Carlos Jurado: pintor y especialista con la cámara estenopeica

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Ciudad de México. Carlos Jurado tiene una de las vidas más bellas que conozco, afirmaba el escritor Eraclio Zepeda, amigo entrañable del pintor y fotógrafo que falleció la tarde de este sábado 30 de noviembre en la ciudad de México. Carlos, "un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno", como quería Machado, nació en esta ciudad el año de 1927; en los cuarentas estudio en La Esmeralda, donde fue discípulo de María Izquierdo.

Regresó a San Cristóbal en 1951, para realizar una tarea educativa en el Instituto Nacional Indigenista, junto a Rosario Castellanos y Carlos Antonio Castro. Fue docente en la Universidad Veracruzana, donde fundó (primera vez en México) la licenciatura en fotografía.

Es autor del libro El arte de la aprehensión de las imágenes y el unicornio, en el que desarrolla su concepción del instrumento que manejó como nadie; la cámara estenopeica. Espíritu de artista, al fin y al cabo, siempre estuvo de acuerdo con lo nuevo y siempre defendió su libertad."Jamás en la historia de la humanidad se había hecho tantas fotos -dijo en una entrevista de Cynthia Pérez, publicada en la revista Cuartoscuro a propósito de la técnica digital-. Yo estoy a favor de ello, uno no puede detener el tiempo".

Su salario de docente, también decía, le había permitido realizar su trabajo con libertad absoluta. "A mí que no me cuenten cuentos. Yo he visto pintores y fotógrafos que están sujetos a los dictámentes del mercado, hay mucha competencia y canibalismo".

Tuve la suerte de conocerlo, justo con Eraclio Zepeda, en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez en los años ochenta del siglo pasado. Por entonces yo leía con entusiasmo al poeta salvadoreño Roque Dalton, de quien ambos habían sido compañeros, amigos fraternales en los primeros años de la Revolución cubana.

Le pedí a Carlos que me platicara del poeta, y fue cuando escuché al gran conversador, sencillo, alegre y dueño de la sabiduría de lo vivido. Años después regresó a San Cristóbal para pintar los murales que permanecen en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Chiapas.

En otras estancias en su pueblo natal expuso sus trabajos -siempre originales- de fotografía; una serie de retratos tomados con la estenopeica y una serie de imágenes captadas con la primera kodak que se inventó.

Mencionaba su encuentro en La Habana con su esposa Chichay, como lo mejor que le había sucedido en la vida, un amor perdurable como debe ser todo lo bueno, todo lo bello, toda semilla de libertad que se ha sembrado en esta tierra.

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