Ignacio García desarrolló un método actoral único

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Ciudad de México. Ignacio García parece tener el don de la ubicuidad: hace teatro en su natal España, lo mismo que en India, Costa de Marfil, Rusia, Polonia, Inglaterra, Colombia, Argentina o México.

Su vida ha sido fragmentarse en tiempos y espacios para montar sus obras en lugares muy raros, variopintos, en los que de manera orgánica ha desarrollado un método actoral único: el de intentar entender al otro, comparte a La Jornada.

Destaca que cuando va a un sitio, lo hace para ofrecer algo o si no, mejor no va.

Ensayo ahora mismo en cinco países de tres continentes distintos, comenta, pero aclara que también se mueve a los diferentes países porque huyo del desgaste. Me aburro de todo en la vida, por eso siempre estoy viajando. Hace 450 mil kilómetros al año, asegura.

Pero sabe que ese sistema de escuchar y ver los sabores de cada sitio le ha hecho perfeccionar su oficio como director teatral, porque goza de aprender, pero sobre todo de descubrir la democratización del error. Me gusta que los demás tengan derecho a equivocarse, tanto como yo. Es hermoso dar espacio para que acierten o se equivoquen, dejarlos libres.

Hay que olvidarnos del mundo narcisista

Para él lo más difícil de dirigir teatro es “ver, porque muchas veces estamos en esa vanidad y ego de decir: ‘el actor no ha hecho lo que esperaba’. Pero no, tenemos que olvidarnos del mundo narcisista”.

García (Madrid, 1977) es titular del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, en España. Ha dirigido espectáculos dramáticos en los teatros María Guerrero, el Español, de Madrid; el Lope de Vega, de Sevilla, y el Colón, de Bogotá, así como con la Compañía Nacional de Teatro de México y en el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato.

Viene a México desde hace unos 10 años, en los que ha dirigido e incluso ha puesto en práctica su oficio como músico al crear las bandas sonoras de varios montajes.

Regresa a nuestro país para hacer lo que le gusta: jugar al teatro. Esta vez lo hará con juguetes de lujo, lo que considera un regalo de la vida.

Tendrá bajo su dirección en escena a dos histriones inteligentes, con bagaje y con mucha sensibilidad, actores que vienen de dos contextos teatrales diferentes: Luis de Tavira, maestro de generaciones de actores en México, quien dirigió la Compañía Nacional de Teatro, y Aurora Cano, también directora y músico, quien dirige a la compañía mexicana Teatro de Babel (a la cual pertenece García).

El madrileño dirigirá La fundamentalista, que se estrenará el 11 de septiembre en el teatro Salvador Novo, del Centro Nacional de las Artes (Cenart).

Reflexión desde el drama

En La fundamentalista, Markus es un famoso pastor autor de una serie de libros que intentan renovar la fe de las nuevas generaciones. Durante su ascenso a la fama, de pronto regresa a su vida Heidi, chica a la que dejó de ver hace 20 años y con la que mantuvo durante su juventud una entrañable amistad. Ella pertenece a un grupo de cristianos renacidos miembros de la Iglesia de la Palabra Viva y que ha venido a alejar a Markus del camino al infierno.

No es un producto teatral, sino una reflexión desde el drama..., adelanta Ignacio García.

La obra aborda la vida, la religión, la espiritualidad y el respeto hacia el que piensa diferente a uno, refiere.

Al director le emociona trabajar con los dos histriones mencionados porque con ellos le une una complicidad.

Sabe que van a metabolizar lo ensayado; se lo llevarán a casa y lo traerán relaborado. Además, nadie va a una obra de teatro y dice: esa mirada de la actriz o del actor se le debió ocurrir al director. No, lo mejor del teatro es que es un hecho comunitario, colectivo. No hay jerarquía vertical, sino una comunión horizontal.

Dice que no hay nadie en Latinoamérica que sepa tanto sobre el fenómeno religioso desde el teatro como Luis de Tavira, quien contribuyó a mejorar el texto, original del finlandés Joha Jokele, asegura García.

No hay nadie que encarne a un pastor protestante con todo el conocimiento teológico, como él. Aurora Cano representa a una fundamentalista abducida por una secta evangélica. Ambos personajes tienen un pasado común, con episodios de abusos sexual, pero luego de 30 años se recuentran e intentan convivir con la dificultad que es traer el bagaje de un posicionamiento religioso.

Ignacio García es creador de la banda sonora de La fundamentalista,porque no entiendo al teatro sin música. Yo me hago traje a la medida.

Es músico de formación; ejecuta el clarinete. Ha dirigido incluso a la banda municipal de Almagro con la mexicana Jaramar Soto interpretando música de banda española.

La fundamentalista, de la compañía Teatro de Babel, se estrenará el 11 de septiembre en el teatro Salvador Novo del Cenart.

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