Lila Downs recordó a Toledo y a José José en velada ecléctica

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Domingo 3 de noviembre de 2019. La noche del 1º de noviembre, Lila Downs demostró que la cultura mexicana es ecléctica, y el Día de Muertos es probablemente la celebración que más refleja lo anterior. En concierto en el Auditorio Nacional, la cantante de raíces oaxaqueñas y estadunidenses complació a su público con géneros diversos, como el mariachi y el sonidero.

Primero sonó una tuba, luego las percusiones y un acordeón, y entonces comenzaron a desfilar bailarines ataviados con trajes típicos. Sobre la réplica de una pirámide, vestida de verde limón, y acompañada de músicos con rostros pintados de calavera, Downs fue recibida por un público enérgico y emocionado.

Interpretaron un par de piezas, y la cantante hizo una pausa para explicar la ofrenda montada a un lado del escenario. Dedicada a nuestro querido Celso Piña, nuestro querido José José y a la memoria de don Francisco Toledo, que vive en todos nosotros, sentenció la cantante mientras el público gritaba para manifestar su apoyo.

En un Auditorio Nacional repleto, los fanáticos llenos de emoción entonaban temas como Urge o Dos botellas de mezcal. Poco después, Downs ponía a todos a bailar con Los caminos de la vida, que la intérprete entonó tanto en español como en mixteco. Una vez más el ritmo se volvió tenue cuando, acompañada sólo por un cuarteto de cuerdas, cantó Cruz de olvido.

En el ecuador del concierto, el conjunto Costa Azul de Rigo Tovar apareció en el escenario para poner a bailar a todos con el ritmo de Mi Matamoros querido. Inmediatamente después, la fiesta se volvía sonidera a cargo del Grupo Kual, de San Juan de Aragón.

Lila reapareció con un vestido morado de tehuana. Explicó que, inspirada por las historias de los jóvenes de Juchitán, compuso la canción Tiembla, sobre los daños provocados por el sismo del 19 de septiembre de 2017.

Antes de entonar La llorona, Downs llamó a la banda de música de ese municipio oaxaqueño. En mi tierra se acostumbra que esta canción se debe cantar y bailar con una banda del Istmo de Tehuantepec, explicó la intérprete.

Downs aprovechó una de las pausas para hacer un llamado al público: Porque creemos en nuestro país y hemos ido cantando a través de los años, y muchas veces decaemos un poco porque miramos las cosas tristes que nos pasan, pero por eso vamos de la mano de la música. Y ella siempre nos levanta.

Colores y símbolos de la tradición mexicana llenaban el escenario. Personas disfrazadas como jaguares, así como bailes regionales e imágenes del campo conducían la fiesta.

La potente voz de Downs se unió a la del Dr. Shenka de Panteón Rococó, con quien cantó Cariñito.

La intérprete cerró su concierto con temas como Cucurrucucú, Se me olvidó otra vez y Mezcalito. Al finalizar, el Instituto Latino de la Música la nombró embajadora cultural, distinción que Downs agradeció. Dejó al Conjunto Costa Azul de Rigo y al Grupo Kual cerrar la noche, y la cantante se retiró deseando a todos felices muertos.

 

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