"La violencia en el nivel familiar tiene repercusiones sociales"

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Sábado 18 de enero de 2020. La socióloga y documentalista Leonor Zúniga considera que en su país, Nicaragua, existe una cultura de silencio e impunidad que afecta a la sociedad en distintos niveles y la cual es necesario erradicar.

La activista centroamericana es directora del documental Exiliada, que narra la historia de Zoilamérica Ortega Murillo, hijastra del actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, e hija de la vicepresidenta, Rosario Murillo.

Hace más 20 años Zoilamérica acusó públicamente al ex líder de la revolución sandinista de haber abusado sexualmente de ella desde que era una niña; sin embargo, la batalla legal no prosperó. Ya entonces Ortega era diputado en la Asamblea Nacional, jefe del partido sandinista y se preparaba para postularse a la presidencia de Nicaragua por tercera vez.

Además, Rosario, la madre de Zoilamérica, permaneció al lado del mandatario durante todo el proceso, acusando a su hija de mentir y argumentando que se trataba de un asunto familiar que debía resolverse de forma privada. La cinta de Zúniga explora las consecuencias que esta descalificación ha tenido para Zoilamérica, quien actualmente vive exiliada.

A la documentalista, además, le interesaba saber lo que pasa con las víctimas de abuso sexual cuando deciden denunciar, con independencia del contexto donde esto ocurra. Leonor considera que el silencio es un comportamiento que está extendidísimo en la sociedad nicaragüense, igual que en otros países de Latinoamérica.

El caso, espejo de realidad

Exiliada surge de la conclusión a la que Zúniga llega luego del impacto de movimientos feministas como el #MeToo. Me llamaba la atención la idea de que siempre estamos pidiendo a las personas que sufren abuso sexual, hablar, hablar hablar, explica la socióloga, por lo que quería aprovechar la historia de Zoilamérica, no por la particularidad de su familia, sino porque su historia era un espejo que reflejaba un problema social mucho más grande.

Muchas de sus amigas le contaron que habían sido víctimas de algún tipo de abuso sexual, aunque no todas habían denunciado las agresiones. Zúniga se dio cuenta de que en la mayoría de los casos quienes sí los habían hecho públicos muchas veces eran estigmatizadas o silenciadas para mantener el bienestar de un sector, por lo que la socióloga también quería explorar el mundo desde su punto de vista femenino.

En las condiciones actuales, la decisión de denunciar es sumamente personal, estima. Esto, debido a que no tenemos esa apertura de entender este fenómeno social.

Leonor habla de lo que ocurre a quienes han sido abusados siendo niños: es un fenómeno tan difícil de entender cuando son chicos que les toma muchísimos años asimilarlo y decir la verdad, por lo que juzga injusto que las denuncias por abuso sexual tengan una fecha de expiración. Les estamos cerrando las posibilidad de denunciar.

La cineasta tiene la esperanza de que eventualmente las sociedades serán más claras y radicales en el apoyo y protección a las víctimas de este crimen, desde el ámbito familiar hasta el legal.

Sólo así se sentirán más motivadas a denunciar en todos estos ámbitos, afirma.

Cuando se filmó Exiliada, Daniel Ortega se postulaba por cuarta vez para ser presidente de Nicaragua.

Algunos años más tarde, cuando la película fue estrenada, en el país centroamericano ya había estallado la crisis social y política que sigue afectando a dicha nación. Dicho contexto, considera Zúniga, ayudó a la recepción del documental porque la violencia era ejercida por la misma persona. La gente está conectando que esta cultura de silencio e impunidad, que ocurre en el nivel micro, tiene consecuencias en el macro, indica la documentalista.

Leonor considera que es importante ver a Zoilamérica como madre y profesora, viviendo de forma sencilla, lejos de la estigmatización a la que el Frente Sandinista la ha sometido. La documentalista admira de ella su coherencia, su sentido del humor que la ayuda a lidiar con su problema. Es una persona muy valiente, extremadamente valiente. Una cosa es plantarse contra Ortega ahora, siendo parte de un colectivo, y otra lo que ella hizo hace 20 años, sola y en contra de su familia.

La nicaragüense espera que su filme sirva para comenzar un proceso de romper la cultura de silencio e impunidad hablando de las violaciones de derechos humanos.

Desde antes del estreno de su película, a principios del 2019, la realizadora salió de su país por temor a ser reprimida.

Exiliada ha llevado su mensaje a diversos países gracias a la colaboración de grupos locales de derechos humanos y feministas, además de la colaboración de Amnistía Internacional.

Ayer, en el Instituto Francés de América Latina (Ifal) el documental de Leonor Zuniga se proyectó por primera vez en México y hoy se hará en la Filmoteca de la UNAM.

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