El virus es una comunicación, así que no vamos a morir: Godard

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Escribo, si es posible, a mano. Antes usaba una máquina, pero prefiero escribir a mano. A menudo escribo poco. Después no puedo releerme, así que vuelvo a escribir... Ya es algo, expresó Jean-Luc Godard con un puro en la boca y un encendedor en la mano.

La inesperada aparición en Instagram del cineasta franco-suizo, de 89 años, quien destacó en el movimiento cinematográfico llamado Nouvelle vague, se volvió el acto cultural del día.

Desde su casa, en Suiza, vistiendo una camisa a cuadros y un chaleco verde, Godard recibió a Lionel Baier, responsable del departamento de cine de la Escuela Cantonal de Arte de Lausana (ECAL), para hablar sobre las imágenes en tiempos del coronavirus.

A las 2:30 de la tarde en Francia, la conversación con el director comenzó. Libération, Le Canard enchaîné y Charlie Hebdo son las tres publicaciones que todavía lee, reveló Godard. A pesar de su voz a veces débil y temblorosa, el cineasta seguió encendiendo su puro durante los casi cien minutos que duró la transmisión.

El cineasta también se daba tiempo para reflexionar, guardaba silencio, volvía a fumar. No lo sé, me sobrepasa, admitió Godard sobre diversas preguntas en que el tema involucraba prácticas surgidas de nuevas tecnologías. El virus es una comunicación: como lo que estamos haciendo... así que no vamos a morir, pero tal vez no podamos vivir bien, reflexionó en vivo, como en una charla con un conocido.

El director de El desprecio y Sin aliento parecía a veces perdido, pero su mente no dejaba de saltar de un tema a otro.

Mencionó la teoría de la información de Claude Shannon a los médicos que van avanzando y nunca retroceden, porque el virus avanza, y después dijo que el alfabeto tiene muchas letras. Y ahí se detuvo para hablar del lenguaje.

“Para mí el lenguaje no es precisamente la lengua, son todas las lenguas que han existido y habrá –expresó Godard–. Creo que todos los grandes escritores, los poetas, han buscado ir más allá de la lengua, y eso es un lenguaje, que es una mezcla de palabras e imágenes”, puntualizó.

Entre tanto, Lionel Baier y un asistente aparecían de vez en cuando, usando un cubrebocas y manteniendo cierta distancia. En la pantalla, unos corazones de colores desfilaban del lado derecho de Godard, y toda clase de mensajes en diferentes idiomas aparecían desde la izquierda.

-El cine, un antibiótico-

A pesar de que a veces le costaba encontrar la palabra que buscaba, Godard parecía contento. Definió al cine como un antibiótico, volvió a hablar de las letras, y destacó que sus libros favoritos actualmente eran los policiacos. Al hablar de su cinta Adiós al lenguaje, Godard afirmó que encuentra que los grandes actores están en algo completamente falso. Incluso si son humildes, están en la megalomanía de su personaje. Pero le gustan los extras, porque son ellos mismos, hay una inocencia.

Más tarde, admitió que con la edad ha perdido memoria, lo que no tiene nada de extraordinario. Pero he perdido la memoria del instante, mis recuerdos más profundos los tengo. El director mencionó que cuando hace compras no hace lista sino que visualiza el recorrido que debe realizar. Y cuando veo una pera, me acuerdo de que es eso lo que quería, lo que más allá de angustiarlo, lo reconforta. Godard opinó que si se enfocara en la palabra pera, probablemente entonces sí olvidaría lo que buscaba.

Jean-Luc Godard es pensador inagotable de las imágenes. Desde su etapa como crítico en la legendaria revista Cahiers du Cinéma (Cuadernos de cine) hasta su obra cinematográfica, primero al frente de la Nouvelle vague.

Godard se dejaba ver poco. Son contadas sus intervenciones públicas o en los medios; por ello, su aparión en redes sociales fue un suceso para los amantes del séptimo arte.

Su más reciente película, El libro de imágenes, que recibió una Palma de Oro honorífica en el festival de Cannes, será propuesta para que en el festival Vision du Réel en Nyon, Suiza, los visitantes puedan relaborar la cinta. Se podrán separar la imagen y el sonido para apropiarse del filme antes de volver a ver el original.

Godard también habló del proyecto en el que trabaja actualmente, una pieza que se apoyará en la música de ópera, pero con un tono menos clásico.

Casi al final de la conversación, el cineasta habló de los autores de la Nouvelle vague y la etapa de Cahiers du cinema. En aquella época pensaba que el cine debía enseñarse en las universidades, indicó, aunque ahora su opinión es distinta.

El franco-suizo también recordó a Éric Rohmer, quien durante mucho tiempo vivió escondido; su familia no sabía que le interesaba el cine. Dijo que mientras que Jacques Rivette podía pasar una tarde entera volviendo a ver la misma película, él prefería ir de una sala a otra para ver cuatro o cinco pedazos de películas.

Después de agradecer a Godard, el académico de la ECAL olvidó cortar la transmisión de su teléfono. Estando todavía en vivo, se escuchó a Baier hablar con su asistente, ¿Habrán visto todo y entendido todo? No lo sé..., respondió este último. La institución francesa anunció que eventualmente la conversación será subtitulada al inglés y puesta disposición en su página oficial.

 

 

 

 

 

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