Culiacán ¿operativo diplo-militar? / John Saxe-Fernández / II

Ante las complejidades políticas contenidas en el operativo Culiacán (OC), al que se suma el inusual discurso del general Gaytán Ochoa, es necesario revisar la dimensión económico financiera, además de política, para apreciar los intereses que se mueven, incluyendo el papel de Estados Unidos en las sucesivas etapas del OC, también como los calderonistas, interesado en restaurar la fracasada estrategia de guerra de la Iniciativa Mérida (IM), centrada en perseguir, capturar y deportar capos, generando magna violencia, caos y desintegración del tejido social, eso sí, de interés al ímpetu electorero de Trump, al acceso a contratos privilegiados (cost-plus) en la vasta maquinaria bélico-industrial de EU o acá a un no al cese de compras e importaciones de equipo y servicios militares.

Los analistas conservadores (AC) hablan de guerras o matanzas que atrapan a EU y lo empantanan. No ven los negocios bélico-industriales que cautivan a cúpulas civiles y militares. Es hora que revisen conceptos y evidencias.

México está lejos de ser una economía manufacturera. El diseño del TLCAN y del T-MEC se fraguó desde la maquila y de la superexplotaciónde la fuerza de trabajo (SFT), de un precariato que ya contagia a EU. (Ver de Adrián Sotelo su notable: Estados Unidos en un mundo en crisis, Anthropos/Ceiich UNAM, 2019.

Aunque no guste a los AC de tv, la sociedad de EU y la mexicana contienen clases sociales en cuya dinámica se gesta lo fundamental del proceso histórico capitalista. El neoliberalismo no es otra cosa que una gran ofensiva del alto capital contra el trabajo. Es su respuesta a la crisis de acumulación que lo aqueja desde mediados del siglo XX. Tampoco es EU sólo una economía de mercado. Es lo que los AC prefieren no incluir, achatando sus evaluaciones de seguridad: además del mercado, ese algo más es la economía permanente de guerra, operación de monumental importancia y dimensión del gobierno de EU que Seymour Melman captó en varios volúmenes. El manejo de su economía militar por medio de una administración central, con más de 37 mil firmas industriales o divisiones de esas y más de 100 mil subcontratistas que operan bajo el control de una oficina de administración federal con cerca de 50 mil empleados. Es la administración industrial centralizada estatal de mayor dimensión del mundo. ( Profits Without Productivity, 1987). Pero hay algo más: los contratos gubernamentales de las agencias militares se asignan en base de cost-plus, es decir, que contienen un fuerte incentivo para aumentar ganancias vía aumento de los costos. Son medidas anticíclicas a lo bestia. Se aumentan los costos e incluso se alientan los sobrecostos. Todo eso en la producción de helicópteros, aviones, fragatas, etcétera. Trump disparó el presupuesto en esos rubros que llega al billón ( trillion) de dólares. Mucho más que los 700 mil mdd asignados al Departamento de Defensa (DoD, por su siglas en inglés).

¿Qué tiene que ver eso con el OC? Más que bastante. Para revisar el fondo de la IM, Eduardo Correa Senior en Militarización tras la Iniciativa Mérida, Secretaría Estatal, Morena, CDMX, 2019, revisa la larga experiencia del Plan Colombia, también bajo auspicio de EU: Miren lo que pasó. EU supuestamente dio a Colombia 7 mil 400 millones de dólares en especie en los últimos 20 años. Eran recursos para fumigar la hoja de coca. Monsanto vendió al ejército de EU el agente naranja. Quien sugirió recurrir al mismo producto más barato en China fue despedido. El arreglo EU-Colombia contenía condiciones: “Sólo se puede comprar a EU, eso pactaron dentro del plan… Nos venden los helicópteros para transporte rápido de las tropas, pero sin repuestos, sin equipo de artillería, sin radar y sin servicio de mantenimiento, sin relojería de tablero. Entonces hay que poner todo eso aparte y además hay que hacerle un huequito especial a los helicópteros y comprar una gasolina especial. Todo eso solamente lo vende el complejo industrial militar de los EU”. El Plan Colombia costó 49 mil mdd al gobierno colombiano. Es pagarle y pagarle.

En un sólido análisis, Enrique Galván Ochoa plantea que al dar AMLO un giro a la estrategia de seguridad buscando la pacificación sin continuar la guerra que ha dado pocos resultados y tiñe de sangre al país, sino atacando las estructuras financieras y mejorando las condiciones de vida de la gente, ese vuelco tiene un efecto: (textual): “disminuirá el negocio de la compra de armas y equipos militares. Afectará los intereses de los que hacían negocios con el sector militar desde adentro y desde afuera. Como en el caso de las medicinas y los laboratorios, hay perdedores. El general Gaytán Ochoa, que alguna vez manejó miles de millones de pesos desde Banjercito –con cuestionamientos de la Auditoría Superior– debería ser más explícito sobre el origen de sus inconformidades, que pudieran ser justificadas, pero falta claridad a sus palabras”( Dinero, La Jornada, 4/11/ 2019).

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