La palabra ancestral habló de colapso a causa del "dios" dinero

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Entre poesía, música, canto y danza concluyó la noche de ayer miércoles el Congreso Internacional de Lenguas en Riesgo, en el Complejo Cultural Los Pinos,  organizado por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI).

El programa artístico de clausura tuvo como actividad sobresaliente un recital de poesía en lenguas indígenas del mundo, con la participación de Wildernain Villegas y Nadia López, de México; María Clara Sharupi Jua, de Ecuador; Xhevdet Bajraj, de Kosovo; Kously Lamko, de Chad; y Winston Farrell, de Barbados.

Todos ellos interactuaron en la parte sonora con el grupo Tribu, cuyo quehacer se distingue por utilizar instrumentos de origen prehispánico, además de músicos y danzantes tradicionales del pueblo úza’(chichimeca jonaz).

Fue una velada en la que la palabra ancestral habló de la importancia de la madre tierra y los seres que la habitan, de la sabiduría de los ancianos, de épocas inmemoriales, de héroes míticos y de cómo el mundo moderno colapsa a causa de “ese nuevo dios” que es el dinero.

Hubo espacio asimismo para la reivindicación femenina, en la persona de la oaxaqueña Nadia López, quien alzó su voz en mixteco y español para confrontar a su padre, porque éste dice que “las mujeres no soñamos/ que aprenda de tortillas y café/ que aprenda a guardar silencio./ Dice que ninguna mujer escribe”.

Cantos guturales y danzas rituales, acompañados por el hipnótico ritmo de huehuetls, ocarinas de barro y caracoles marinos, hicieron del momento un espacio sagrado, para lamentar que las montañas ahora están solas, lo mismo que el desierto, que ya no hay águilas ni venados sagrados, que todo hoy es triste y quedan pocos pueblos originarios.

“¿Qué hacemos?, ya todo se compra, ya todo se vende, la tierra es triste, el sol es triste, el nuevo dios es el dinero, pero hoy decimos que vamos a resistir”, exclamaron los 12  bailarines-músicos del pueblol úzua’, provenientes de Guanajuato, ataviados con taparrabos, tocados de plumas o de pieles de animales salvajes en la cabeza y rostros pintados.

Un pasaje por demás llamativo de la velada fue cuando esos hombres semidesnudos y de largas cabelleras escenificaron una serie de impactantes coreografías en las que representaban combates cuerpo a cuerpo  con armas de origen  precortesiano, como lanzas con puntas de piedra y hachas elaboradas con el mismo material, además de diversos tipos de  macuahuitl, una especie de espada de madera con filos de obsidiana a cada lado.

Este policrómico mosaico de poesía en varias lenguas, danzas y música ancestral y contemporánea concluyó tras casi hora y media con una festiva verbena sobre el escenario en la que todos los participantes bailaron, cantaron y sonrieron. Un auténtico carnaval en el mero día del comienzo de la cuaresma.

El programa continuó durante casi dos horas más con la actuación del Trío Santuario Huasteco, de San Luis Potosí, representante de la cultura tenek; el rock en lengua tsotsil del grupo Sak Tzevul, de Zinacantán, Chiapas; y la Banda la Guadalupe de Huatla, con música tradicional náhuatl del estado de Hidalgo.

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