Nominan a Yael Martínez para formar parte de Magnum Photos

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Ciudad de México. Gracias a “toda la labor” hecha en el Centro de las Artes San Agustín (CaSa) y el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB), instituciones fundadas por Francisco Toledo (1940-2019), el guerrerense Yael Martínez (Taxco, 1984) pudo desarrollarse como fotógrafo al grado de ser nominado para pertenecer a la agencia Magnum Photos. Ganó el segundo lugar en la categoría de proyectos a largo plazo del concurso World Press Photo 2019.

Martínez siempre ha estado cercano a dichas instituciones y fue profesor del Programa de Fotografía Documental, que se hizo por primera vez en 2019 en CaSa, y se espera retomar en cuanto termina la pandemia por el Covid-19, con fotógrafos de Magnum.

En una charla virtual organizada por el CFMAB y la asociación civil Amigos del IAGO y del CFMAB, Martínez dijo haber confirmado, al llegar a Oaxaca en 2010, que mediante el arte se puede generar “un cambio social profundo”, al ver el trabajo realizado por Toledo, que ha sido uno de sus grandes inspiraciones.

Martínez trabajaba en blanco y negro, sin embargo al conocer la obra de Toledo “cambié hacia el color. Me encantaba la paleta que usaba. Hice ese cambio de vincular la realidad a través del color”. Hace 10 años tuvo la oportunidad de ingresar a un programa de fotografía contemporánea que realizaba CaSa, que transformó su manera de entender esta disciplina, en el sentido de “empezar a realizar proyectos personales y tratar de vincular estas experiencias con las problemáticas sociales que afectan a mi comunidad”.

Reconocido con la beca W. Eugene Smith (2019), Martínez proviene de una familia de artesanos y siempre tuvo curiosidad por la pintura. Al salir de la preparatoria quiso ingresar a una universidad en Morelos para estudiar artes visuales, sin embargo fue rechazado. Empezó a trabajar como asistente de una fotógrafo de arquitectura.

En 2008 realizó su primer proyecto fotográfico “muy clásico” sobre músicos populares de la región norte y Tierra Caliente de Guerrero. Ya en Oaxaca quiso hacer un proyecto en torno a su familia. En ese momento estaba enferma su abuela y acababa de nacer su hija. Al estar allá se enteró de la desaparición de varios miembros de su familia. Había pedido una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes para realizar un proyecto sobre orfebres en Taxco, sin embargo lo dejó para registrar la vida cotidiana de su familia.

A la fotógrafa Joan Liftin, su tutora en el CFMAB, le encantó el proyecto y le propuso para una beca Emergency Fund de la Fundación Magnum (2016), para darle continuación. Después del problema con sus cuñados, en 2014 empezaron a generarse grupos de familias que tenían desaparecidos y hacían búsquedas en distintos puntos del estado.

A raíz de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, “empieza a pasar esto en diferentes partes de México, conozco a algunas de estas personas y comienzo a entender que era una problemática social mucho más fuerte, no un caso aislado dentro de mi núcleo familiar”. El proyecto, La casa que sangra, pretende “mapear estas geografías que han palidecido por el azote con el crimen organizado”.

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