Toledo: la escuela que formó a muchos

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Ciudad de México. En 2015 Toledo dio a conocer su decisión de donar al pueblo de México la extraordinaria colección de obras de arte y libros que reunió a lo largo de su vida con pasión y dedicación, bajo la mirada sensible y aguda que definió todo su trabajo. Se creó entonces el acervo Toledo/Inbal, que incluye también los inmuebles donde se conservan las colecciones, en resguardo de la asociación civil Amigos del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) y del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB). Por su acto de generosidad, Toledo recibió a cambio un peso en efectivo: Me lo voy a gastar yo solito. No tengo que pagar impuestos por ese peso, señaló con su habitual ironía y agregó: Creo que si trabajo bien, podré ayudar a más gente. Como dicen: la lucha sigue. Y él siguió trabajando y ayudando hasta sus últimos días. Tras su partida hace un año, las tres instituciones hermanas que conformó décadas atrás –el IAGO, el CFMAB y el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa)– están trabajando más estrechamente que nunca, abocadas a consolidar todos los proyectos que el maestro dejó en el tintero. Aunque Toledo ya no está en presencia física en su amada Oaxaca, su espíritu permanece vivo en sus aportaciones.

Toledo y la fotografía: una pasión encendida

Fausto Nahum Pérez Sánchez, director del CFMAB, comenta en entrevista que la mayor preocupación del maestro era que este centro dedicado a la fotografía fuera siempre incluyente, un lugar vivo y abierto a la participación de la mayor cantidad de público posible. Por eso es importante que su programación alterne la exhibición de artistas de renombre internacional y también jóvenes desconocidos que están haciendo sus pininos. Este año se contó con exhibiciones de Xavi Bou, Pablo López Luz, Alberto Ibáñez, Daniela Edburg, y una exhibición de homenaje a Toledo con sus retratos. En el confinamiento se ha hecho un enorme esfuerzo por lanzar talleres y charlas en línea, así como actividades que la gente puede realizar en casa.

La fotografía fue la primera pasión de Toledo, quien de joven quiso ser artista de la lente, interés que permaneció latente a lo largo de todo su quehacer artístico con experimentaciones formales y técnicas altamente innovadoras. El próximo año se celebra el 25 aniversario de este centro, cuyo acervo se ha seguido incrementando y actualizando.

El IAGO: la punta de lanza

El inmueble en la calle de Macedonio Alcalá que alberga hoy el IAGO fue originalmente la casa donde vivió el maestro a su regreso a la ciudad de Oaxaca después de su periplo juchiteco. Si bien todas las demás instituciones que fundó contaron con su dedicación y pasión, el IAGO fue quizás su espacio preferido. Ahí se le veía leyendo el periódico tranquilamente en el exuberante patio trasero; ahí atendía a toda suerte de visitantes, desde miembros de lejanas comunidades indígenas hasta las personalidades internacionales del medio cultural. Y qué decir de los grupos de niños de las escuelas públicas que hacen visitas periódicas y se les organizan actividades. También a ellos les dedicaba tiempo y les regalaba unas palabras.

El actual director del IAGO, Hazam Jara, fue el diseñador gráfico del maestro durante 10 años y su cómplice en la elaboración de los impresos a los que en los últimos años dedicó gran parte de su tiempo y empeño. En pleno confinamiento se logró la publicación de la gaceta El Alacrán, con un tiraje de 3 mil ejemplares que se distribuyen gratuitamente a diferentes comunidades indígenas. Señala Hazam: “Sabemos que los niños están pegados a las pantallas, y al maestro le preocupaba este hecho y quería que regresaran al material impreso y fomentar el apego a actividades como recortar, escribir, colorear. Así nació la maquinucha, como llamaba el maestro a la máquina risográfica que instalamos en el IAGO para hacer las publicaciones a bajo costo en lenguas originarias. Nuestro material también pretende atender a las comunidades que no tienen acceso a Internet, a ese público un tanto relegado. Ahora mismo estamos cerrando la convocatoria a la IV Bienal de Cartel que el maestro inició en 2011 con el tema de Ayotzinapa; luego vinieron el maíz, la tolerancia y este año es sobre el agua, también propuesto por él”.

Apoyo que se extiende

El apoyo que brinda Amigos del IAGO y del CFMAB no se limita a las tres instituciones mencionadas: el Centro de Integración Social 03 de Guelatao de Juárez recibió una donación de libros y apoyo en la rehabilitación de la biblioteca; en el penal de Santa María Ixcotel se apoya el Taller de Gráfica Siqueiros, donde los reclusos inventaron una lotería llamada Canera, que se busca promover y comercializar; el crecimiento de los huertos comunitarios en cuanto espacio en el centro penitenciario de Tanivet; el seguimiento al proyecto Automodelo para las músicas de la tradición oral en Oaxaca.

Y la lista sigue: la exposición Toledo Ve en el Museo de Culturas Populares en la Ciudad de México y en Puebla; muestra de cerámica de Toledo en Los Ángeles, California; celebración del Día Nacional del Maíz con una serie de actividades; inauguración del telebachillerato en CaSa; se emite por tercera vez el Concurso de Fotografía de la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán; los concursos Dibujando a Esopo, Diseño de Mosaico y Set Fotográfico inspirado en la obra de Daniela Edburg, así como un sinfín de talleres y charlas que cada vez alcanzan más resonancia a escalas nacional e internacional.

Sara López Ellitsgaard, hija del maestro y su más cercana colaboradora en sus últimos años, presidenta de Amigos del IAGO y del CFMAB, nos comparte la siguiente reflexión: El maestro Toledo no era sólo una persona, fue una forma de pensar, una escuela que formó a muchas personas. Entre ellas estamos quienes hemos continuado trabajando en las instituciones y la asociación civil que él creó para dar seguimiento a los proyectos de los institutos que formó. Ha sido un año difícil, porque hemos encontrado más retos de los que creíamos posibles, pero gracias al trabajo en equipo y un público que siempre nos ha apoyado y ha mostrado interés en las actividades, continuamos trabajando en la misma línea que nos dejó mi padre. En lo personal, no puedo más que agradecer a las personas que trabajan día con día en los institutos, a nuestro público que apoya y nos retroalimenta para siempre aprender y mejorar, y a todas aquellas personas que siguen creyendo en el proyecto y que al igual que nosotros extrañan la inmensa presencia del maestro.

Y es que el maestro dejó una organización que funciona con la precisión del relojero. Hay talento, compromiso, pasión, dedicación y empeño en todos los integrantes de la gran familia de colaboradores que formó. Me lo imagino dando de brincos como un grillo celestial, feliz de ver que su vida dedicada a la filantropía sigue dando frutos y seguirá. Francisco Toledo es un ejemplo a seguir en este país tan necesitado de fomento y apoyo a la cultura. ¡Gracias, maestro!

 

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