"El rock nacional está hundido en el anonimato y el mar de Internet"

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Sábado 11 de enero de 2020. La música en México ha sido un camino de obstáculos, en el cual el rock nacional se ha visto en oleadas y por generaciones de bandas, determinado por el contexto cultural y socioeconómico de cada época.

Así lo consideró el músico Alejandro Otaola, guitarrista de Santa Sabina, banda que celebra su 30 aniversario, quien planteó una analogía sobre el impacto de las herramientas tecnológicas y los medios de comunicación impresos.

Antes estábamos firmados por una disquera y la tecnología determinaba la manera en que se grababan los demos y se hacía difusión. Las ruedas de prensa eran para que esa información figurara en medios escritos; ahora, los mismos periódicos están desapareciendo porque la gente ya no los compra y, si observas, es algo similar: ¿por qué ya no hay diarios?, por el mismo motivo por el que los artistas ya no graban discos, sino que suben su música a Internet. Todo va de la mano.

De hecho, prosiguió, es imposible diagnosticar qué deben hacer las bandas, porque cada generación musical habita en contextos cultural y socioeconómicos distintos.

Por ejemplo, cuando Santa Sabina apareció estaban saliendo otras bandas como La Lupita, La Cuca, La Castañeda o Tijuana No; entonces había interés de la industria de difundir a esas bandas, eran firmadas y se tenía apoyo mediático, mismo que te colocaba en un escaparate donde mucha gente podía escuchar lo que hacíamos.

 La venta de discos ya no es negocio

Hace más de 30 años fueron apoyadas Caifanes, Fobia, Café Tacvba o Maldita Vecindad; luego emergió la generación de Santa Sabina, después Molotov, Control Machete y Zoé, las cuales fueron parte de un momento, donde tuvieron visibilidad mediática y mucha gente las conoció.

Ahora, explicó el músico, la venta de discos no es negocio debido al Internet; lo cual también ha cambiado la manera en que se firma y difunde a las agrupaciones; incluso, éstas no están a la espera de que sean firmadas, sino que se dedican a hacer más cosas; gracias a las herramientas tecnológicas crean redes entre ellas y con el público.

Agregó: Antes, si estabas en la misma disquera, seguramente tocabas en festivales que eran organizados por el mismo sello; ahora, las bandas crean sus propios festivales junto con otros grupos y, están planteando, de manera distinta, la escena musical.

–¿Por eso siempre son los mismos headliners en los festivales?

–Siento que todo tiene ver; las bandas que se vuelven headliners son las que en algún momento de su historia tuvieron el apoyo de una disquera; pero ahora, éstas ya no ven en las agrupaciones un negocio seguro y difunden a los grupos que ya se conocen debido a la exposición mediática que tuvieron” en su momento.

Sobre la historia de Santa Sabina, el guitarrista, dijo: Tras la muerte de Rita Guerrero y Julio Díaz tuvimos la sensación de que el destino fue el que terminó con la banda.

Nuestra intención, dijo, no ha sido volver, sino rendir homenaje a nuestros compañeros y agradecer al público que ha mantenido viva nuestra música en estos años.

El próximo 2 de febrero concluye el aniversario 30 de Santa Sabina, el cual se había planeado festejarlo durante un año; pero si tenemos oportunidad de compartir este concierto con otros públicos nos gustaría hacerlo, a pesar de que tenemos conciencia de que estamos por poner punto final a esta historia musical.

 Una trascendencia que no se calculó

En este sentido, Poncho Figueroa, quien ha estado a la cabeza de la banda, confío en que el concierto de aniversario 30 puedan llevarlo tanto a Guadalajara como a Aguascalientes, entidades de donde eran originarios Rita y Julio Díaz.

Consultado sobre el impacto que generan las bandas, Figueroa comentó que sin saber y sin querer lo que hicimos en el pasado con Santa Sabina tuvo una trascendencia que nosotros mismos no calculamos; quizá tenga que ver que no había tanta oferta; ahora, estéticamente no hay, pero se produce mucho más y se generan múltiples proyectos.

Antes si éramos 100 grupos, ahora son mil; todos hundidos en el mar de Internet y de la superoferta. Por esta razón, la modificación de los medios no ha generado un movimiento que parta de lo estético, de la intención de modificar los estilos o las formas musicales, sino que se pierde entre ese mar y en el anonimato.

Es cierto que existen muy buenas propuestas y artistas que hacen cosas relevantes, pero no llegan al público y, si llegan, hacen un gueto y no se vuelven tan populares.

Incluso, puntualizó Figueroa, “somos el país que consume todo lo que produce Estados Unidos, Europa y el resto de Latinomérica, y al último consumimos nuestra música, lo cual ha propiciado que no tengamos industria –o es muy incipiente– y se tenga que recurrir a bandas que se solidificaron en otro momento, cuando quizá la oferta no era tanta desde el extranjero”.

 

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