Loquillo presenta su más reciente producción ‘El último clásico’

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Madrid. Nunca ha esperado Loquillo (José María Sanz, Barcelona, 1960) a que nadie le diga lo que es o lo que deja de ser. Si hay algo que siempre ha tenido claro es precisamente eso y este viernes, superado ya el umbral de los cuarenta años de carrera, lo afirma tajante en el título de su nuevo disco: 'El último clásico' (Warner Music).

"Es una realidad", remarca a Europa Press el barcelonés, quien añade: "Somos los últimos de una estirpe mientras el mundo se desvanece. Y soy un personaje que ha trascendido del rock a la cultura popular española gracias a unas canciones que forman parte de varias generaciones. Cuando consigues eso eres un clásico".

Desde esta posición ganada década a década, canción a canción y concierto a concierto, defiende Loquillo la importancia de que cada cual tenga claro "cuales son sus principios". Más aún en un mundo como el actual, en el que algo tan "normal" como eso, se considera "radical".

"Frente a un mundo de apariencias, se necesitan referencias. Vivimos tiempos asesinos en los que es difícil encontrar gente real y de verdad. Está todo muy banalizado, la mentira viaja más rápido que la verdad", lanza con firmeza y toda la rotundidad de su voz.

Destaca en este punto que tanto el tema titular como 'Creo en mí' son dos canciones poderosas, declaraciones de intenciones, firmadas ambas por Igor Paskual, su escudero en la guitarra y la composición desde hace ya casi veinte años. "Me ha hecho dos trajes a medida", admite.

Y aún añade: "Me conoce muy bien, sabe perfectamente de qué voy y compartimos esa mirada al mundo que ahora mismo lo delimita todo. 'El último clásico' empieza diciendo 'Hay demasiados dirigentes, van demasiado sonrientes'. Esa frase identifica el mundo en el que estamos viviendo ahora y lo dice todo".

Al decir esto pareciera que quiere Loquillo hablar de política, pero no es así en absoluto. "Los políticos han entrado en la dinámica de ser estrellas del rock. Son soberbios, ególatras... Ante eso, una estrella del rock no puede convertirse en político", argumenta, desechando así la cuestión con esa media sonrisa tan suya que mezcla sorna con chulería.


LA IMPORTANCIA DEL EQUIPO Como ya es habitual, para 'El último clásico' Loquillo ha escogido una alineación de las que dan pavor al equipo rival. Algunos ya reincidentes como el caso obvio de Igor Paskual, junto a Leiva, Gabriel Sopeña, Luis Alberto de Cuenca o Carlos Zanón. Y para que la máquina carbure, no faltan nuevos fichajes como Marc Ros de Sidonie -que firma también dos canciones- y Santi Balmes de Love of Lesbian -que se encarga del cierre-.

Encantado con las aportaciones de ambos, asegura que llevar a su terreno el "universo tan particular" de Santi fue un reto -el resultado es 'El resucitado'-, mientras que a Marc -su firma está en 'Gafas de sol' y 'La vampiresa del Raval'- y le califica como el "heredero de la mejor tradición del pop español".

"Y me gustaría aclarar que un artista de pop para mí eran los Kinks, no David Bisbal. Porque al decir pop hay que puntualizar mucho", dispara el catalán, quien cita también a Los Salvajes y Los Bravos, al tiempo que pone en valor la labor en la producción de todo el álbum de Josu García, quien también tiene una "gran influencia del pop-soul español".

Se reivindica entonces Loquillo como "intérprete" y plantea que, como ya está "por encima de muchas cosas", se puede "permitir el lujo de trabajar con los mejores compositores". "Cada uno tiene que saber la posición que ocupa en una banda y la mía es la de gestionar el talento", sentencia.

Podría dejarlo ahí, pero aún apuntala un poco más sus palabras: "He hecho discos en todos los formatos. De poesía contemporánea, bandas sonoras, hits de mi puño y letra... Y no tengo problemas de ego.

Trabajar con gente mejor que yo me ayuda a aprender y a crecer.

Loquillo no es un artista, sino un concepto global alrededor del cual revolotean los mejores compositores, los mejores músicos y las cabezas pensantes del rock español".

A pesar de la solemnidad presente en estas últimas afirmaciones, tira de sinceridad y sentido del humor el para confesar que él es un "ignorante en el sentido musical de la palabra", puesto que no sabe "ni solfeo ni tocar ningún instrumento". "Pero he hecho 38 discos", recuerda, para acto seguido fanfarronear con una leve carcajada: "Imagínate si llego a aprender solfeo".


VIGENCIA DEL ROCK N' ROLL Las diez canciones de 'El último clásico' están repletas de declaraciones que bien podrían ser titulares de prensa. A partir de una de ellas, que aboga por 'vivir una vida que merezca la pena recordar', afirma Loquillo que "la sociedad en la que vivimos hace que el individuo vaya hacia que su vida esté programada". O dicho de otra forma, a que nuestras vidas sean todas irrelevantes.

Pero ahí es donde entra el rock n' roll como "exaltación de la libertad individual". "Hay quien escucha rock n' roll y quien vive rock n' roll", proclama, para luego dar una vuelta de tuerca a sus palabras y enfatizar todavía más: "Hay gente que sube al escenario a ganarse la vida y otra gente que sube a jugársela. Yo soy de estos últimos".

Y frente a los que van por ahí anunciando desde hace años la muerte del rock n' roll, se posiciona Loquillo aseverando que "la actitud y las formas del rock n' roll influyen absolutamente en la cultura popular ahora mismo". "Desde la clase política, que todos quieren ser pintureros", reitera, agregando: "Antes un buen político era el que sabía ser sobrio, ahora quieren molar. Y en eso está el rock n' roll, que también se ve en raperos o cantantes melódicos".

"Antes de preguntarse si el rock desaparece, solo observa", remata, no sin antes cavilar buscando la hondura: "El rock siempre sabe reinventarse. Estamos a final del siglo XX todavía, no en el XXI, aún vamos ver muchos cambios tecnológicos y tenemos que ver desaparecer a todos los artistas con los que hemos crecido y nos vamos a quedar solos. A lo mejor a partir de ahí todo se reinventa. La música clásica del siglo XX es el rock n' roll. La música de Mozart o Verdi no ha dejado de tocarse nunca".

VUELTA A LOS ESCENARIOS No sabe Loquillo en qué formato o cómo seguirá sonando el rock en décadas futuras pero, mientras tanto, apuesta de nuevo por "crear referencias" y por volver a los escenarios a presentar este nuevo disco. Será a partir del mes de abril en Zaragoza y las fechas de la gira, que durará dos años, se empezarán a anunciar la próxima semana.

Esos son los planes inmediatos del barcelonés, quien avanza incluso lo que vendrá después. "Una vez termine la gira de rock, me encerraré con los músicos adecuados para volver a mi gira de teatros con el lanzamiento del disco dedicado a Julio Martínez Mesanza y al poemario 'Europa'. Las canciones están ya maquetadas y las grabaré durante el año que viene", avanza, manifestando además también su deseo de musicar a Manuel y Antonio Machado, aunque no sabe si "por edad" podrá "llegar a hacerlo".

Así que, aunque aún no haya empezado esta gira de rock 'al uso', parece ya visualizar Loquillo su regreso a los teatros, alegato mediante: "Reivindicaré en ellos todos los discos de poesía contemporánea que tengo y cambiaré el lenguaje. A un teatro hay que ir a hacer otra cosa, no puedes ir con cuatro guitarritas acústicas a vender lo mismo que has hecho y hacer pagar a la gente dos veces. Si quieres tocar con la guitarrita acústica bájate al bar de abajo de casa o hazte 25 veces la sala Costello. Al teatro hay que ir con proyectos que sean diferentes y se encuadren en lo que significa la mística de un teatro".

 

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