Multitudinario adiós a José José

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Jueves 10 de octubre de 2019. Cual monarca, El príncipe de la canción fue homenajeado en el Palacio de Bellas Artes.  Sus seguidores no sólo le rindieron pleitesía en el máximo recinto de cultura en el país, sino que también fueron a despedirlo a dos lugares que fueron importantes para él: la Basílica de Guadalupe –virgen de la que fue abierto devoto– y la colonia Clavería, barrio donde creció y en el que aún viven familiares y amigos de la infancia.

Ayer, los mexicanos tuvieron de regreso a su cantante, luego de más de una semana de pleitos familiares y gran cobertura mediática plagada de desinformación.

El ataúd dorado de José José –cuyo costo es alrededor de 17 mil dólares–, que contenía la mitad de sus restos, fue depositado finalmente en el Panteón Francés, al lado de su madre.

El Príncipe regresó al Palacio de Mármol, donde Margarita Ortiz Pensado –reconocida concertista de piano y quien lo procreó con el cantante de ópera José Sosa– lo llevaba en brazos a los cuatro años.

Los restos de José Rómulo Sosa Ortiz –nombre real del intérprete– fueron cremados la tarde del martes en Miami y repartidos entre José Joel y Marysol, los hijos mayores de su segundo matrimonio, así como su hija menor, Sarita, a quien tuvo con su tercera esposa, la cubana Sara Salazar.

Según medios mexicanos y estadunidenses, la última voluntad de El príncipe de la canción era ser cremado. A regañadientes, José Joel y Marysol acordaron con Sarita y la viuda del cantante dejar la mitad de las cenizas en aquella ciudad de Florida, donde falleció el 28 de septiembre a los 71 años.

Ayer por la mañana, los aplausos y canciones retumbaron en el recinto del Centro Histórico, donde no hubo discurso oficial y sí una marea incesante de porras, vítores y canciones, así como gritos de franca solidaridad con los integrantes de la familia Sosa Noreña, quienes estaban conmovidos por el tributo de los seguidores. El primogénito levantó las manos en señal de victoria tras escuchar: José, hermano, tú eres mexicano.

Música de cámara

Desde que llegó el féretro a Bellas Artes, el olor de las flores se desprendía sutil, igual que la música de cámara. Las guardias de honor, encabezadas por Anel y sus hijos; la ex mánager de El Príncipe, Laura Núñez; funcionarios; amigos e intérpretes como Emmanuel, Lucía Méndez y Dulce, se sucedieron hasta la una de la tarde.

De las dependencias gubernamentales asistieron la jefa de Gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, así como las titulares de la Secretaría de Cultura federal, Alejandra Frausto, y del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, Lucina Jiménez, entre otros.

Antes de comenzar el homenaje, los admiradores llegaron de manera paulatina y formaron una gran fila para ingresar al recinto de mármol desde avenida Hidalgo y la Alameda Central. Al finalizar el programa se escuchó Las golondrinas, interpretada por el Ensamble de la Escuela del Mariachi Ollin Yoliztli y el coro del Ballet Folclórico de México, que antecedieron a un multitudinario minuto de aplausos.

Algunos seguidores –de todas edades y estratos sociales– que lograron entrar al Palacio de Bellas Artes definieron como verdadero milagro, que llegara al país la mitad de los restos mortales.

Aparecieron, por supuesto, vendedores de gorras, playeras y pulseras. También estuvieron a la venta viejos LP, seguramente sacados de algún armario.

En pantallas gigantes se podía apreciar la conmemoración en el recinto. Los seguidores se detenían frente al ataúd y lanzaban gritos de apoyo a la familia Sosa. Aunque querían permanecer más tiempo en el palacio, los fans eran apresurados por elementos de seguridad.

Qué triste fue decirnos adiós, era la frase plasmada en una gran foto colocada para honrar al cantante; parecía sintetizar el ambiente en que llegaron seguidores con fotos, flores, globos blancos y celulares para inmortalizar el día en que fue despedido El Príncipe.

En el Centro Histórico se manifestó el pueblo que amó a José José y lo abrazó hasta el último momento. Muy pocos leyeron una cartulina amarilla fosforescente en una ventana frente al Palacio de Bellas Artes: Sarita, ¡la porra te saluda!

 

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