Balance de la jornada / Medio siglo de buenos salarios se acerca su fin

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El boom comenzó en el torneo 1969-70 con un caso que resultó simbólico. Enrique Borja era la joya auriazul, pulida por el argentino Renato Cesarini. Ese año el goleador lideró una demanda de aumento salarial, pero, sin su consentimiento, fue traspasado al América; se manejan cifras de entre 500 mil y 750 mil pesos, inimaginable para la época. Guillermo Cañedo de la Bárcena, entonces presidente del club de Televisa y de la Federación Mexicana de Futbol, estaba empeñado en vestirlo de amarillo.

Borja se dio cuenta de que el negocio estaba hecho y emprendió una cruzada que le ganó tanto críticas como elogios. Habló con el presidente auriazul Pedro Andrade, pidió audiencia con el rector Javier Barros Sierra y hasta con el presidente del país, Gustavo Díaz Ordaz. ¡Nunca me dijeron que ya estaba vendido!, ¡no soy un costal de papas! y no me darán ni un centavo por la transferencia, era el alegato del indignando atacante.

En su travesía logró que el Presidente enviara una iniciativa de ley al Congreso para que los futbolistas obtuvieran un porcentaje de las transferencias. Borja, en su nueva casa, recibió trato de rey y un sueldo importante. Además de la rivalidad que nació entre Pumas y Águilas, ese caso resultó el parteaguas que disparó los sueldos de los futbolistas para las siguientes cinco décadas… El auge parece asomarse a su fin.

Gerardo Martino, seleccionador tricolor, machaca en ese sentido. En abril pasado, en entrevista con Univisión, planteó: Es necesario que (a los jugadores) les paguen menos en México. Acá hay contratos o clubes que pagan cifras importantes. Citó al América, Monterrey y Tigres, y agregó que la comodidad y el salario conspiran para que al futbolista nacional no le apetezca ir a un equipo de media tabla de España o Italia.

No hacía falta decirlo, ya los dueños andan en eso. Urden fórmulas para reducir salarios y hoy vemos a las Chivas desprendiéndose de los últimos activos. Mientras el Jefe Boy promete convertir a la Chofis López en el mejor jugador del mundo, echan al capitán Jair Pereira, con la muda explicación de disculpe usted, pero gana demasiado. Nadie, con un poco de sentido común, espera nada del Rebaño; lo bueno que resulte será ganancia.

A los jugadores se les paga regularmente 11 o 10 meses al año, mientras los dueños sueñan reducir a nueve u ocho meses. Eso sí, en vacaciones deberán cumplir con la tarea de ejercicios y dietas para regresar en óptimo estado físico. Ya ni hablar de la zozobra por la posibilidad de aparecer en la lista de transferibles y tener que mudarse de ciudad con toda la familia, si es que hay algún equipo interesado.

Los propietarios se ríen de la Asociación de Futbolistas, que mandó su carta de Reyes Magos a Zúrich. Como gremio se autosabotean al estilo de JJ Macías o Jonathan Orozco, quienes piden no poner pretextos y competir contra los foráneos. ¿Acaso no vieron en la liguilla el favoritismo hacia Nicolás Castillo? El chileno –que junto con André-Pierre Gignac es uno de los mejor remunerados– estaba hecho una piedra, pero jugó porque tenía que jugar.

El desdeñado Tri tendrá esta semana ensayos frente a Venezuela y Ecuador; debe prepararse para afrontar la Copa Oro ante Canadá, Martinica y Cuba, rivales que desmotivaron a más de un jugador de los llamados europeos y a otros de la Liga Mx, como Javier Aquino. Hasta en el cuerpo técnico hay fugas: Dennis Te Klose se llevó a Juan Carlos Ortega, un tipo sabio que traslada su talento al Galaxy.

Uno de los que acudió a la cita tricolor no aguantó. Andrés Guardado cantó verdades e hizo reclamos: México es el único país donde se paga por no descender y no se apuesta por los jóvenes. Se pide al jugador dar el siguiente paso en los mundiales. Tú, como directivo, ¿cuándo vas a dar ese paso también para darlo todos juntos como futbol mexicano?… Por lo pronto, habrá que cercenar la cabeza de la Sub-20, porque alguien tiene que pagar el desastre de Polonia.

 

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