John Waters, icono transgresor

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Sábado 7 de septiembre de 2019. Aunque es conocido como un rebelde por naturaleza, el cineasta John Waters nunca tuvo intención de convertirse en icono de la transgresión. Lejos de lo que la gente puede pensar, las pulsiones primarias detrás de la vida y obra del “padre del trash y el mal gusto” (como suelen referirse a él) no son necesariamente de rebeldía, sino del temor infantil a ser ignorado.

La vida y su admiración por una interesante variedad de modelos de conducta, que van desde el músico pop Johnny Mathis (su polo opuesto) hasta Divine (la actriz trans con quien se dio a conocer mundialmente gracias a la cinta Pink Flamingos), lo convirtieron en un personaje que a pesar de su obra sui generis logró hacerse de un nombre importante en la industria del cine, donde también logró abonar a la diversidad sexual en pantalla, sin dejar de lado su ironía y desfachatez.

Con motivo de su visita a la Ciudad de México los días 20 y 21 de septiembre para firmar autógrafos en Cine Tonalá y presentar su stand up This Filthy World, platicamos con él en exclusiva vía telefónica sobre sus influencias y su autoproclamada corrección política.

–En su trabajo como director de cine y en sus libros Carsick y Role Models, logra hacer una buena radiografía de quién es a partir de la gente que ha admirado por años, y que no hace más que demostrar que sus influencias son muy variadas. Muchos de estos personajes no se asemejan en nada a los demás.

–¡Es verdad! Tienes mucha razón. Recién publiqué otro libro en Estados Unidos que se llama Mr. Know It All. Mientras Role Models habla de esos personajes que me ayudaron a encontrarme y convertirme en quien soy, el nuevo libro llega después de 50 años de carrera, y lo que quiero es platicar a la gente más joven cómo me abrí paso en el mundo editorial, artístico y cinematográfico.

“Como bien dices, mis influencias siempre han sido muy variadas, incluso muy alejadas de lo que la mayoría de la gente pensaría. Porque se suele asumir mucho de mí que no es cierto. Con frecuencia leo críticos de cine que hablan de películas, refiriéndose a ellas como ‘a la John Waters’, cuando la verdad es que casi siempre son películas que no me gustan y jamás haría. Casi siempre son filmes que tienen personajes drag o que simple y sencillamente son ofensivas de alguna manera. Y aunque es fácil ser burlón y ofensivo, lo verdaderamente difícil es provocar risas con ello. Ahí es donde falla la mayoría.

Mis fans son muy inteligentes. Pero ni siquiera de ellos espero que entiendan todas mis referencias. Simplemente hablo y, si a alguien le parece interesante lo que dije, pero no sabe a qué me refiero, pues que lo busque y se entere. Porque así es como aprendí muchas cosas, siguiendo recomendaciones de gente, leyendo mucho y escuchando a otros hablar. De eso se trata lo que hago. No importa si es mi espectácu-lo hablado, mis películas o mis libros. El punto es iluminar y contar mis historias. Nunca he contado las historias de alguien más, ni he hecho una película que no se me haya ocurrido a mí.

–¿Considera que la gente se conforma con lo simple?

–¿En qué sentido?

–En el que, con prejuicios, se cree que si tienes ciertos gustos debes privarte de siquiera explorar otros.

–No sé. No creo. Me gusta pensar que la gente es mayoritariamente inteligente y que disfrutan analizar las cosas. No siempre me gusta lo mismo que a mis amigos. No tiene por qué gustarme. A veces disfruto que me gusten cosas que los demás odian. Por ejemplo, cada fin de año pasa con mi lista de las 10 mejores películas para Art Forum. El año pasado me criticaron mucho por incluir una película sobre Juana de Arco que es protagonizada por niños y está llena de canciones. Pero sabía que eso pasaría, porque no conozco a nadie más que la haya disfrutado. El punto es que la gente sepa que me gusta, y eso no significa que les tenga que gustar.

Violencia real o ficticia

–Hay un libro que se llama Hollywood Queer, en el que el autor Leandro Palencia asegura que un momento clave en su vida fue la primera vez que vio sangre humana real en un accidente. Usted ha dicho que tiene cierta fascinación por la mente criminal y los crímenes reales…

–Déjame corregirte, o al menos aclarar algo al respecto. No me resulta fascinante la violencia real. Me gusta la violencia falsa. Puedo ver la peor película de tortura pornográfica y, mientras la violencia sea fingida, me parece maravillosa. Pero si estoy viendo las noticias y muestran a alguien quitándose la vida o siendo víctima de violencia, muchas veces no puedo ni seguir mirando. Porque la diferencia entre la violencia real y la falsa es inmensa. Ni en la película bélica más realista hay alguien que se pregunte si las muertes son reales o no. Todo mundo sabe que son fingidas.

La mente criminal es un tema completamente distinto. Siempre me he sentido atraído por el comportamiento humano que no puedo entender. Si no fuera cineasta, seguro hubiera sido abogado criminal o siquiatra, porque me fascinan las conductas inexplicables. Quizá en muchos casos nunca logre entender el porqué, pero disfruto mucho ver a la gente y cuestionarme por qué hacen las cosas que hacen.

–Pero no sólo siente esa fascinación. También se ha acercado a esa gente cuando ha dado clases en prisiones. ¿De qué manera ha notado que los criminales se expresan artísticamente, comparándolos con el resto de la gente? ¿Hay diferencias o coincidencias?

–Fíjate que he conocido a muchos padres de gente que resulta ser criminal y siempre existe el cuestionamiento sobre si alguna vez se imaginaron que sus hijos terminarían así. Es una realidad que nunca sabes cómo será, a menos que te pase a ti. Es lo mismo para las víctimas de esos criminales, porque tampoco es algo que pienses que te va a pasar. Porque la vida no es ni un poco justa, ¿sabes? No creo en el karma y esas cosas. Ojalá de verdad existieran, pero la vida me ha demostrado lo contrario.

Aceptar esas realidades es parte de asumir las injusticias que tiene la vida. Por eso está bien que a los veintitantos vivamos enojados con la vida, porque no la entendemos con sus injusticias. Pero si sigues enojado con la vida después de los 70, entonces sólo eres un cretino. Nadie se ve bien culpando a sus padres de los problemas que tiene después de los 50. A esa edad ya de-beríamos haber resuelto muchas cosas sin embarrar a los demás.

–En el programa de Los Simpson hace referencia a lo trágico y el goce que hay en la tragedia…

–Para nada. No tengo gusto alguno por la tragedia. Como ya dije, me gusta explorar lo que no puedo entender. No me gusta la tragedia, pero sí disfruto de vez en cuando ver películas o escuchar música que me haga sentir mal. Frecuentemente llego de buen humor al cine y salgo sintiéndome mal. Pero no es algo que padezca. Nunca he buscado que el cine sea mi siquiatra.

Me gusta que el cine me afecte profundamente. A veces ocurre de manera positiva y alegre, pero también estoy abierto a que me perturbe. Las mejores películas son las que te sacuden.

–¿Cómo lidia con que hoy día la corrección política se imponga?

–Quizás esto te agarre inadvertido, pero debo confesar que siempre he visto mis películas como políticamente correctas. Si pones atención, en mi cine siempre le va bien a la gente buena, a aquellos que no son prejuiciosos y que suelen sobreponerse a los ataques de la gente envidiosa. Mis películas son tan políticamente correctas que jamás me he burlado de nadie que no sea yo mismo, ni de nada que yo no admire o respete. Te reto a encontrar una película maliciosa en mi filmografía. No soy así. Siempre velaré por el bien de la gente correcta.

–Se confunde la corrección con la capacidad de reírnos de las cosas.

–No sé cómo sea en México, pero en Estados Unidos la corrección política tiene un trasfondo absolutamente clasista. Entre más rico eres más abogas por esa corrección. Lo ves en las empresas, en las escuelas y en las universidades de gente pudiente. Pero en los barrios bajos a nadie le importa. La moral de los ricos y poderosos es la que está implementando esa corrección política. Y, aunque soy creyente de muchas cosas que podrían considerarse dentro de esa corrección política, también estoy convencido de que como sociedad debemos elegir qué batallas pelear. Porque mucho de lo que se está disfrazando como producto de la corrección política es lo mismo por lo que creo que Trump será relegido.

–¿Cree que en la vida debemos asomarnos con más frecuencia a lo prohibido y lo transgresor? ¿Diría que toda la gente puede hacerlo sin sentir que corre un riesgo?

–Bueno, creo que todos los niños son rebeldes de alguna manera. Todos nos llegamos a meter en problemas porque queríamos llamar la atención.

“La gente que ha revolucionado el mundo lo ha hecho de la misma forma, involucrándose en situaciones problemáticas para atraer la atención de la clase política, la Iglesia, los criticones o quien sea que esté al mando.

“En mi caso, la rebeldía es algo que llegó de manera natural, casi espontánea. Desde muy pequeño me di cuenta de que era distinto al resto de los niños, pero no era algo que me molestara realmente. Por supuesto que tuve conflictos y malos ratos creciendo, aunque me zafaba fácilmente de los problemas haciendo reír a los demás. Todos en mi escuela creían que estaba loco y, por lo mismo, nadie se metía conmigo.

Rebelarse es saludable. Si tienes hijos y a los 16 años no han hecho algo que te encabrone como papá, entonces tu hijo será un adulto de hueva.

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