Entre música y copal, la ópera ‘Motecuhzoma II’ sedujo al público

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Sábado 9 de noviembre de 2019, Ciudad de México. Las voces del pasado resonaron melancólicas en el Zócalo capitalino a 500 años del encuentro entre el Gran Señor Moctezuma y el invasor español Hernán Cortés, el 8 de noviembre de 1519.

Las imágenes de la antigua Tenochtitlan, con su gran centro ceremonial, proyectadas en tres pantallas fueron un puente para iniciar el viaje hacia una época de esplendor.

La música –antigua y de orquesta– fue el anclaje hipnótico para esta travesía, y las lenguas dieron significado al armonioso poema interpretado en voz de los actores y cantantes en Motecuhzoma II, ópera monumental.

La Visión de los vencidos se entendió, vibró entre miles de almas e hizo comprender que el apesadumbrado e inseguro tlatoani mexica intentó hacer todo lo posible en beneficio de su pueblo, el cual sucumbió junto con él, debido precisamente a la atracción que generó esa cultura por su grandeza.

Esta réplica indígena sobre la Conquista develó otra forma de entender el encuentro entre los líderes de Tenochtitlan y el de las huestes invasoras, durante la obra que se estrenó la noche del jueves, con una gran producción de más de 150 artistas, incluidos el coro Stacatto, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, dirigidos por Francesco Fanna, quien encabeza el Instituto Italiano Antonio Vivaldi en la Fundación Giorgio Cini de Venecia.

Original de Vivaldi

La obra de Samuel Máynez, basada en una partitura de Vivaldi titulada Motezuma, la cual estuvo desaparecida durante casi tres siglos, hallada, restaurada y relaborado el manuscrito, ahora en tres actos sedujo y captó la atención del público con una historia donde se “reinterpretó la Conquista” en castellano, náhuatl y maya.

El olor y el humo del copal se dispersaron desde un principio en la plancha de asfalto, mientras un grupo de danzantes prehispánicos, con sus impactantes atuendos y grandes penachos, se movió con fervor en un ritual sonoro iluminado por la luz de la Luna.

Después apareció indeciso Moctezuma y el español Hernán Cortés, quien compartió noches y reflexiones con Marina, mejor conocida como Malinche. La familia del emperador mexica también se reveló y mostró en la trama su interacción con el casi inalcanzable tlatoani.

La respiración se contuvo con la Matanza de Tóxcatl, llamada también del Templo Mayor, donde fueron masacrados los mexicas a manos de los invasores, en una escena donde además del dramatismo del momento sobresalieron varios altares con tzompantlis.

También se representó el sacrificio humano, lo cual, confesó Moctezuma, no lo dejaba tranquilo, pues lo aturdían las voces de quienes habían sido sujetos a ese ritual. En la festividad, un sacerdote arrancó el corazón sangrante de un individuo y sacudió la imaginación de los presentes.

El final se vislumbró a lo largo de los tres actos. El camino al Mictlán se hizo de manera poética, con antorchas y estrellas de fondo, mientras el público, parado o sentado en la plancha de asfalto, recordó el encuentro entre dos culturas durante ese conjuro artístico.

Motecuhzoma II fue dedicada al historiador, recién fallecido, Miguel León-Portilla “y a todos los muertos prematuros que aún no encuentran reposo en la conciencia nacional”.

La obra tuvo una segunda función este viernes en el escenario montado frente a Palacio Nacional, a un costado de la Catedral Metropolitana y de las ruinas del antiguo centro ceremonial mexica.

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