En medio de paradigmas rotos, tenemos el arte: Luisa Valenzuela

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Guadalajara, Jal. La escritora argentina Luisa Valenzuela inauguró este domingo el Salón Literario Carlos Fuentes de la 33 Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara con un discurso en el que afirmó que el mundo vive un fascinante y aterrador cambio de paradigma, y para evitar estancarnos e impulsarnos adelante tenemos la literatura y el arte.

Advirtió: “no estamos peleando contra molinos de viento, sino contra verdaderos gigantes internacionales, omnipotentes, que hacen hasta lo imposible por llevarnos a la ruina, porque eso significa la fortuna de ellos.

Salgamos entonces a una lucha no sanguinaria con lo que aquí tenemos a la mano: el poder de la lectura que nos enseña a enfrentarnos al poder.

Valenzuela opinó que en estos momentos en el sur de América se encuentra abierta una herida dolorosa, “pero no voy a entrar en aciagos temas políticos de represión y actitudes dictatoriales. Aquí y ahora elijo centrarme en aquello que cauteriza las heridas de mi sur y abre nuevos horizontes. Porque el cambio de paradigma es real. Estamos en otra era que, con toda su convulsión, nos trae vientos de esperanza.

“Cuanta razón tenía Julia Kristeva tres décadas atrás cuando afirmó que el siglo XXI sería femenino o no sería. La quinta, la sexta o la que sea, ola del feminismo arrasa hoy como tsunami. Las mujeres, en masa, salen a reclamar sus derechos de forma pacífica, pero contundente, al punto que el cuestionado presidente de Chile las considera un peligro y los carabineros las reprimen con sangre.

Imparable es la fuerza que van cobrando las mujeres junto con la aceptación de las diversidades. Alentemos la irreverencia y transgresión, la literatura nos lo ha enseñado siempre.

La literatura, reiteró, “es un medio para acercarnos a una comprensión de aquello que de otra manera arrasaría con el ser humano.

Detenerse a leer, sumergirse en un libro no significa perder la marcha. Leer no es apearse del tren en plena carrera, es tratar de avanzar por otros rieles, crear carriles nuevos, dijo una de las autoras más queridas por el público que asiste este encuentro literario.

El libro impreso como tabla de salvación

Valenzuela se presentó ante sus lectores con un pañuelo verde atado en la muñeca izquierda y afirmó que “con la posmodernidad en pleno ejercicio, con la proliferación de la posverdad y las falsas noticias, llegó un presente que pretendió eternizarse, el llamado fin de la historia, el aquí y ahora de la gratificación inmediata, sin empatía ni solidaridad alguna, ‘clic, me gusta’.

“Desatentos a la realidad, replicamos por la inconmensurabilidad del ciberespacio aquello que nos resulta cómodo, vagamente gratificante, tranquilizador, sin medir las consecuencias.

Las noticias falsas llegan a nuestras pantallas con una terminología que apela directamente a nuestros más profundos sentimientos, cortesía de Cambridge Analytica, como es sabido, que robando nuestra información en las redes se valía de complejos algoritmos para descifrar nuestra personalidad; es la denominada guerra de cuarta generación.

Es por ello, continuó, que “la felicidad del libro, de la lectura, sea el hallazgo del propio camino. Recurrimos al libro impreso como a una tabla de salvación, no como una tablet”, bromeó, “pues no hay nada más propio y privado en materia de letras que el viejo y querido libro. Lo marcamos, lo olfateamos, lo subrayamos y nadie, a menos que lo prestemos o nos lo roben, se entera de nuestras preferencias.

En los libros nos esperan las utopías, los sueños concretados y los que vendrán, aquellos que descubrimos, que sabíamos aún sin saberlo, hasta ciertas respuestas absolutamente individuales. Una novela, una serie de cuentos, nos abre a los mundos más diversos permitiéndonos olvidar obcecadas certidumbres, las falsas seguridades fundamentalistas y de los amantes del autoritarismo.

Acceder a la FIL equivale a tener al alcance el libro de arena de Borges, imposible e infinito, consideró la autora, quien añadió que en la bella Guadalajara el concepto no resulta pesadillezco como en el cuento de Borges, porque el infinito sólo queda eternamente postergado si tenemos la dicha de que se sigan imprimiendo más y más libros a lo largo de los siglos.

La escritora Silvia Lemus entregó a Luisa Valenzuela la medalla del Salón Literario Carlos Fuentes luego de inaugurar ese espacio que es en la FIL el máximo foro de encuentro entre lectores y autores.

 

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