Mayra Martell retrata en Juárez el dolor por feminicidios y secuestros

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Viernes 29 de noviembre de 2019. Se puede sentir tanta tristeza que empiezas a deshabitar el cuerpo. Eso lo sabe y afirma la fotógrafa Mayra Martell, quien desde 2005 documenta los casos de mujeres desaparecidas en su natal Ciudad Juárez, Chihuahua, hasta que ella también fue víctima de uno de los agresores y tuvo que huir.

El acto de extrañar fue el título de la conferencia con la que compartió su experiencia y su trabajo de 14 años en el Centro de la Imagen, como parte del festival Fotoméxico, en esta edición dedicado a las mujeres.

Muñecas, fotografías, las camas tendidas a la espera, los recuerdos de la fiesta de 15 años, prendas, las habitaciones vacías y cartas son algunos de los objetos que fotografió durante sus encuentros con familiares de las víctimas, buscadas con carteles pegados en las calles. Fueron más de 15 casos a los que les pudo poner nombre y edad, saber qué soñaban y tantas veces llorar junto a sus madres.

El otro, una extensión

Lo que no entendió todo México, en Ciudad Juárez, principalmente, es que si le pasa al de enfrente te va a pasar a ti; preocúpate. Es generar una conciencia del otro y eso nos va ayudar a sobrevivir, explica sobre su labor. El amor, la conexión con las personas y entender que el otro es una extensión tuya es lo que puede salvar, afirma.

No me mates, no me mates, imploraba, es la cabeza periodística de un asesinato; el cuerpo semidesnudo boca abajo, así aparece en la portada de un periódico de nota roja uno de los casos que retomó Martell. Su abuela reconoció a la víctima por los huaraches que le había regalado; su nieta tenía 14 años. Fue el vecino –tantas veces ocurría– quien la secuestró y asesinó.

Durante estas casi dos décadas ha realizado trabajo documental sobre la desaparición forzada con testimonios de las familias, la ciudad, entrevistas con los presuntos asesinos y reportes oficiales.

Comenzó como una forma de fotografiar el centro de Ciudad de Juárez, todo lo que una vez estuvo ya no existe, comentó durante la conferencia, donde mostró una por una más de 150 imágenes recolectadas durante este proceso, que ha quedado en fotografías, videos, libros y diarios de vida.

De testigo a víctima

Cuando hacía esas fotos de la urbe fronteriza en 2005 notó los numerosos carteles de búsqueda pegados por la ciudad. Comenzó a conversar con las madres, también a hacer un álbum con las cosas que a ellas les gustaría decir a sus niñas, cuánto las extrañan. El dolor y la culpa llenaban esas hojas. Hasta que a Mayra le tocó huir de ser víctima de una agresión, del propio dolor y depresión.

En los momentos de exilio se enteró en la televisión del asesinato de Marisela Escobedo (quien exigía justicia por el feminicidio de su hija Rubí); también, de los asesinatos de otras madres que indagaban el paradero de sus hijas, otras asiladas en centros contra las adicciones, perdidas por el alcohol y las pastillas.

Una de sus series fotográficas está dedicada al hotel Verde, en el centro de Ciudad Juárez, donde se descubrió que muchas de esas jovencitas que incluyó en sus investigaciones habían sido secuestradas y obligadas a prostituirse, luego asesinadas en un arroyo a las afueras de la ciudad, donde las osamentas fueron descubiertas como vestigios del horror.

Martell ha regresado a su ciudad algunas veces. Estuvo en los juicios. Observó la sonrisa cínica de su atacante, acusado de asesinato. Volvió a fotografiar la ciudad fantasma en que se convirtió Ciudad Juárez y las nuevas construcciones. Un oasis de horror en un desierto de tedio, cita al poeta Baudelaire en uno de sus videos.

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