Quejarnos en casa es menospreciar a quienes sufren: Almudena Grandes

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Viernes 27 de marzo de 2020. El llamado de la escritora española Almudena Grandes (Madrid, 1960) es sencillo y esperanzador: ‘‘quiero animaros de verdad a quedarse en casa, leer mucho, no desesperar y pensar que más pronto de lo que creemos, ojalá que sí, nos vamos a poder encontrar en las librerías, las ferias, las plazas y las calles”.

La autora de Las edades de Lulú tuvo ayer un encuentro virtual con sus lectores en la cuenta de Instagram de la editorial Planeta (@planetadelibros) y de Tusquets (@tusquetseditores) y habló de la situación que se vive en este momento en el mundo, su proceso de escritura, lo que lee, las lecturas que recomienda, y de su nueva novela, La madre de Frankenstein, que es el quinto libro de la serie Episodios de una guerra interminable, que se inició con Inés y la alegría.

No pasamos hambre, sólo es el confinamiento

El editor Juan Cerezo fue el encargado de plantear a la autora las preguntas de los lectores, entre ellas, si existe alguna similitud entre sus novelas y la emergencia sanitaria, el permanecer en casa aislados para evitar la dispersión del virus.

Almudena Grandes respondió: ‘‘Creo que no” y recordó un texto que circula en redes que dice: A nuestros abuelos les pidieron que fueran a la guerra, a nosotros nos piden que nos quedemos en casa.

‘‘Tenemos que contextualizar muy bien lo que estamos pasando: es una situación donde no estamos pasando hambre, es cierto que hay gente sufriendo, que ha perdido a sus familiares, pero la mayoría está confinada y no puede salir a la calle, pero no hay bombardeos: hay un virus.

‘‘No debemos quejarnos demasiado; hay gente que está sufriendo de verdad, y parece que quejar-nos de estar en casa es menospreciar el sufrimiento de esas personas. Lo que estamos pasando, haciendo presentaciones por Internet, no tiene nada que ver con las de mis novelas. Somos unos privilegiados.”

Leer esas obras que compramos hace años

En estos días Almudena Grandes se ha dedicado a leer los libros que tenía pendientes y ese es su consejo para la cuarentena. ‘‘Es complicado hacer recomendaciones de libros porque las librerías están cerradas, a lo mejor es frustrante porque no se pueden encontrar y hay mucha gente que no le gusta leer en digital.

‘‘Creo que lo mejor que podemos hacer es leer esos libros que compramos probablemente hace años, o esos clásicos y que no los leemos porque no tenemos tiempo. Si no es posible ir a las librerías conviene expurgar los libreros.”

Acerca de La madre de Frankenstein, novela basada en un caso real, la autora habló desde la música que escuchaba mientras la escribía, y que está presente en el libro, del personaje principal, Aurora, ‘‘a quien soy incapaz de odiar. Comprendo además que es una mujer odiosa en la medida en que su crimen es un crimen odioso: matar a tu propia hija, no le quito responsabilidad a su crimen, pero para mí siempre ha sido una paranoica e inteligentísima”.

La decisión de no narrar la parte del juicio por el asesinato de su hija: ‘‘En esta serie quiero contar 25 años de la dictadura; voy por la mitad de los 50 y quería contar el mundo de los años 50. Aurora como una enferma mental arrumbada en una habitación y que se dedica a tocar todo el día. Si hubiera contado el crimen o el juicio, me habría desviado de mi objetivo: contar esa década desde un manicomio”.

A la pregunta de cuál considera su mejor novela, Grandes respondió que siempre es la última; y de sus manías para escribir: ‘‘soy muy supersticiosa para el trabajo, mis manías son más sencillas: jamás escribo el título del libro hasta que lo termino ni las dedicatorias ni las citas, porque hasta que un libro no está acabado no existe. Manías físicas no, aunque siempre escribo por la mañana. Soy más lista por las mañanas que por las tardes”.

Y a la pregunta de si una novela debe tener algo de poesía, respondió: ‘‘Creo que un buen texto, puede ser una novela, artículo o columna, siempre necesita algo de poesía, porque ésta es ritmo, emoción, canción. Hay novelas que se leen de un tirón porque tienen un andamiaje, un ritmo y una música, pero también la poesía –a estas alturas de la historia– tiene que contar historias. Ya no se concibe la poesía como experiencia estética dentro de una urna. Hoy todo es emoción y ese es el territorio de la literatura”.

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