El director ruso Kiril Serebrennikov evita ir a la cárcel

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Moscú. El tan famoso como polémico director de teatro y cineasta Kiril Serebrennikov y tres personas más que estuvieron vinculadas al Séptimo Estudio –el cual gestionó numerosos proyectos culturales como Plataforma, motivo de la controversia con el ministerio de Cultura por una supuesta malversación–, pudieron este viernes evitar la cárcel al concluir el juicio de primera instancia en su contra, pero recibieron, al ser declarados culpables del delito imputado, distintas penas de libertad condicional.

La juez Olesia Mendeleyeva basó su sentencia únicamente en un tercer peritaje que dictaminó que el grupo encabezado por el director del prestigiado teatro Gogol-Tsentr –junto con Sofia Apfelbaium, funcionaria del ministerio de Cultura, Aleksei Malovrodsky, productor general, y Yuri Itin, gerente general– se apropió de 129 millones de rublos, equivalente a 42 millones de pesos, lo cual quedó demostrado como falso en los dos anteriores peritajes que impugnó la fiscalía.

Los acusados se mostraron exultantes por no tener que ir largas temporadas a la cárcel –Serebrennikov, también director escénico de óperas, durante seis años y tres más de prohibición para trabajar en una institución cultural–, como solicitó la fiscalía, aunque muy decepcionados al no admitir culpa alguna y ser obligados, como multa, a reponer esa cantidad a la parte afectada, el ministerio de Cultura.

Sus abogados presentarán un recurso de apelación ante la Corte Urbana, la segunda instancia, por considerar que la juez desechó pruebas y testimonios esenciales para probar la inocencia de sus clientes, aparte de rechazar que el tercer peritaje, calificado por ellos de “inconsistente e imparcial”, contiene muchos errores y contradicciones.

Directores de escena, autores, administradores, actores y críticos de toda Rusia enviaron a la titular de la cartera de Cultura, Olga Liubimaya, una carta abierta –a la cual se han adherido personalidades del ámbito cultural, que hasta ahora lleva casi cuatro mil firmas de respaldo– solicitando que retire la demanda contra Serebrennikov y colaboradores.

Argumentan que sería “una tragedia demoledora para todo el teatro ruso” que Serebrennikov, uno de sus máximos exponentes en Rusia y que goza de amplio reconocimiento internacional, recibiera una condena de cárcel que pondría fin a su exitosa carrera y destruiría por completo el Gogol-Tsentr.

Gente de teatro comenta, en conversaciones en corto, que los delitos que se imputan a Serebrennikov son práctica común en otros teatros, pues sin convertir en efectivo los subsidios que transfiere el ministerio de Cultura, y que según un reglamento obsoleto se deben usar no antes del estreno de la obra, sería imposible montar nada.

Agregan que otra cosa es decir, sin aportar pruebas concluyentes, que utilizaron un sistema de presupuestos y facturas infladas para desviar 129 millones de rublos, suma que estima la fiscalía por un peritaje a modo.

 Aislado durante un año y ocho meses de prisión domiciliaria, la persecución de Serebrennikov –que muchos coinciden en señalar aquí es producto de un caso fabricado por haber enfadado con sus críticas mordaces a los sectores más conservadores de la sociedad rusa y escandalizado a los más puritanos con abundantes desnudos en sus puestas de escena– duró casi tres años, a partir sólo del testimonio de la contadora del Séptimo Estudio, Nina Masliayeva, que días después de ser detenida confesó el pretendido desvío de fondos y quedó en libertad en calidad de testigo protegido.

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