Ian Curtis "era pasión, entusiasmo e ira": Peter Hook

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La muerte de Ian Curtis, de Joy Division, quien se colgó en su cocina el 18 de mayo de 1980, a los 23 años, en vísperas de una gira por Estados Unidos, pasó desapercibida para casi todos los medios de comunicación. Fue la culminación de una depresión abrumadora, una epilepsia que empeoraba y el rompimiento de su matrimonio.

Sus ecos, sin embargo, se sentirían en el mundo de la música por décadas. La intensidad visceral de Curtis, su candor poético y la tragedia devastadora se infiltraron en la escena underground y sentaron las bases para una mucho más brillante, portentosa y significativa música alternativa.

A 40 años de la muerte del cantautor, The Independent entrevistó a dos de sus compañeros de banda, Peter Hook y Stephen Morris, quienes junto con Bernard Sumner formaron New Order. Hablaron sobre su influencia y su enigma, y trataron de vislumbrar al hombre detrás del mito.

Hook, bajista de Joy Division, afirmó: “conocí a Ian en el Electric Circus, un bar en Manchester. Era sólo una pequeña pandilla la que seguía a todas partes a las bandas de punk en esa época, y a él, como a nosotros, le emocionaba. Teníamos mentalidades afines. Éramos inadaptados y raros. Ian era joven, como nosotros, entusiasta y amigable. Tenía la palabra hate (odio) escrita en la espalda con pintura naranja, lo que era muy raro, porque era muy simpático. Era muy tranquilo hasta que se emborrachaba. Era muy agradable. Alguien muy fácil, si quieres, de enamorarte.

“Cuando empezaba a cantar no se podía escuchar lo que decía, pero sí mirar lo que hacía, que era poner pasión, entusiasmo e ira, todo junto y en la misma cantidad. Sus movimientos me hicieron saber que era perfecto para la banda. Pensamos: ‘tiene una voz única’. Nació para ser un frontman.”

Abundó: “nunca se echaba para atrás. Si teníamos una tocada y él acababa de tener un ataque (epiléptico) masivo, nunca decía: ‘no puedo’. Él diría: ‘a la mierda, vamos a hacer esa presentación’. Sin importar lo mal fueran sus ataques, siempre quería seguir. Todo lo que deseábamos era tocar, así que si él seguía, podíamos incluso saber cuando iba a sufrir un ataque, y regularmente tenía que ver con las luces. Cuando el sujeto encargado de eso las encendía, Ian se iba casi inmediatamente. Sus ojos se ponían vidriosos y con la mirada fija, luego se caía y se quedaba totalmente rígido. Mucha gente pensaba que era parte del espectáculo. A veces, se recuperaba inmediatamente; otras, Rob o yo terminábamos sentados sobre él, o con él, y sosteníamos su lengua mientras pasaba el ataque”.

Hook contó que en el estudio Ian se quedaba en su esquina “mientras ensayábamos y armábamos las canciones; él era el observador. Sabía que éramos fantásticos. Cuando ves la letra de Love Will Tear us Apart, es obvio que tenía el corazón roto, porque alguna relación se había terminado. Nosotros, machos norteños de clase trabajadora, no íbamos por ahí hablando acerca de cómo expresábamos nuestros sentimientos en una canción.

“La gente –comentó– asume que cuando Ian murió fue como Nirvana, pero no. La última vez que tocamos, en Birminghan, lo hicimos para unas 150 personas. Así que no éramos exitosos. Ian siempre decía que seríamos grandes en todo el mundo. Cuando estábamos decaídos, porque no conseguíamos alguna tocada o trato para grabar, lo que sea, siempre decía: ‘no se preocupen, vamos a ser grandes en Brasil, aquí y allá’.

“Él era quien siempre nos animaba... Me puse a reflexionar sobre las letras y me dejaron impactado. Sentí que fui privilegiado por haber sido capaz de satisfacer sus deseos. Fuimos a México, a Brasil, al lugar que quisimos. Hicimos Estados Unidos 10 veces. Seguido voy a verlo, siempre que algo bueno pasa. Estoy muy orgulloso de lo que logramos…”

El líder perfecto

El baterista Stephen Morris compartió: “ensayábamos y él solo se sentaba con su micrófono y sus letras, fumaba y hablaba. Era raro al principio, porque no intentaba de sonar como alguien más, simplemente trataba de ser él mismo.

“Ian aprendía cómo ser un cantante y al mismo tiempo nosotros aprendíamos cómo ser una banda, así que cada quien hacía algo único. Él era el líder perfecto, porque cuando lo veía en vivo se trasformaba en una fuerza de la naturaleza. No era que estuviera montando un show, simplemente así era. Unas veces se quedaba quieto y otras entraba en erupción; estaba por todos lados. Era genial, pero la cosa con Joy Division es que en realidad nunca hablamos de nada ni de lo que estábamos haciendo o queríamos hacer. Cada uno de nosotros tenía su propio espacio”.

Agregó: “la única cosa que me molesta acerca de la percepción sobre Ian es que siempre lo pintan como un individuo malhumorado y deprimido, un artista torturado; nada de eso era. Hicimos una banda para divertirnos. Él siempre se estaba riendo, contaba chistes muy malos. La tragedia de todo esto realmente es que no se habla de las emociones. Tiene que salir de alguna forma, todo eso que te estás guardando y con Ian salía a través de sus letras.

Cuando Ian se enfermó, fue peor porque había otra cosa ahí de la que se negaba a hablar. Su mayor defecto era que siempre quería complacer a los demás.

Agregó: “la influencia de Ian se estableció muy pronto. Poco después de haber terminado Closer, nos dimos cuenta de que había muchas bandas que sonaban como Joy Division o que tenían a alguien que intentaba cantar como Ian. En el momento fue molesto, decían ‘¡bastardos estafadores!’, en vez de pensar: '¿no es genial? Cuando empezamos a tocar, tomabamos cosas de Iggy y The Velvet Underground y ahora la gente está tomando cosas de nosotros. ¡Estoy seguro de que molestaría a Ian más que a nadie!”

Closer, de Joy Divison, será reditado en vinilo por su 40 aniversario el 17 de julio. El álbum incluirá tres sencillos remasterizados de otros discos: Transmission, Atmosphere Love Will Tear Us Apart.

 

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