergio Leone, realizador de El bueno, el malo y el feo. A partir del éxito de estas cintas, Pier Paolo Pasolini, Bernardo Bertolucci, Gilo Pontecorvo y Giuseppe Tornatore, entre muchos, desearon trabajar con él.

Música, necesaria para la expresividad de la obra

Morricone era ecléctico, de pocas pero concisas palabras. Aseguraba que el cine sería lo mismo sin la música, que podía vivir sin ésta, aunque parece que es bastante necesaria para lograr la expresividad de la obra, contó en la charla con este diario.

Se le preguntó si el cine y la música eran artes complementarias.

No, afirmó. Más bien “la música es adjunta al cine cuando se compone ex profeso. Cuando un músico crea una pieza que no es para el arte visual… es hablar de otra cosa, la música absoluta”. Hace unos años, señaló que “prefería interpretar la mitad del repertorio de música absoluta y la otra parte de piezas de scores”, pero en la actualidad la narración de cintas a través del cuaderno pautado es lo que más lo llenaba, precisó.

La música absoluta, aseguró, representa un elemento en sí mismo. Funciona si es buena y ya está. Se puede unir a cualquier realidad, pero no supone la realidad misma, sino un imaginario aparte, explicó.

Sostenía que cada vez más el trabajo del compositor de cine era valorado. Ahora la música se considera casi necesaria para el cine, tanto que a los compositores se les reconoce como autores.

Parte esencial y característica de sus trabajos es la experimentación; sin embargo, no siempre es posible, porque conlleva a exigir del público cierta capacidad para entenderla, pero cada vez que puedo, la utilizo, consideraba.

Una pregunta casi común para este creador era: ¿Qué elementos debe tener algún proyecto de cine para que lo musicalice? Respondía: Antes de aceptar, tengo que ver el corte final. Es necesario que el director me garantice calidad en el filme.

–¿Cree que en la sonorización de un filme llegue un momento en el cual la música ya no le pertenezca al autor, sino a la película? Preguntó este medio en la mencionada charla.

Efectivamente sigue siendo del autor, pero cuando se fusiona, pertenece más a la historia, contestó.

–¿Cómo explicaría las diferencias entre la música para cine y sus composiciones de música absoluta?

–El score está condicionado por la historia, por el director, el guionista o la ubicación histórica, mientras la otra música está condicionada por la voluntad del autor.

Morricone explicó que no era importante haber visto antes las películas (para componer), las piezas para el cine bien se pueden disfrutar en una sala de conciertos.

Tener la música de Morricone era un lujo para cualquier cineasta, pero había que acatar sus condiciones. A veces tan sólo un mes antes del estreno les daba el material. El director no tenía la opción de rechazarla. Muchos necesitaban acostumbrarse, a veces mis obras eran un golpe inesperado, contó al diario El País.

Morricone colaboró con algunos directores de Hollywood, como Brian de Palma, Clint Eastwood y Quentin Tarantino. Unos creen que la academia de Estados Unidos, que otorga los Óscar, no le perdonó que decidiera no cambiar su amada Roma por los bulevares de Los Ángeles. No obtuvo el premio por la imponente música de La misión, ni por Érase una vez América. Ganó su primera estatuilla dorada en 2016 por Los ocho más odiados, de Tarantino, y en 2007, el galardón honorífico.

Su música seguirá sonando aun cuando desaparezcan los títulos de las cintas en las que participó.

 

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