Carlos Acosta, de barrio marginal habanero a uno de los mejores bailarines del mundo

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Ciudad de México.  Cuando a un negro le llega algo, se aferra a ello con las dos manos y no lo suelta hasta que lo maten, le aconsejó una vez Pedro Acosta a su hijo, Carlos.

Pedro Acosta era un camionero de La Habana. Un hombre de carácter duro, descendiente de esclavos. Tenía la idea de que por su condición social y color de piel, debía esforzarse el triple. Su esposa era blanca, como una de sus hijas. A la otra de ellas le tocó tener la piel negra, como a Carlitos, niño de un barrio marginal habanero a quien sólo le gustaba bailar breakdance en la calle y soñar en ser como Pelé.

En los años 80, a los nueve años, Carlos Acosta, conocido en su vecindario como Yuli, lo tenía todo en contra (como la mayoría de los niños pobres en Cuba) hasta que su padre descubrió sus habilidades para el baile y lo inscribió, obligatoriamente, en la escuela elemental de ballet, en La Habana.

Se tenía que levantar a las cinco de la madrugada todos los días; tomar dos camiones para ir a clase y lo peor: sufrir bulling en el barrio, donde comúnmente lo llamaban maricón por asistir a clases de ballet.

Al final, Carlos Acosta es uno de los más grandes bailarines que ha dado Cuba. El primer negro en encarnar a Romeo en el Royal Ballet de Londres, entre muchos otros logros.

Para aprender a perdonar

No Way Home o Nunca mirar atrás es el nombre del libro autobiográfico del bailarín, en el que relata su vidacomo una terapia y para aprender a perdonar, el cual cayó en manos del británico Paul Laverty –guionista habitual de Ken Loach–, quien lo volvió un filme rodado con amplia sensibilidad por la madrileña Icíar Bollaín.

Al ritmo del corazón le pusieron de nombre al filme en México, donde se estrenará en salas este viernes.

Metafóricamente, la de Yuli puede ser parte de la historia reciente de Cuba. También la de alguien con gran voluntad de superación personal. Pero a través de la pantalla se erige en realidad como una historia de amor, el que puede tener un padre hacia su hijo, pero también el de la pasión por una disciplina artística o por una simple nostalgia.

La vida de Carlos transcurre con un paralelismo, como la historia reciente de Cuba. Es lo que les ha ocurrido a muchos cubanos en el exilio, y eso hace peculiar la historia, cuenta Bollaín a La Jornada a través de una llamada telefónica desde Edimburgo, Escocia, donde vive con Laverty, su pareja sentimental y de trabajo.

Carlos Acosta nació en 1973. De 1989 a 1991 actuó por todo el mundo con grupos como la Compagnia Teatro Nuovo di Torino, de Italia. Poco después, fue nombrado miembro del Ballet Nacional de Cuba, convirtiéndose en bailarín principal en 1994. Un año antes, hizo su debut en Estados Unidos con El Cascanueces. En 98 llegó a ser bailarín principal invitado del Royal Ballet.

“Aunque estuve en Cuba varias veces no conocía la historia de Yuli”, asegura Bollaín, quien comenta que el reto fue contar algunas emociones de la vida de Carlos Acosta a través del baile y sus coreografías.

Dice Icíar Bollaín que Acosta no ha perdido nada de ser un hombre de barrio de La Habana, una persona que se entrega y que comunica; sencilla. Además de su poder de conectar con sus coreografías, tiene el poder de conectar con la gente.

–¿Qué Cuba vio en los cuatro meses que duró su rodaje en la isla?– Se le pregunta a Bollaín.

–Hubiera querido convivir más con los actores para conocer más su cultura. Me interesa la gente que tiene una gran capacidad de resistencia. En Cuba son impresionantes la cultura y el arte. El enorme talento de gente en el campo de la música, el cine, la pintura, la literatura… Pero sobre todo, me impresiona la gente comprometida con la ilusión, que allá se acaba.

–¿Se vuelve una fascinación retratar el contexto social?

–Me encanta contar temas de la condición humana, de la relación entre las personas. La realidad que exploro, a veces viene, incluso. de una noticia del diario. De realidades.

–¿Cómo conectar con personas que no provienen de nuestra cultura?

–Hay coordenadas muy claras de trabajo que concluyen en lo mismo: intentar contar algo y que los actores conecten con las historias. El bailarín que interpreta a Carlos de joven no es actor. Es lo bello del cine, que puedes entender a otras culturas, a la vida.

Keyvin Martínez es quien interpreta de joven a Carlos, mientras que Edison Manuel Olvera, lo hace de niño. El propio Acosta aparece en el filme como él mismo.

Revivir mi pasado, actuarlo, bailarlo durante el rodaje ha sido una experiencia intensa y dolorosa, expresó el coreógrafo en una reunión con la prensa cubana en la sede de su compañía, Acosta Danza, que fundó en septiembre de 2015 tras despedirse del ballet y regresar a La Habana, donde vive con su esposa y sus tres hijas en una casa en Siboney.

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