El porvenir inmediato será menos agradable: Ida Vitale

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Ciudad de México. “Creo mucho en el alivio que significa el trabajo solito de la noche. Cuando uno se acuesta con una idea en la cabeza de pronto hay una parte nuestra que se encarga de trabajarla por nosotros. Por la mañana uno se encuentra con la gana de escribir aquello, terminarlo o de alguna manera corresponder a esa inquietud. Uno busca su propia fórmula”, expresó la poeta uruguaya Ida Vitale (Montevideo, 1923), a una pregunta del auditorio sobre su proceso creativo, como parte del conversatorio sostenido con Jesús Cañete Ochoa, en el marco del Hay Festival Querétaro Digital.

Para Vitale su proceso creativo depende de la obra: “Puede ser un poema que de alguna manera responda a una inquietud no sólo mía del momento y puede implicar un proceso más lento quizá, acomodarme yo al tema o el tema a mí”.

En la plática de una hora la también ensayista y crítica literaria abordó, desde Montevideo, muchos temas planteados por el director del Festival de la Palabra de la Universidad de Alcalá, desde Madrid. Por ejemplo, ¿cómo imaginas el porvenir?, quiso saber Cañete Ochoa, a lo que Vitale respondió que el porvenir inmediato será “menos agradable”. “No sé si las personas van a lamentar estar fuera de circulación o van a sentir muy felices de estar aisladas”. Hay muchas situaciones “incómodas”, entonces, “no pienso en el futuro, prefiero mirar al pasado en que no todo estuvo tan horrible y tuvo muchas cosas buenas”.

Las reflexiones de Vitale la remitieron a su estancia de 11 años en México, de 1964 a 1974, en calidad de exiliada, y sus buenos recuerdos de Octavio Paz y sus revistas. ¿Qué se hace con los recuerdos, son una buena compañía?, quiso saber su interlocutor. “A veces hay que escribirlos, pero en otras ocasiones hay que tener cuidado de no hacerlo”, contestó sin tapujos la Premio Cervantes 2018. Sin embargo, de tener que elegir una casa para efectuar el actual confinamiento debido a la pandemia por el Covid-19, la poeta escogería la que tuvo en México, a la que ella y su esposo Enrique Fierro le pusieron Shakespeare Palace, también título de su libro de memorias de esa estancia.

Vitale se matriculó en la carrera de derecho, que dejó en el tercer año al no agradarle el “ambiente”, ni los intereses de sus compañeros, “futuros abogados”. Le fascinaron, no obstante, los códigos jurídicos: “Si uno se aparta del ajuste debido en un poema, por lo general el lector no lo recrimina. Sin embargo, en un código si hay una palabra de más, seguramente habrá una interpretación de más. La precisión absoluta rige. Hay que usar las palabras correctas y no perderse en circunloquios”.

 En cuanto a la condición femenina en la escritura, dijo que en general no hace literatura feminista: “Trato de no hacer más subdivisiones en un mundo que ya está tan subdividido. La sociedad al natural establece diferencias. El hombre tiene más posibilidades de actuación, de llegar a ser, por lo pronto se dedica más a la política que la mujer. El feminismo llegó a la sociedad por evolución”.

 Vitale dio lectura a varios poemas suyos como Accidentes nocturnos y Sumas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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