La Ciudad de México baila mucho y bien, expresa Carolina Velázquez

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Lunes 25 de noviembre de 2019. La capital mexicana es bailarina. En el ex Distrito Federal se baila mucho y bien, sostuvo la narradora Hena Carolina Velázquez (Ciudad de México, 1954), quien presenta una nueva versión de Salones de baile, ritmo y sabor, la primera se estrenó en 2015.

A diferencia de hace cuatro años (https://www.jornada.com.mx/2015/ 11/30/espectaculos/a13n1esp ), cuando hizo un homenaje a las parejas que acudían a los salones, la apuesta de este nuevo espectáculo narrativo se enfoca en distintas etapas que ha vivido esta ciudad y sus bailes, y todo a través de una sola herramienta: la voz de su creadora.

El montaje –que ahora prescinde del bailarín masculino– mantiene su estructura en tres partes y únicamente presenta dos piezas de baile: un solo de danzón ejecutado por ella y una salsa en pareja. Se trata de dar un carácter profesional a la narración oral como un arte escénico dirigido no sólo a público infantil, sino también a jóvenes y adultos.

 Exploración profunda de la voz

En esta ocasión, explicó Carolina Velázquez, presento un trabajo de exploración profunda de la voz –gracias a una beca del Fonca en la categoría de artes escénicas, y al apoyo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, que la becó para estudiar técnica vocal– y deliberadamente reduje al mínimo los elementos escénicos: en el estrado me apoyo únicamente en un vestuario que evoca a los vestidos usados en los salones de baile, un abanico, una silla y una mesa.

Mi propuesta es una suerte de narración cronicada llena de imágenes de esta ciudad que, si bien ya no es la de los salones de baile de los años 30, en ella coexisten los ritmos de esa época y los actuales. Aparecen anécdotas, testimonios y descripción de personajes, como Benny Moré y Celia Cruz, y un concierto de la Sonora Santanera.

Precisó: “Salones de baile… no es un monólogo, recurso muy concurrido en el teatro; es una conversación con el público en la que hay breves momentos cantados, pero como elementos elaborados que no tiene la narración oral”.

Después de 24 años de ejercer el periodismo y tres lustros de trayectoria como cuentacuentos, Carolina Velázquez, quien también es sicoterapeuta Gestalt con enfoque en trabajo corporal, obtuvo una beca para realizar este montaje gracias a una beca del Fonca en la categoría de artes escénicas.

Defiende el poder de la palabra y la voz: la oralidad no sólo permite contar historias, sino al escuchar recuerdas y reconoces tus propias vivencias, y cuando esto ocurre te resignificas, te otorgas la autonomía necesaria para evitar ser manipulado. Por eso afirmo que la narración oral debe ser catalogada como patrimonio de la humanidad.

Narradora oral desde hace 15 años, ha participado en festivales nacionales e internacionales. Aseguró que lo que le interesa es tener un público que escuche una historia; que disfrute un espectáculo de este tipo. Me importa mucho que al final suceda este baile espontáneo, porque la narración oral tiene la virtud de permitir la conexión entre las personas, porque su base está en la conversación y da la posibilidad de contarnos historias. Recuerdo cuando mi abuelo me contaba que iba a tal lugar... que mi hermana iba a bailar y tal y tal... recordar esas vivencias da ganas de contarlas.

Insistió en que la narración oral es más que una herramienta; es algo intrínseco al humano. Somos comunicativos, incluso quien no puede hacerlo con la voz, lo hace a señas.

Con la dirección de Natalia Goded, Salones de baile, ritmo y sabor se presenta en funciones gratuitas. La primera fue el viernes pasado en el Museo de los Ferrocarrileros, y el día 23 en la Casa de la Cultura de Azcapotzalco. Este lunes 25, la sede es el Museo Carranza a las 19 horas; el 30, el Museo León Trotsky a las 19:30; el 4 de diciembre en la Nana Conarte, Salón México, a las 18:30 horas, y el 6 de ese mes en el museo comunitario de San Miguel Teotongo –tierra de sonideros–, en Iztapalapa.

 

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