El Liceo de Barcelona retoma su actividad con un concierto para más de 2 mil plantas

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Madrid. Después del confinamiento provocado por una pandemia que está haciendo estragos en medio planeta, cuya cólera ha provocado tanto llanto y destrucción, el mundo tendrá que cambiar. Al menos así lo entendieron en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, donde han alimentado la esperanza con sonido, con música, pero también con una sugerente instalación artística en la que las espectadoras de un concierto de un cuarteto de cuerdas son 2 mil 292 plantas. La naturaleza y su verdor vital y fresco se compenetra con el arte sonoro para evocar un futuro nuevo, quizá más amable y respetuoso con las flores, el campo, los manantiales y la vida.

En el escenario del mítico teatro barcelonés se colocaron las cuatro sillas con sus respectivos instrumentos para dar vida al Concierto por el bioceno, en el que se interpretó una única pieza, el Crisantemi, de Giacomo Puccini, y ante un público sugerente e inédito: plantas colocadas en butaca del teatro.

Es una forma de anunciar también que el Liceo vuelve, o al menos intenta recuperar sus actividades de antes del confinamiento por la pandemia, en la que la música se escuchó en los balcones de las casas, pero en ningún caso en los recintos cerrados ante el temor de propagar aún más los contagios. 

El valor del arte

La reflexión del confinamiento y la vitalísima importancia que tuvo la música en esos largos espacios de soledad o de enclaustramiento llevó a los responsables del teatro barcelonés a pensar en una propuesta artística en la que, además de las cuestiones estrictamente musicales, también se abriera una reflexión sobre el drama colectivo que se está viviendo en el planeta. Y eligieron al artista Eugenio Ampudia para que creara una acción artística, que consistió en el concierto del cuarteto de cuerdas tocada para un público de plantas.

Tras un tiempo doloroso y extraño, el creador, la dirección artística del Liceo y la comisaria Blanca de la Torre, proponen una mirada distinta para la vuelta a la actividad, una mirada que nos acerque a algo tan esencial como nuestra relación con la naturaleza, explicaron los responsables del teatro, que además anunciaron que las plantas que fungieron como espectadores del concierto serán regaladas a igual número de trabajadores sanitarios que han luchado en primera línea contra la pandemia.

De ahí surgió esa acción que tiene enorme carga simbólica en una imagen poética que pretende llamar la atención sobre la degradación del planeta, sobre la vocación de destrucción del ser humano, de la urgente necesidad de aprender de lo vivido estos meses y escuchar de nuevo a esa naturaleza agredida durante tantos siglos. Pero también se reivindica el valor del arte, de la música, para superar trances tan severos y dramáticos como el que se está viviendo en el mundo.

Por eso, mientras interpretaban los músicos del UceLi Quartet, se mezclaban las notas musicales con la frondosidad de las plantas, contrastaba con grandilocuencia el rojo de la alfombra del escenario con ese verde intenso que salía de las butacas. La idea era que la vegetación podía colonizar como la mala hierba el teatro, para hacerlo una cosa viva, incluso sin público humano.

El espectáculo sólo tuvo ocho minutos de duración y participaron, además de las más 2 mil plantas, los músicos del cuarteto: Yana Tsanova y Oleg Shport (violines), Claire Bobij (viola) y Guillaume Terrail (violonchelo), quienes, antes de iniciar la pieza, hicieron un saludo respetuoso al auditorio, que el público, las plantas, respondieron con un aleteo de hojas que se asemejaban al sonido de un aplauso vegetal.

Ampudia explicó que busca hacer muchas preguntas sobre el traje absurdo que lleva la condición humana durante este confinamiento: un público privado de la posibilidad de ser público. Además, en un momento en el que una parte importante de la humanidad se ha confinado en espacios acotados y se ha visto forzada a renunciar a la movilidad, la naturaleza ha avanzado para ocupar los espacios que le hemos arrebatado. Buscamos ampliar el concepto de empatía a otras especies. Pensar en nuestra relación con la naturaleza.

 

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